馃幀 CAP脥TULO III: Secretos a la Luz y Pasiones Desatadas
Cada d铆a que pasaba, Jerry se descubr铆a m谩s y m谩s enamorado de Julia. Ya no le importaba cruzar Lima de extremo a extremo en su lujoso Porsche solo para rondar las calles polvorientas del barrio con la esperanza de cruzarse con ella. Por su parte, Julia correspond铆a a ese sentimiento en silencio, refugi谩ndose en su cuarto para so帽ar despierta con el d铆a en que, venciendo todos los obst谩culos, pudiera casarse con 茅l.
—¡Julia! ¡Julia! —el grito destemplado de Amanda rompi贸 la paz de la casa—. ¡¿Por qu茅 no vienes r谩pido cuando te estoy llamando?!
—S铆, mam谩, aqu铆 estoy —respondi贸 la joven, bajando la cabeza.
—Anda corriendo a la tienda de Don Lucho a comprar lo que falta, que hoy voy a preparar carapulcra. ¡Aqu铆 est谩 la plata y cuidadito con demorarte en el camino!
Julia cogi贸 las monedas, cerr贸 la puerta y camin贸 a paso apurado. De pronto, el rugido de un motor conocido fren贸 a su costado. Al voltear, sus ojos brillaron de pura emoci贸n.
—¡Jerry! —exclam贸 con un suspiro.
—Hola, Julia. ¿A d贸nde vas con tanta prisa? —pregunt贸 茅l con una sonrisa perfecta.
—Voy a la bodega a comprar los ingredientes para el almuerzo.
—¡Qu茅 bien, te acompa帽o! Sube, no vayas a cargar peso.
Julia, emocionada, subi贸 al Porsche. A los pocos metros, apostadas en una esquina, dos de las chismosas oficiales del barrio, Choly y Chaly, se quedaron estupefactas al verlas pasar.
—¡Asu, mira, Chaly! ¡Qu茅 buena suerte se gasta la mosquita muerta de Julia!
—¡Qui茅n lo creyera! Con esa carita de santa y m铆rala c贸mo se levanta a semejante partidazo.
—Es que el pituco est谩 buenazo, churro y encima se pudre en billete. ¡Eso no se encuentra todos los d铆as! ¡Vamos corriendo a contarle a las dem谩s!
En el camino, las chismosas se tropezaron de frente con Amanda P茅rez, quien caminaba con su habitual gesto severo.
—¡Se帽ora Amanda! ¡Felicitaciones! —solt贸 Choly con hipocres铆a.
—¿Y a m铆 por qu茅 me van a felicitar?, par de ociosas.
—¿C贸mo que por qu茅? ¿No se alegra de que su hija Julia ya tenga un pretendiente con plata? —a帽adi贸 Chaly—. ¡Y maneja un carrazo del a帽o! Nosotras mismas la vimos con estos ojitos subirse al auto.
A Amanda se le desencaj贸 el rostro por la furia.
—¡¿Qu茅?! ¡Esa desgraciada me va a escuchar! Subirse al carro de un perfecto desconocido... ¡Se est谩 comportando peor que una cualquiera! ¿A d贸nde se fueron?
—Iban rumbo a la tienda de Don Lucho —delat贸 Chaly.
Amanda, enfurecida, march贸 a paso militar hacia la bodega. Mientras tanto, en el establecimiento, Jerry insist铆a en pagar la cuenta de los v铆veres a pesar de las protestas de Julia.
—¡Ya, Jerry! No te hubieras molestado, de verdad —dijo ella saliendo al mostrador.
—No es ninguna molestia, es lo menos que puedo hacer por ti —respondi贸 茅l, busc谩ndole la mirada.
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Justo cuando cruzaban una mirada cargada de romance, la puerta de la tienda se abri贸 de golpe. Era Amanda, con los ojos inyectados en rabia.
—¡A ti te quer铆a ver, desgraciada! —grit贸, tom谩ndola del brazo.
—¡Mam谩! Espera, quiero presentarte a...
—¡No me presentes a nadie, coqueta! ¡¿Usted cree que se va a andar subiendo al carro del primer aparecido que vea en la calle?! No sabe los peligros que hay, tanto degenerado suelto que busca hacer da帽o.
—¡Yo nunca le har铆a da帽o a su hija, se帽ora! —intervino Jerry con firmeza.
