CAPÍTULO XXXIV (Corregido y pulido con IA)


CAPÍTULO XXXIV (Corregido y pulido con IA)

Pancho caminaba por la esquina apurado cuando se encuentra con sus amigos Patroclo y Cholón, que lo detienen para saludarlo...

—¡Compadre Pancho! ¡A dónde se dirige tan ocupado!

—¡Me acaba de llamar un "pata" diciendo que hay un lugar para mí en su banda! ¡Y hoy tocan en el Bauhaus...! ¡Es mi gran oportunidad para volver a la música!

—¡Uy! —dijo Patroclo—. ¡Tengo unas ganas de llevar a Andreína a esa discoteca!

—¿Quién es Andreína? —preguntó Pancho, con asombro—. ¿Alguna hembrita que se ha levantado?

—Andreína es una chica chilena, sobrina del Padre Miguel —respondió Patroclo—. ¡Está buenaza! ¡Lástima que Sergio me la quiere quitar!

—¿Y qué pasó con mi prima, entonces? —dijo Pancho.

—¿Su prima? ¿De qué prima está hablando usted? —dijo Patroclo.

—De Mariana Flores Urteche... ella es mi prima.

—¡Uuuyyy! ¡No sabía que Mariana fuera su prima! ¡Bueno... la verdad, Andreína me gusta más! ¡No sé qué tienen, pero, la verdad, las chilenas son mágicamente fascinantes!

—Estás en lo cierto... —intervino el Cholón, con expresión de fascinación.

—Oiga, compadre Cholón —dijo Patroclo—, ¿a poco usted se ha enamorado de una chilena?

—Sí, compadres —respondió Cholón—. Fue en un viaje al sur. Crucé la frontera y en Iquique conocí a una chica maravillosa. ¡La mujer más bella que jamás haya visto en mi vida! ¡Y pasamos momentos inolvidables envueltos en nuestros cuerpos de pasión!

—Y, ¿cómo se llamaba la susodicha, si se puede saber? —dijo Patroclo.

—Se llamaba Coté.

—¿Coté? ¡Qué raro nombre para una mujer!

—Bueno... en realidad se llama María José pero, le dicen Coté... ¡Es una mujer divina! —dijo suspirando de la fascinación.

—Bueno, compadres —dijo Pancho—, como dijo periquito, yo me quito. Que me voy a alistar para irme a mi gran oportunidad...

—¡Espere! —dijo Patroclo—. ¡Usted sabe algo de Chochi!

—¿Chochi? ¡No sé nada de ella! ¡Pobrecita! ¡Está confundida la pobre! ¡Dejó el trabajo que le dio su padre, mi tío, Don Francisco!

—¿Y qué pasó con su tío? —dijo Patroclo—. ¡Fíjese que usted prometió que me iba a dar la plata para el pasaje a México!

—Mi tío no aceptó. Es más, él ahora regresó a México, muy triste, luego que su hija Chochi no quiere saber nada de él.

+++

Mientras tanto, en casa de Fiorella, Chochi se encontraba trabajando nuevamente como mucama cuando tocan la puerta y es Mariano que ha venido a visitar a su amada Fiorella, con Adriana y el Piolín.

—¡Chochi! —exclamó Piolín—. ¡Qué estás haciendo aquí trabajando como mucama!

—Quiero que sepas, Piolín —dijo Chochi, indignada—, ¡que esto es un trabajo digno!

—¡Pero, si eres hija de un millonario!

—¡Oye! —dijo Chochi—. ¿Y quién te dijo eso?

—¡Me lo dijo el compadrito Cara 'e burro! ¡Pobrecito! ¡Cómo sufre el pobre! ¡Deberías darle una oportunidad!

—¡Nada! ¡Lo que hizo Ramón Augusto no tiene perdón! ¡Nunca le perdonaré lo que hizo!

—Debes perdonarlo, Chochi... —intervino Mariano—. No es bueno ser rencoroso. Yo más que nadie te puedo dar rienda suelta a lo que sucedió... Pero el rencor y recelo no llevan a nada... ¡Si lo quieres de verdad, entonces, debes perdonarlo!

Chochi soltó una lágrima en su mejilla. Sabía que quería todavía a Ramón Augusto.

+++


En ese momento, vino Fiorella y saluda a su amorcito Mariano con un beso apasionado en la boca.

—¡Hola, amorcito! ¿Cómo has estado? —dijo Fiorella.

—¡Hola, mi vida! ¡Yo estoy bien! Precisamente, quiero invitarte a salir con unos amigos, el Piolín y Adriana, la secretaria de mi jefe, Don Roberto Modugno.

Fiorella saludó, estrechando las manos, con Piolín y Adriana.

—Bueno, amorcito, me encantaría pero, la verdad no quiero dejar al niño solo. Más bien, que Chochi te acompañe.

—¿Yo, señorita Fiorella? —respondió con asombro.

—¡Por favor, Rosa Angélica! —dijo Fiorella—. ¡Dime simplemente Fiorella! No es necesario que digas señorita, ¡tú y yo somos iguales!

—¡No somos iguales! —dijo Chochi—. ¡Usted es la hija de un General y yo soy una simple mucama!

—¡Eres mucama porque tú lo quieres! —dijo Fiorella—. ¡Pero tú puedes aceptar el trabajo que te dejó el Sr. Flores Urteche!

