CAPÍTULO XXXV (GRAN FINAL) (Corregido y pulido con IA)
La noche anterior dejó a Amanda sumida en un abismo. Encerrada en su cuarto, el silencio de la casa era un eco de su propia conciencia. Mónica, la hija que había dado en adopción para salvar las apariencias, era ahora la pareja de Enrique Cisneros, el hombre que la había abandonado a su suerte. Era el castigo irónico del destino por años de mentiras y telarañas de intriga que habían alcanzado incluso al Padre Miguel.
+++
A la mañana siguiente, Julia despertó con la resaca de la borrachera y el horror de la noticia. Flor, que había pasado la noche en el sofá, fue directa:
—¿No recuerdas nada, hermanita? Ayer viniste destruida. Encaraste a mamá y le hiciste revelar el secreto: Mónica no es nuestra prima, es nuestra hermana. Hija de mamá y del Padre Miguel.
Julia se desplomó, atónita.
—¡No puede ser! ¿Su propia hija con el hombre que nos abandonó? Esto es una pesadilla, Flor. Tenemos que ayudarla.
Ante la negativa de Amanda de salir de su habitación, Julia tomó una decisión desesperada: llamar a María Modugno, la persona que, a pesar de todo, lograba suavizar el carácter de su madre.
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Poco después, la casa de las hermanas Cisneros recibía a una visita inesperada. María llegó acompañada no solo por su madre, Doña María, sino también por Don Roberto Modugno. Flor, nerviosa, les ofreció pasar.
—Gracias, Flor —dijo Doña María, observando con curiosidad el humilde hogar—. Vinimos porque nos preocupamos por la señora Amanda.
Mientras Julia servía gaseosas, intentando disimular su incomodidad, Don Roberto fue al grano:
—Julia, hace tiempo no vemos a Jerry. Pensé que seguían juntos.
—Terminamos, Don Roberto —respondió ella, cabizbaja—. Las cosas no funcionaron.
—¡Bah! Son solo peleas de enamorados —replicó él con optimismo—. Jerry nunca ha estado tan entusiasmado con nadie como contigo.
La tensión se rompió cuando Doña María, con la determinación de una mujer que sabe cómo tratar a otra, se levantó del sofá:
—Amanda necesita salir de ese cuarto. Flor, llévame con ella.
Tras la insistencia en la puerta, Amanda finalmente cedió. Al salir, su rostro mostraba el desgaste de una noche sin dormir, pero la presencia de Doña María pareció devolverle un atisbo de decoro.
Mientras la conversación en la sala intentaba normalizarse, en otro punto de la ciudad, Chochi vivía su propia transformación. Pancho, feliz por su nueva relación con Maritza, la chica chilena, se topó con su prima justo cuando Ramón Augusto llegaba en su taxi.
Mientras Julia servía gaseosas, intentando disimular su incomodidad, Don Roberto fue al grano:
—Julia, hace tiempo no vemos a Jerry. Pensé que seguían juntos.
—Terminamos, Don Roberto —respondió ella, cabizbaja—. Las cosas no funcionaron.
—¡Bah! Son solo peleas de enamorados —replicó él con optimismo—. Jerry nunca ha estado tan entusiasmado con nadie como contigo.
La tensión se rompió cuando Doña María, con la determinación de una mujer que sabe cómo tratar a otra, se levantó del sofá:
—Amanda necesita salir de ese cuarto. Flor, llévame con ella.
Tras la insistencia en la puerta, Amanda finalmente cedió. Al salir, su rostro mostraba el desgaste de una noche sin dormir, pero la presencia de Doña María pareció devolverle un atisbo de decoro.
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Mientras la conversación en la sala intentaba normalizarse, en otro punto de la ciudad, Chochi vivía su propia transformación. Pancho, feliz por su nueva relación con Maritza, la chica chilena, se topó con su prima justo cuando Ramón Augusto llegaba en su taxi.
—¡Ramón Augusto! —exclamó Chochi, sorprendida.
—¿Necesitas un taxi, Rosa Angélica? —preguntó él, bajando la guardia.
Chochi lo observó. La carta de su padre, Don Francisco, pidiendo perdón, le había dado la paz necesaria para soltar el pasado. Sin previo aviso, se acercó y le dio un beso apasionado.
—¿Y ese beso? —preguntó él, atónito.