—¡C谩llese la boca! ¡A usted no le han ense帽ado a no interrumpir a los mayores, jovencito! A ver... ¿c贸mo dice que se llama?
—Me llamo Jerry Modugno, para servirle. Mucho gusto —digo 茅l, manteniendo la educaci贸n.
—¿Modugno? —repit贸 Amanda, frenando en seco.
—S铆, mam谩 —a帽adi贸 Julia r谩pidamente—. Su pap谩 es el empresario Roberto Modugno, uno de los hombres m谩s ricos del pa铆s.
Amanda guard贸 silencio por un instante, escaneando a Jerry de arriba abajo, calculando el valor de su ropa y su estirpe. El apellido pesaba, pero su orgullo y control eran mayores.
—¿De d贸nde conoces a este joven, Julia?
—Lo conoc铆 la noche del concierto...
—¡Suficiente, nos vamos a la casa! —sentenci贸 Amanda, jaloneando a su hija en contra de su voluntad—. ¡Y usted, jovencito! No s茅 qu茅 es lo que pretende con mi hija, pero si piensa que se va a burlar de ella por ser de barrio, ¡ya ver谩 de lo que soy capaz!
—¡No pretendo burlarme de ella, se帽ora! ¡Yo la quiero a la buena! —asegur贸 Jerry con desesperaci贸n.
—Eso est谩 por verse. Por ahora, no lo quiero ver cerca de mi casa. ¡Adi贸s!
Jerry se qued贸 solo en la vereda, frustrado y con las manos al volante, viendo c贸mo Amanda se llevaba a Julia hacia la penumbra del callej贸n.
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Para despejar la mente, Jerry manej贸 de regreso a la zona residencial y par贸 en un Bembo's para pedir hamburguesas y gaseosas para llevar. Mientras esperaba su orden, una voz conocida lo llam贸 desde las mesas del fondo. Eran Juan y Santiago, dos amigos de la alta sociedad que regresaban de un largo viaje.
—¡Jerry! ¡Compadre, qu茅 milagro! —exclamaron, fundi茅ndose en un abrazo fraterno.
—¡Muchachos! Qu茅 gusto verlos. No sab铆a que ya hab铆an vuelto de Miami.
—Llegamos ayer —explic贸 Juan—. Supimos que tu primo Alonso est谩 aqu铆 en Lima.
—S铆, se est谩 quedando en mi casa. De hecho, mi hermana Mar铆a tambi茅n est谩 ah铆. ¿Por qu茅 no vamos a comer las hamburguesas all谩? A Mar铆a le va a dar un gustazo verlos.
—¡De todas maneras, vamos! —asent贸 Santiago, a quien se le iluminaron los ojos al o铆r el nombre de la menor de los Modugno.
Mientras se dirig铆an a la mansi贸n, Alonso revisaba entusiasmado las p谩ginas de espect谩culos en el segundo piso. Mar铆a hab铆a entrado a su habitaci贸n con un recorte de peri贸dico fresco: la banda de rock de Claudia se presentar铆a esa misma noche en un conocido pub de Barranco. ¡Era su oportunidad perfecta para volver a ver a la sensual vocalista!
Minutos despu茅s, Jerry y sus invitados se instalaron en la sala de visitas. Jerry le pidi贸 a la mucama que llamara a sus hermanos. Mar铆a fue la primera en bajar las escaleras, luciendo radiante y madura. Al verla entrar, Santiago —quien llevaba tiempo enamorado de ella en secreto— se qued贸 completamente at贸nito y fascinado. Mar铆a le sostuvo la mirada de forma coqueta.
—Hermanita, mira qui茅nes volvieron: Juan y su hermano Santiago —present贸 Jerry.
—S铆, claro que me acuerdo —dijo Mar铆a, estrech谩ndole la mano a Santiago sin romper el contacto visual.
—Jerry, no me hab铆as dicho lo hermosa que est谩 tu hermana —pirope贸 Santiago, haciendo que ella sonriera.
En ese instante, Alonso baj贸 corriendo las escaleras con el recorte de prensa en la mano.
—¡Primo! ¡Gente! ¡Hoy toca el grupo de Claudia en Barranco y va a estar maldito!
—¡Ay, yo quiero ir! —exclam贸 Mar铆a—. Me han dicho que esa banda es buen铆sima.
—Si Mar铆a va, nosotros tambi茅n nos apuntamos —sentenci贸 Santiago, mirando a la muchacha.