—Simboliza que te perdono —respondió ella—. Y por favor, llámame Rosa Angélica. Ese apodo de "Marisol" ya no tiene sentido.
Pancho y Maritza, testigos del momento, sonrieron. La reconciliación era total.
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Mientras tanto, en la iglesia, el Padre Miguel vivía una mañana de emociones encontradas. Aurelio, el joven que había quedado prendado de "Amanda" (Julia) en la discoteca, llegó a visitarlo.
—Tío, conocí a una mujer maravillosa ayer. Se llama Amanda. Es lo más lindo que he visto en mi vida.
El Padre Miguel sintió un escalofrío:
—¿Amanda? ¿Qué edad tiene?
—No pasa de los veinte, tío. Es alegre y cariñosa.
Antes de que el sacerdote pudiera procesar la confusión (pues Aurelio hablaba de Julia, no de la madre), la puerta se abrió de nuevo. Eran Andreína y Sergio, radiantes.
—¡Tío, te presento a mi pololo, Sergio Altamirano! —exclamó Andreína, presentando a su hermano Aurelio al grupo.
El ambiente era de celebración, pero el momento se vio interrumpido cuando Julia, al ver el grupo reunido en la puerta, intentó retirarse, sintiendo que su mundo de mentiras estaba a punto de colapsar al cruzarse con Aurelio, el joven que la había visto en su peor momento.
Julia intentó retirarse al ver al Padre Miguel ocupado, pero Aurelio la reconoció de inmediato.
—¡Amanda! ¿Qué haces aquí?
La joven quedó paralizada. El Padre Miguel, al escuchar el nombre de la madre de Julia, la miró fijamente. El asombroso parecido le provocó un mareo súbito, obligando a Andreína y a Sergio a intervenir para que tomara asiento.
—¡Julia, no te vayas! —exclamó Sergio al verla intentar escapar de nuevo.
Aurelio, confundido al descubrir su verdadero nombre, la observaba con fascinación. El Padre Miguel, ya recuperado, le pidió a Julia que se quedara. Sin embargo, la incomodidad pudo más y, tras un intercambio breve y tenso, ella salió corriendo. El Padre Miguel, intuyendo la magnitud de lo que estaba por revelarse, pidió a sus sobrinos que cerraran la puerta para contarles, por fin, toda la verdad sobre su pasado y su relación con Amanda, Flor y Julia.
Mientras tanto, en una esquina cercana, el grupo de amigos vivía un ambiente de euforia. Pancho y Maritza, la chilena, celebraban la reconciliación entre Chochi (Rosa Angélica) y Ramón Augusto. Sergio, que se había unido a ellos, propuso celebrar la buena noticia.
—¡Hay que ir a una Pollada! —insistió Maritza.
Antes de que el sacerdote pudiera procesar la confusión (pues Aurelio hablaba de Julia, no de la madre), la puerta se abrió de nuevo. Eran Andreína y Sergio, radiantes.
—¡Tío, te presento a mi pololo, Sergio Altamirano! —exclamó Andreína, presentando a su hermano Aurelio al grupo.
El ambiente era de celebración, pero el momento se vio interrumpido cuando Julia, al ver el grupo reunido en la puerta, intentó retirarse, sintiendo que su mundo de mentiras estaba a punto de colapsar al cruzarse con Aurelio, el joven que la había visto en su peor momento.
Julia intentó retirarse al ver al Padre Miguel ocupado, pero Aurelio la reconoció de inmediato.
—¡Amanda! ¿Qué haces aquí?
La joven quedó paralizada. El Padre Miguel, al escuchar el nombre de la madre de Julia, la miró fijamente. El asombroso parecido le provocó un mareo súbito, obligando a Andreína y a Sergio a intervenir para que tomara asiento.
—¡Julia, no te vayas! —exclamó Sergio al verla intentar escapar de nuevo.
Aurelio, confundido al descubrir su verdadero nombre, la observaba con fascinación. El Padre Miguel, ya recuperado, le pidió a Julia que se quedara. Sin embargo, la incomodidad pudo más y, tras un intercambio breve y tenso, ella salió corriendo. El Padre Miguel, intuyendo la magnitud de lo que estaba por revelarse, pidió a sus sobrinos que cerraran la puerta para contarles, por fin, toda la verdad sobre su pasado y su relación con Amanda, Flor y Julia.
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Mientras tanto, en una esquina cercana, el grupo de amigos vivía un ambiente de euforia. Pancho y Maritza, la chilena, celebraban la reconciliación entre Chochi (Rosa Angélica) y Ramón Augusto. Sergio, que se había unido a ellos, propuso celebrar la buena noticia.
—¡Hay que ir a una Pollada! —insistió Maritza.
—¡No, Maritza, ese no es lugar para una dama! —exclamó Pancho, aunque finalmente terminó cediendo ante la insistencia de la joven chilena.
La reunión creció cuando Amanda y Doña María se unieron al grupo. Entre bromas y planes, la noticia de que el Jabancho y Urania eran pareja, y el flechazo instantáneo entre Simón (Coco Plano) y Mónica Yulitza, sellaron el destino romántico de los esquineros.
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—Pablo y yo terminamos —confesó Flor con tristeza—. Lo encontré coqueteando con otra.
—Estamos condenadas a la soledad, hermana —respondió Julia.
Pero el destino tenía otros planes.
—Estamos condenadas a la soledad, hermana —respondió Julia.
Pero el destino tenía otros planes.
La llegada de Amanda, acompañada de Don Lucho, trajo luz: ella pidió perdón a sus hijas, cerrando las heridas del pasado. El abrazo familiar fue, por fin, sincero y liberador.
La tensión alcanzó su punto máximo en el apartamento de Maribel. Don Roberto, el padre de Jerry, irrumpió en el lugar confrontando a Maribel, su antigua amante. Jerry, al enterarse de la verdad, rompió todo lazo con ella.
+++
Poco después, padre e hijo se reconciliaron; Don Roberto, arrepentido, le dio el empujón definitivo a Jerry:
—Vuelve con Julia. Ella es la mujer que te ama.
+++
Julia se encontraba en la tienda de Don Lucho con Flor, su mamá, Don Lucho, Doña María, María y Santiago (el enamorado de María, que había ido a buscar a su amada), celebrando el noviazgo entre Amanda y Don Lucho, cuando en ese momento...
Llegaron Aurelio con su hermana Andreina, Sergio y el Padre Miguel. Julia se quedó impresionada al ver a Aurelio...
—Julia, por favor, tenemos que hablar...
—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar, Aurelio... Yo no soy la mujer que conociste ese día...
—Lo sé. Sé que eres una muchacha maravillosa, y me alegra haberte conocido... Julia Cisneros.
Aurelio le dio la mano a Julia cuando, en ese momento, llegó Jerry y se quedó impresionado al verlos a los dos...
—¡Julia! ¿Qué significa esto? ¿Quién es este tipo?
—¡Jerry! ¡No es lo que estás pensando!
—Así es —intervino Aurelio—. ¡Yo solo hablaba con Julia y le decía lo maravillosa que es! Bueno, permiso...
—Julia... —dijo Jerry—. ¡Por favor, perdóname! Mi vida sin ti no tiene sentido, ¡quiero que volvamos a estar juntos!
—Jerry... yo... —dijo nerviosa—. Yo... también te quiero...
—¡Julia! ¡Mi amor! —exclamó contento, tocándole la mano.
—Pero... no puedo estar contigo... no por el momento...
Julia se apartó de Jerry.
—Pero... Julia, tú me has dicho que me quieres, y yo te digo que te quiero...
—Te quiero mucho, Jerry... Eres lo mejor que me ha pasado, pero no puedo volver contigo... Lo siento...
—Pero...
—No me pidas explicaciones —dijo Julia con voz entrecortada—. Yo creo que lo mejor es separarnos por un buen rato. Además, quiero terminar mi carrera en la universidad... ¡Quiero ser alguien en la vida y no depender nunca más de nadie! Lo siento, Jerry.
Jerry, confundido, dio media vuelta y se retiró. Su madre fue tras él para brindarle consuelo. Mientras, Amanda se acercó a su hija Julia.
—Julia, hija, ¿qué te sucede? ¿No era que lo querías?
—¡Sí, pero no puedo estar con él! ¡No puedo! —dijo llorando, abrazando a su madre.
Su madre acariciaba el cabello de su hija para consolarla.
+++
En ese momento, Flor escuchaba a alguien que cantaba...
"Vuelve junto a miiiiii.... te necesito como el sol a la mañana... "
Era Pablo, que apareció cantando, acompañado de mariachis y un gran ramo de rosas rojas. Santiago se alegró al ver a su hermano Pablo.