—¡Incre铆ble! Si lo hubi茅ramos planeado, no nos sal铆a tan perfecto —rio Alonso—. ¡Todos al concierto!
Al llegar al pub de Barranco, el ambiente desbordaba juventud y rock. Mientras los dem谩s buscaban una mesa, Jerry divis贸 en la barra a Paula, la mejor amiga de Julia, quien se encontraba sola y con expresi贸n triste.
—¡Paula! ¿C贸mo est谩s? ¿Y Julia? ¿Pudo venir?
—No, Jerry, su mam谩 la tiene encerrada tras lo de ayer. Y yo... bueno, acabo de terminar con mi enamorado Mariano, as铆 que vine a ahogar las penas sola.
—Qu茅 l谩stima lo de Mariano... Oye, Paula, de casualidad, ¿tendr谩s el tel茅fono de la casa de Julia?
—Claro, apunta.
Justo cuando Jerry anotaba el n煤mero en un papel, Juan se acerc贸 a la barra y se qued贸 prendado de la belleza rebelde de Paula.
—Jerry... ¿no me vas a presentar a tu amiga?
—Ah, claro. Juan, ella es Paula Mart铆nez. Paula, 茅l es Juan, un amigo de la infancia.
—Mucho gusto, Paula —dijo Juan, estrech谩ndole la mano con galanter铆a.
—El gusto es m铆o, Juan —respondi贸 ella, clav谩ndole una mirada intensa. La qu铆mica entre ambos encendi贸 de inmediato.
Alejado del ruido, Jerry busc贸 a su hermana Mar铆a y le pidi贸 un favor desesperado: "Llama a este n煤mero desde tu celular. Si contesta su mam谩, cuelgas; pero si contesta Julia, me la pasas". Afortunadamente, fue la misma Julia quien atendi贸 el tel茅fono. Mar铆a le gui帽贸 el ojo a su hermano y le entreg贸 el aparato.
—¿Al贸? ¿Julia? No cuelgues, por favor, soy Jerry.
—Jerry, no deber铆amos estar hablando —dijo ella al otro lado de la l铆nea, con voz triste—. Lo de la tarde estuvo mal.
—Por favor, esc煤chame...
—Es imposible, Jerry. Somos de dos mundos diferentes. Adem谩s, t煤 debes estar pas谩ndola de lo lindo con tu entorno... con Fiorella, tu enamorada.
—¿Fiorella? ¡Yo ya no estoy con Fiorella! Cr茅eme, es m谩s, si quieres te paso con mi hermana para que te lo confirme.
—De todas maneras, lo nuestro es un error. Lo siento, Jerry, pero no vuelvas a buscarme.
¡Click! Julia colg贸 el tel茅fono. Desesperado y con la sangre hirviendo, Jerry busc贸 a Paula para que le diera la direcci贸n exacta de la casa de Julia. Estaba dispuesto a todo.
—Mar铆a, nos vamos —le dijo a su hermana.
—¡¿Qu茅?! ¡Pero si ni siquiera ha empezado a cantar Claudia! —reclam贸 Alonso.
—Por favor, Jerry, d茅janos quedarnos un ratito m谩s —suplic贸 Mar铆a, quien no quer铆a separarse de Santiago.
—Est谩 bien... se quedan, pero regresan en el carro de Juan. Alonso, cuida bien a mi hermana, por favor —advirti贸 Jerry, saliendo disparado hacia el estacionamiento.
+++
El Porsche vol贸 a trav茅s de las avenidas principales hasta adentrarse en las oscuras y peligrosas calles del barrio popular. Jerry estacion贸 a una cuadra y camin贸 hasta la fachada de las Cisneros. Sin importarle la hora, comenz贸 a tocar la puerta insistentemente, rompiendo el silencio de la madrugada.
—¡Julia! ¡Julia, abre la puerta! ¡Por favor, necesito que me escuches!
—¡Oye, chesu...! ¡Deja dormir, carajo! ¡No hagas esc谩ndalo a estas horas! —grit贸 un vecino furioso desde una ventana.
Jerry hizo o铆dos sordos a los reclamos del vecindario hasta que, finalmente, la puerta se abri贸 entreabierta. Julia lo miraba con los ojos abiertos, asustada.
—¿Por qu茅 haces este esc谩ndalo a estas horas, Jerry? Si mi mam谩 te despierta, te va a matar.