—¿Pablo? —dijo Flor, atónita—. Pe... pero, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Qué no estabas en México?
—Flor... —dijo Pablo, abrazándola—. Estos días me han servido para reconsiderar las cosas y darme cuenta de que a quien quiero es a ti. Te quiero, Flor, te quiero y quiero que volvamos a estar juntos. Mira, traje a mis padres; les hablé de ti y quieren conocerte.
—Hola, Flor —dijo el papá—. Pablo me ha hablado de ti y de todo lo que has hecho por él, y estamos muy contentos de conocerte.
—Desde que te conoció —dijo la mamá—, Pablo ha cambiado mucho y ahora está más pegado a nosotros. Es por eso que te agradecemos todo lo que has hecho por nuestro hijo.
Flor miraba a Pablo a los ojos... y, sin pensarlo, le dio un impulsivo beso en la boca... Ambos se amistaron. Todo el mundo se alegró.
—¡Esto hay que celebrarlo! —exclamó Don Lucho, abrazando a Amanda—. ¡Las cervezas corren por cuenta de la casa!
Y comenzó la fiesta... Todos se divirtieron sin parar, muy felices y contentos de la vida. La Banda de Pancho interpretó covers de reconocidas canciones.
Pancho interpretó "Mala Sangre", tema popularizado por el músico Pelo Madueño con su grupo La Liga del Sueño. Era la canción favorita del Padre Miguel.
"Nunca fui de este pueblo, jamás fui un cristiano, no..."
Después, Jabancho interpretó un rap.
"¡¡¡Pega... pega...!!! ¡¡¡Y...!!! ¡¡¡Pega... Pega!!!"
María se subió al escenario para cantar una pieza bailable llamada "Niña y Mujer", interpretada por Aracely Arámbula:
"Yo soy niña y mujer, ven otra vez / Te queda mucho por aprender".
Erik, un cantante de rock, apareció cantando una pieza a ritmo de música disco, "On the Boogie", acompañado en los coros por Fiorella y Claudia. Amanda, Doña María, Don Roberto y Don Lucho improvisaban pasos de baile, meneando los hombros y caderas al estilo "two-step": dando un paso con la pierna derecha hacia un lado y, después, con la pierna izquierda hacia el otro, un giro en círculo y también levantando arriba y abajo los brazos. Amanda no olvidaba sus pasos. La señora María tampoco olvidaba los pasos y las chicas se movían al compás de la pegajosa melodía.
"¡¡Let's get boogie, let's get boogie, baby, get your groovie!!!"
De pronto, los chicos del barrio, Pancho, Jabancho, Mariano, Piolín, Cholón, Patroclo, Simón y Ramón Augusto, se dirigieron al público...
—¡¡¡Queremos dedicarle esta canción a la reina del barrio, la más bella de todas, la más deseada! ¡Para ti, Flor María Cisneros Pérez... con mucho cariño para ti...!!!
Flor no podía contener su sorpresa y agradeció la dedicatoria. Y tocaron "La reina de los bares", original del grupo Mar de Copas:
"La reina de los bares y de los bares / la corredora de mil amores / reina de los bares".
Pero las otras chicas no podían ocultar sus celos. Al finalizar la canción, los chicos se acercaron a sus parejas y las besaron apasionadamente. Pablo besó a Flor.
Siguieron bailando con temas "retro" como "La Ladrona" de Diego Verdaguer, con otros más "modernos" como el "Tren Sexual" de Pedro Suárez-Vértiz, "Mayonesa" del grupo Chocolate (con coreografía incluida), hasta una versión disco de "Pescador de Hombres", rematando con "Amor Narcótico" de ChiChi Peralta, una versión salsa de "Qué voy a hacer sin ti" y, por supuesto, "Me emborracho por tu amor" del grupo Armonía 10.
La música de Armonía 10 retumbaba en las paredes de la tienda de Don Lucho, convirtiendo el local en una verdadera pista de baile. El calor humano y la cerveza helada creaban un ambiente de euforia, pero entre la multitud, había corazones latiendo a ritmos diferentes.
Flor, sudorosa pero radiante, bailaba "Me emborracho por tu amor" pegadita a Pablo. Él no le quitaba la vista de encima, como si tuviera miedo de que, si parpadeaba, ella desaparecería de nuevo hacia la selva. Los padres de Pablo observaban desde una mesa, sonriendo al ver el cambio radical en su hijo. Don Lucho, con una jarra de cerveza en la mano, se acercó a ellos.
—¡Ya ven, señores! —gritó Lucho sobre el volumen de la música—. ¡Ese muchacho lo que necesitaba era el aire de su barrio y el amor de una buena mujer como Florcita! ¡Salud por eso!
+++
Mientras tanto, en un rincón más tranquilo cerca del mostrador, Amanda mantenía a Julia abrazada. Aunque la música invadía todo, el silencio entre madre e hija era profundo. Julia había dejado de llorar, pero su mirada estaba fija en la nada, viendo a Jerry alejarse una y otra vez en su mente.
—Hija —susurró Amanda, acariciándole la espalda—, me parte el alma verte así. Tomaste una decisión muy madura, muy de mujer valiente, pero el corazón duele, ¿verdad?
Julia asintió levemente, ocultando su rostro en el hombro de su madre.
—Me duele mucho, mamá. Lo quiero, pero si vuelvo ahora, seré la misma Julia de antes. Necesito ser fuerte sola primero. Necesito esa carrera.
A unos metros, Aurelio observaba la escena. Andreina, su hermana, le tocó el brazo.
—Es guapa, ¿no? —dijo ella, siguiendo su mirada hacia Julia—. Y por lo que escuché, tiene carácter. Lástima que el otro tipo (Jerry) arruinó el momento.
—No arruinó nada, Andreina —respondió Aurelio seriamente—. Solo me demostró que Julia tiene un pasado complicado, pero que está decidida a tener un futuro brillante. Y eso... eso la hace aún más interesante.
El Padre Miguel, que había estado disfrutando de la música ("Mala Sangre" lo había dejado con una sonrisa nostálgica), se acercó a Doña María y Don Roberto, quienes descansaban después de su exhibición de baile disco.
—¡Qué energía, Doña María! —dijo el cura riendo—. ¡Ni en las kermesses de la parroquia he visto esos pasos!
—¡Ay, Padre! —respondió Doña María abanicándose con la mano—. Es que la felicidad rejuvenece. Ver a Lucho y Amanda, y ahora a Flor y Pablo... ¡Es un milagro de Dios!
Santiago y María, ajenos a los dramas familiares, bailaban cumbia como si el mundo se fuera a acabar mañana. Santiago le daba vueltas a María, quien reía a carcajadas, con su vestido de raso ondeando. Sergio, el amigo de Aurelio, los miraba con un poco de envidia, solo en una esquina, hasta que Andreina, animada por Aurelio, se acercó a él.
—¿Oye, rockero? ¿Solo sabes tocar la batería o también sabes mover los pies al ritmo de Armonía 10? —le desafió ella con una sonrisa pícara. Sergio, sorprendido, aceptó la mano que ella le tendía.
La noche avanzaba y la tienda de Don Lucho se convirtió en el epicentro de la felicidad del barrio. No importaban los problemas económicos, las dudas del futuro o los corazones rotos que necesitaban sanar; en ese momento, bajo las luces mortecinas de la tienda y al compás de la cumbia piurana, todos eran una sola familia celebrando la vida.
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MUCHO TIEMPO DESPUÉS...
El éxito alcanzó a cada uno.
El éxito alcanzó a cada uno.
Flor consolidó su carrera, se casó con Pablo y formó una hermosa familia.
Amanda encontró la paz al lado de Don Lucho. Ambos fueron muy felices y ella lo ayudó mucho en el negocio. Pero, todos los dias, ella va a misa para rezar por la felicidad de Monica y Enrique, siguiendo el consejo del Padre Miguel... de paciencia y resignación.
Fiorella contrajo matrimonio con Mariano, apenas él se graduó de Contador Auditor. Finalmente, él terminaba una carrera. Inicialmente, Mariano estudió unos semestres de Ingenieria pero, lo dejó, y estudió Contabilidad pero, no pudo terminarla. Fué el amor por Fiorella que hizo que terminara su carrera. Apenas se graduó, Mariano se casó con Fiorella y adoptaron al pequeño Eufemio.
Chochi triunfó como diseñadora mundial, reconciliada con su padre biológico, Don Francisco.