—¡Solo quiero que me escuches! —pidi贸 茅l, tom谩ndola de las manos—. Quiero que sepas que yo nunca ser铆a capaz de hacerte da帽o. Mis intenciones son verdaderas porque... porque te quiero, Julia. S茅 la clase de mujer buena que eres.
—¿Y qu茅 pasa con Fiorella?
—No s茅 nada de ella, ni me importa. Por favor, no tengas un mal concepto de m铆.
Julia guard贸 silencio, asimilando las palabras del pituco que hab铆a cruzado la ciudad entera por ella. Rompiendo en llanto, se arroj贸 a sus brazos y lo abraz贸 fuertemente, refugiando su rostro en su pecho.
—Te creo, Jerry... pero lo nuestro sigue siendo imposible. Mi mam谩 jam谩s lo va a permitir. Lo siento.
Con el coraz贸n destrozado, Julia cerr贸 la puerta, dejando a Jerry solo en la vereda bajo la fr铆a llovizna lime帽a.
Cabizbajo y frustrado, Jerry subi贸 a su auto. Intent贸 comunicarse con Juan para saber si su hermana Mar铆a ya estaba de regreso, pero el celular mandaba a buz贸n. Llam贸 a su casa y la mucama le confirm贸 que ninguno de los dos hab铆a llegado. Perdiendo la paciencia y con los celos de hermano mayor a flote, meti贸 el acelerador de vuelta hacia Barranco.
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Al llegar al pub, el concierto ya hab铆a terminado y el local estaba casi vac铆o. Nadie supo darle raz贸n de ellos. Preocupado y de mal humor, regres贸 a su mansi贸n a esperar. Minutos despu茅s, la puerta principal se abri贸: era Mar铆a.
—¡Mar铆a! ¡¿Estas son horas de llegar?! —rugi贸 Jerry, cruzado de brazos en la sala.
—¡Ay, hermanito, no exageres! Estaba con Santiago en la playa —respondi贸 ella con frescura.
—¡¿En la playa a estas horas de la madrugada?! ¡¿Y se puede saber qu茅 estaban haciendo all谩?!
—Platicar, mirar el mar... y nos besamos —confes贸 ella con una sonrisa p铆cara.
Jerry explot贸 de indignaci贸n.
—¡¿Y lo dices as铆 de fresca?! ¿Acaso no sabes que Santiago tiene fama de mujeriego y vividor en todo San Isidro? ¡Te est谩 floreando! ¿Y d贸nde estaba Alonso? ¿No se supone que deb铆a cuidarte?
—No s茅, la 煤ltima vez que lo vi estaba muy entretenido con Claudia, la cantante. De ah铆 les perd铆 el rastro.
En ese momento, los padres de Jerry bajaron las escaleras alertados por los gritos y pusieron orden, mandando a Mar铆a a su cuarto con un severo castigo. Jerry se retir贸 a su habitaci贸n, agotado. Hab铆a sido un d铆a p茅simo, pero present铆a que las cosas se pondr铆an a煤n m谩s oscuras.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad...
Alonso se encontraba en el departamento de Claudia. Entre tragos cortos y m煤sica instrumental de fondo, el muchacho le contaba entusiasmado sus vivencias en Miami y c贸mo, trabajando como bus boy, lleg贸 a conocer al famoso productor Emilio Estefan. Claudia lo escuchaba con una sonrisa fascinante, sirvi茅ndole m谩s licor; ella ya hab铆a decidido que ese t铆mido pituco de Miami era su ticket de salida para internacionalizar su carrera y escapar del pa铆s.
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Al mismo tiempo, la refinada Fiorella Dom铆nguez se encontraba en un escenario completamente ajeno a su realidad: una pollada bailable en un barrio popular. Para cumplir una apuesta con sus amigas de la alta sociedad, Laly y Loly, se hab铆an disfrazado de forma exagerada con pelucas baratas y anteojos oscuros para no ser reconocidas. Iban acompa帽adas por Chochi, la mucama de la casa, quien serv铆a de gu铆a en ese mundo de cajas de cerveza y m煤sica chicha a todo volumen.
“¡¡¡Me emborracho por tu amor, me emborrachooooo!!!!”, retumbaba el coro en los parlantes gigantesco del local.
—¡Uy, qu茅 buena m煤sica! —exclam贸 Laly, moviendo los hombros.
—¡Esa canci贸n est谩 de moda en todas las radios populares, se帽oritas! —aport贸 Chochi.
En ese momento, un muchacho moreno y de baja estatura se acerc贸 a la mesa saludando a la mucama.
—¡Chochi! Qu茅 sorpresa verte por ac谩, veo que vienes bien acompa帽ada.
—Muchachas, 茅l es mi amigo de la infancia, Jonathan Quispe Mamani —present贸 la empleada.
—¡Habla, chochera! Yo soy Vanessa —exclam贸 Fiorella, forzando una jerga achorada para camuflarse. Las otras amigas dieron nombres falsos tambi茅n.
—Ustedes no son de por ac谩, ¿no? —not贸 Jonathan con picard铆a—. Por esas caritas, ustedes fijazo que son miraflorinas.
—¡Oe, qu茅 te pasa, ah! —reclam贸 Fiorella, intentando sonar de barrio—. ¡Yo soy del rico Llauca, var贸n! ¡Respeta el barrio!
Jonathan se qued贸 maravillado por la fuerte personalidad de la supuesta chalaca.
—¿Se sirven una chela, muchachas?
—Una gaseosa de dieta, por favor —pidi贸 Laly con delicadeza.
—¡Ja, ja! ¿En las rocas tambi茅n? ¡No seas graciosa! —se burl贸 Vanessa (Fiorella)—. ¡Trae tres chelas bien heladas y d茅jate de vainas, compadre! ¡Al toque!
Jonathan gui帽贸 el ojo, fascinado con "Vanessa", y se fue a buscar las botellas.
—Se帽orita Fiorella... —susurr贸 Chochi.
—¡Chochi, ya te dije que aqu铆 me llamo Vanessa! Olv铆date de Fiorella por esta noche. ¿C贸mo me sali贸 la jerga?
—Perfecto, su t铆o Sim贸n le ense帽贸 bien las ma帽as del habla —rio la mucama.
Jonathan regres贸 con las cervezas. Vanessa se tom贸 un vaso de un solo sorbo, incitando a sus amigas a hacer lo mismo. Son贸 una cumbia alegre y Jonathan sac贸 a bailar a Fiorella. Mientras daban vueltas, el muchacho la miraba con evidente morbosidad y ganas de llev谩rsela a la cama esa misma noche.
En medio de la pista, otro joven se acerc贸 a saludar a Jonathan. Era Mariano, el exenamorado de Paula.
—¡Jonathan! Veo que est谩s ganadaso con la gentita.
—¡Mariano, compadre! Te presento a Vanessa, la amiga de Chochi.
Mariano y Vanessa (Fiorella) se saludaron mir谩ndose fijamente a los ojos.
—¿Y t煤, chochera? ¿C贸mo vas con la gringa Paula? —pregunt贸 Jonathan.
—Ya termin茅 con ella, hermano. Ella quer铆a ir a un concierto de rock pituco y yo quer铆a venir a vacilarme de verdad aqu铆 en la pollada. ¡Traigan una chela bien eladio reyes para pasar el trago amargo!
Chochi llam贸 a Jonathan para bailar, dejando a Mariano a solas con Vanessa.
—Y dime, Vanessa, primera vez que te veo por la zona. ¿De qu茅 parte del Callao dices que eres? ¿De Carmen de la Legua?
—Esteee... bueno... s铆, de por ah铆... es que vivo en varios sitios a la vez —respondi贸 ella, poni茅ndose notablemente nerviosa al verse acorralada por las preguntas.
Mariano, que no era tonto, ya se ol铆a que la gringa de ojos verdes estaba fingiendo y ocultaba algo, pero decidi贸 seguirle el juego porque le parec铆a sumamente atractiva. La fiesta continu贸 por todo lo alto hasta que un grito rompi贸 la armon铆a en una esquina de la pista.
—¡Atrevido! ¡Sinverg眉enza! ¡Descarado! —grit贸 Laly, descargando una tremenda bofetada contra un sujeto borracho que le hab铆a agarrado las nalgas.
El tipo, envalentonado por el alcohol, se embraveci贸 y la tom贸 del brazo con fuerza, intentando sobrepasarse a la fuerza en medio del tumulto. Vanessa (Fiorella) no lo pens贸 dos veces; se meti贸 por detr谩s y lo empuj贸 con furia.
—¡Oe, suelta a mi amiga, infeliz!