Pancho y Maritza llevaron su música más allá de las fronteras, y los amigos del barrio encontraron el amor en sus parejas chilenas.
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—¡Hijita! ¡Te felicito! ¡Te quiero mucho! —exclamó Amanda, con los ojos llenos de lágrimas.—¡Gracias, mamá!
—¡Felicitaciones, hermanita! —dijo Flor—. ¡Has dado un gran paso adelante!
—Gracias, hermana —respondió Julia con una sonrisa radiante.
—Bueno, ¡esto hay que celebrarlo como se debe! —dijo Don Lucho, frotándose las manos con entusiasmo.
—Claro que sí, amorcito —dijo Amanda, abrazando a Don Lucho—. ¿Nos vamos, hijita?
—¡Claro que sí! —respondió Julia.
Todos se subieron al auto de Don Lucho y partieron rumbo al chifa para continuar con la celebración.
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Ya en el restaurante chino...
—Bueno —dijo Amanda acomodándose en la mesa—, ¡no pidan demasiado! ¡No se puede abusar de la suerte!
—Ya, mamá —protestó cariñosamente Flor—. ¡Ya no somos unas guagüitas!
—¡Florcita! —intervino Don Lucho con una sonrisa paternal—. ¡Para una madre, sus hijas son siempre unas criaturas! ¡Tú deberías saberlo, que ya eres madre!—Tienes razón... —dijo Flor, bajando la mirada con ternura—. Perdóname, mamá.
—No te preocupes, hijita... —respondió Amanda acariciándole la mano.
—Con permiso —dijo Julia poniéndose de pie—, voy un rato al baño.
—Sigue nomás, Julia —le indicó Flor.
Julia se dirigía hacia los servicios higiénicos cuando, de pronto, tropezó con alguien...
—¡Ay, ups! ¡Oh, discúlpeme! —exclamó Julia, tambaleándose un poco.
Ella levantó la mirada y se quedó sin aliento al ver quién era...
—¿Jerry? Pe... pero, ¿qué estás haciendo aquí?
—Vine a cenar con mi primo Alonso; estamos celebrando la publicación de su libro. ¿Y tú? Supe que te graduaste...
—¿Cómo te enteraste?
—Mi primo me lo dijo... justo cuando tu hermana Flor lo entrevistó en la televisión. Bueno, te felicito de verdad. Has dado un gran paso adelante en la vida... Doctora Julia Cisneros.
—Gracias.
Los dos se quedaron mirando fijamente a los ojos, sumidos en un silencio profundo donde las palabras sobraban.
—Y... ¿cómo has estado? —preguntó Jerry con voz suave—. Sigues tan bella como siempre...
—Gracias —respondió ella, sonrojándose levemente—. Y tú, ¿qué ha sido de tu vida? ¿Te casaste?
—Bueno, ahora estoy a cargo de las empresas de mi padre y no he parado de trabajar ni un segundo, pero... no me he casado. ¿Y tú?
—Bueno... yo tampoco.
Jerry la miró con una chispa de picardía en los ojos y una sonrisa juguetona:
—Doctora Cisneros, tengo aquí un pequeño malestar en el labio que quisiera que usted revisara...
—¿A ver? ¿Dónde? —respondió Julia, acercándose con complicidad antes de juntar sus labios con los de él—. Yo creo que... tengo justo el remedio.
Y los dos se fundieron en un beso tierno y apasionado, sellando un reencuentro que prometía ser el inicio de una nueva historia. Y fueron felices para siempre.
—Gracias —respondió ella, sonrojándose levemente—. Y tú, ¿qué ha sido de tu vida? ¿Te casaste?
—Bueno, ahora estoy a cargo de las empresas de mi padre y no he parado de trabajar ni un segundo, pero... no me he casado. ¿Y tú?
—Bueno... yo tampoco.
Jerry la miró con una chispa de picardía en los ojos y una sonrisa juguetona:
—Doctora Cisneros, tengo aquí un pequeño malestar en el labio que quisiera que usted revisara...
—¿A ver? ¿Dónde? —respondió Julia, acercándose con complicidad antes de juntar sus labios con los de él—. Yo creo que... tengo justo el remedio.
Y los dos se fundieron en un beso tierno y apasionado, sellando un reencuentro que prometía ser el inicio de una nueva historia. Y fueron felices para siempre.
FIN.
















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