—¡¿Y t煤 qui茅n eres para meterte, colada?! —grit贸 el borracho empuj谩ndola de vuelta.
Pero Fiorella sac贸 la casta: de un certero pu帽etazo lo mand贸 al piso y comenz贸 a demolerlo a golpes junto a sus amigas. Jonathan salt贸 de inmediato a defenderlas, desatando una batalla campal. Botellas volando, pu帽etes van, patadas vienen. Alguien llam贸 a la polic铆a y en pocos minutos los patrulleros cercaron el lugar, arrestando a medio mundo, incluidas Laly y Loly. Fiorella, demostrando una agilidad inesperada, logr贸 fugarse por la puerta trasera del local arrastrando a Chochi y a Mariano.
+++
Ya en la calle, asustadas y despeinadas, Mariano silb贸 para detener un taxi que pasaba por ah铆. El chofer result贸 ser un conocido del barrio de Mariano.
—¡Oe, Marisol! ¡Ll茅vate a estas jermas para su casa, porfa!
—¡Te lo hago por el billete, pero no me digas Marisol, caracho! ¡Mi nombre es Ram贸n Augusto! —reclam贸 el chofer desde la ventana.
—¡Ya, ya, cara e' burro! Al toque, ll茅valas a salvo.
—Gracias por todo, Mariano —dijo Vanessa, mir谩ndolo fijamente a los ojos antes de subir.
—De nada, Vanessa... espero volver a verte.
El taxi arranc贸. Ram贸n Augusto mir贸 por el espejo retrovisor con desconfianza.
—¿A d贸nde las llevo, se帽oritas?
—A Monterrico, maestro —indic贸 Chochi.
—¡¿A Monterrico?! —Ram贸n Augusto solt贸 una carcajada—. ¿Y qu茅 van a hacer dos jermas como ustedes en esa zona de pitucos?
—¡Es que trabajamos como empleadas del hogar en una mansi贸n, p茅! —exclam贸 Vanessa con frescura.
Ram贸n Augusto no se trag贸 el cuento; el porte fino, la piel blanca y los ojos verdes de la supuesta mucama delataban que ven铆a de cuna de oro, pero prefiri贸 guardar silencio y meter el cambio hacia la zona residencial.
+++
Al cruzar el umbral de su mansi贸n en Monterrico, despoj谩ndose de la peluca, Fiorella fue sorprendida por la silueta imponente de su padre, Don Pedro, quien la esperaba con el rostro desencajado por la disciplina militar.
—¡¿Estas son horas de llegar a la casa, Fiorella?! ¡¿As铆 es como nos pagas todo lo que te damos?! ¡Eres una malagradecida! Te he dado dinero, educaci贸n, viajes al extranjero, ¡¿para que te comportes como una callejera?!
—¡Pero, pap谩, esc煤chame...!
—¡Pap谩 nada! ¡Ya me cans茅 de tus mentiras y es hora de que sepas la verdad de una vez por todas!
—¡No, Pedro, por favor, c谩llate! —suplic贸 Elvira, la madre, entrando a la sala empapada en l谩grimas.
—¡Se lo voy a decir, Elvira! —sentenci贸 el hombre, clav谩ndole la mirada a la joven—. ¡Fiorella... yo no soy tu verdadero padre!
La revelaci贸n cay贸 como un balde de agua helada. La altiva y engre铆da Fiorella Dom铆nguez se qued贸 completamente petrificada, inm贸vil como un trozo de hielo en medio de la opulencia de la sala.
—Es mentira... dime que es una broma, pap谩... —alcanz贸 a decir con la voz entrecortada.
—No es ninguna mentira. No llevas mi sangre. Lo siento, pero ya era hora de que lo supieras.
Fiorella subi贸 a su habitaci贸n flotando en un mar de confusi贸n. De ser la orgullosa hija de un general de la Rep煤blica, su mundo se hab铆a reducido a la nada. ¿Qui茅n era su verdadero padre y por qu茅 le hab铆an ocultado el secreto durante toda su vida?
+++
Al d铆a siguiente, en las instalaciones del club campestre, Jerry se top贸 de frente con Santiago. Sin mediar palabra, lo tom贸 violentamente por el cuello de la camisa y lo estamp贸 contra la pared.
—¡O dejas a mi hermana Mar铆a tranquila, o no respondo de lo que te pase, infeliz! ¡Ya conozco tus ma帽as! —advirti贸 Jerry, solt谩ndolo con desprecio antes de retirarse.
De inmediato, Jerry subi贸 a su Porsche, pas贸 por una estaci贸n de servicio a cargar gasolina y se dirigi贸 directo al barrio popular. Necesitaba ver a Julia. Al doblar la esquina, la vio caminando con su canasta de mercado. Jerry fren贸 el auto y baj贸 corriendo para darle alcance, tom谩ndola suavemente del brazo.
—Julia, por favor, no me ignores m谩s.
—Lo nuestro no tiene futuro, Jerry. Regresa con tu novia Fiorella.
—Ya no s茅 qu茅 siento por ella, Julia. Ayer se desapareci贸 sin decir nada, me est谩 ocultando cosas.
En ese momento, el Piol铆n se acerc贸 a la escena hojeando un ejemplar del diario amarillista La Chuchi, mostrando la portada con titulares gigantescos: "PITUCAS ARMAN BRONCA EN POLLADA".
—¡Asu, gentita, miren este chisme! ¡Se arm贸 la de Dios es Cristo en la pollada de la otra cuadra! —coment贸 el Piol铆n.
—¡Bah! Yo no creo en esos diarios chicha, todo es inventado —dijo Jerry con desd茅n.
—¡Qu茅 va a ser inventado, var贸n! Mi compadre Mariano estuvo ah铆 metido y lo vio todo. Dice que arrestaron a dos pitucas llamadas Laly Conccetta y Loly Rivasplata, pero la que arm贸 el golpe y se dio a la fuga fue una tal Vanessa.
Al o铆r los nombres de Laly y Loly, a Jerry se le hel贸 la sangre: ¡eran las inseparables amigas de Fiorella! De un tir贸n le quit贸 el diario al Piol铆n para leer la nota. El texto no mostraba fotos de la fugitiva, solo mencionaba el nombre de "Vanessa". Jerry uni贸 los cabos de inmediato: Fiorella desaparecida, sus amigas presas en una comisar铆a de barrio... ¡Esa tal Vanessa no pod铆a ser otra que su propia novia infiltrada en una pollada!
—¿Fiorella metida en una pollada? ¿Est谩s seguro, Jerry? —pregunt贸 Julia, asombrada.
—¡Oye, cuida tus palabras, pituco! —intervino el Coco Plano, quien ven铆a saliendo de la bodega y escuch贸 la conversaci贸n—. ¡Mi sobrina Fiorella es una se帽orita decente, no una callejera!
—¡Su sobrina es una chiquilla engre铆da e hip贸crita! —le grit贸 Jerry, perdiendo los papeles.
Sim贸n, el Coco Plano, se embraveci贸 y tom贸 a Jerry por las solapas de la casaca dispuesto a meterle un golpe, pero Jerry no se qued贸 atr谩s y alz贸 los pu帽os. Jabancho y el Chol贸n tuvieron que meterse al medio para sujetar a Sim贸n y arrastrarlo lejos, mientras Julia conten铆a a Jerry abraz谩ndolo por la espalda.
—¡Tranquilo, Jerry! Por favor, no te pongas as铆, no ganes una pelea gratis —le suplicaba Julia al o铆do.
—¡¿Y c贸mo quieres que me ponga?! —exclam贸 Jerry, respirando agitado pero dej谩ndose consolar por el calor de Julia—. Mi primo anda desaparecido con una cantante, mi hermana se besa con un vividor y mi novia me ve la cara de est煤pido meti茅ndose a polladas. Siento que todo se me sale de las manos...
Julia lo recost贸 suavemente sobre su hombro, acarici谩ndole el cabello hasta que el pulso del muchacho se normaliz贸 en medio de la vereda. Jerry la mir贸 fijamente a los ojos, sintiendo que ella era el 煤nico oasis de paz en su tormentosa vida.
—Acomp谩帽ame, Julia... vamos lejos de aqu铆 por unas horas. Vamos a la playa a mirar el mar —le pidi贸 con voz suave.
Julia asinti贸 con una sonrisa. Al subir al Porsche y dejar atr谩s el bullicio del barrio, ambos comprendieron en silencio que el destino los hab铆a marcado. Eran el uno para el otro, y de ah铆 en adelante, su 煤nica misi贸n ser铆a defender su amor contra viento y marea.









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