—¡Nada! ¡Yo no voy a aceptar nada que tenga que ver con ese señor!

—¡Ese señor es tu padre!

—¡Padre nada! ¡Ese señor me abandonó a mí y a mi madre cuando era pequeña!

—¡Ese señor no sabía nada de ti! —dijo Fiorella—. ¡Además, tú no puedes vivir odiando a tu propio padre!

—Mejor cambiemos la conversación... —intervino Mariano—. Yo creo que no es el momento.

—Tienes razón, amorcito —dijo Fiorella—. Pero, Chochi, me gustaría que te tomaras la noche libre.

—Está bien... si tú lo dices... Fiorella.

Chochi pidió permiso para retirarse a alistarse e irse a la discoteca con Mariano. Él se despidió con un beso de Fiorella... y dejó que Chochi acompañara a Mariano... porque sabía que Chochi era una muchacha decente, incapaz de sacarle la vuelta con Mariano. Así que ella se sentía tranquila; es más, Chochi le prometió que lo iba a librar de cualquier tentación que se le acercara en la disco.


+++

Por un lado, Aurelio se encontró con Jerry y Maribel en la puerta de la discoteca Bauhaus cuando, en ese momento, se encuentran con una amiga de Aurelio.

—¡Betty! ¡Cómo estás! ¡Vienes a esta discoteca! —dijo Aurelio.


—¿Aurelio? ¿Qué estás haciendo aquí en Lima? —dijo Betty.

—Vine a ver unos negocios... —dijo Aurelio—. Quiero presentarte a unos amigos...

Betty le dio la mano a Maribel y Jerry.

—¿Tú no eres hijo de Don Roberto Modugno? —inquirió Betty.

—Así es. Soy su hijo mayor. Tú eres...

—Beatriz De Nigro... Diseñadora de ropa. Estuve hace poco en un cóctel con Francisco Flores Urteche y tus padres...

—Sí, ya me acuerdo —dijo Jerry—. Y, ¿cómo está todo en el trabajo?

—Bien —dijo Betty—. Más bien, quería preguntarles si ¿ustedes conocen a Rosa Angélica Jiménez?

—¿Rosa Angélica Jiménez? —dijo Jerry—. ¡Así se llama la mucama de mi exenamorada!

Maribel puso cara de celosa.

—¡Pues la muchacha que busco me la recomendó Don Francisco Flores Urteche! ¡Tiene unos diseños divinos pero, por alguna razón, dejó el trabajo y no he vuelto a saber de ella!

—¿Por qué no pasamos adentro? —dijo Maribel, con cara de celosa.

Todos aceptaron e ingresaron a la discoteca. Jerry trataba de ocultar su inconformismo pero Maribel lo abrazaba y coqueteaba frente a los demás. Rato después, Aurelio se levanta de su asiento para ver si podría encontrar a su hermana Andreína.

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Minutos después, Julia, por su parte, llegaba con Sergio y Andreína y el Jabancho que acompañaba a Julia, y decidieron tomar asiento en un lugar distante de donde estaban Jerry y Maribel, que con el gentío, no se daban cuenta de que estaban también en la discoteca. Julia estaba bellísima, tanto que todo el mundo la miraba con fascinación.

—¡Vaya! ¡Qué lindo lugar! —exclamó Andreína—. Las luces, el decorado... ¡Esto es la raja! ¡Muy bueno!

—¿Gustas algo para tomar? —preguntó Sergio.

—Un Pisco Sour, por favor.

—¡Has venido al lugar preciso! —dijo Jabancho—. ¡Aquí sirven el mejor Pisco Sour de todo Lima!

Sergio llamó al mozo y de inmediato les tomó las órdenes.

—Una botella de Whisky, por favor —dijo Jabancho al mozo.

El mozo tomó las órdenes y se retiró.

—¿Has visto a tus amigas? —dijo Sergio.

—No las he visto todavía... —respondió Andreína—. Parece que se han perdido.

—¿Le has dicho dónde estábamos? —dijo Jabancho.

—Sí, le di las instrucciones como me las dio Sergio pero, al parecer, ¡se han perdido!

+++

Tiempo después, el mozo les trajo la botella de Whisky y el Pisco Sour para Andreína. Y se lo toman. Julia tenía miedo al principio pero...

—Y tú, Julia —dijo Sergio—, ¿quieres tomar algo?

—Yo.... este... —dijo con timidez.

—¡Vamos, Julia! —dijo Jabancho—. ¡Una copita no te va a hacer daño! ¡Es muy bueno para la salud y te pone en ambiente! ¡Vamos, Julita!

—Está bien... Dame un trago...

Entonces, Julia decidió tomar, primero un sorbo pero, luego, volvió a tomar más.

—Andreína, ¿has visto a tu hermano todavía? —preguntó Sergio.

—Me parece que lo he visto por ahí...

—¿Cómo lo vas a reconocer si lo has visto muy poco? —preguntó Julia, mientras se tomaba el trago.

—Me mandó su foto por Internet, así va a ser fácil reconocerlo...

En ese momento, tocan una canción de Paulina Rubio...

"Yo sigo aquí, esperándote..."

—¡Ay! —dijo Andreína—. ¡Esta canción me gusta!

—¿Bailamos? —dijo Sergio, sosteniendo la mano a Andreína.

—¡Encantada! —dijo Andreína, recibiendo la mano.

—¿Bailamos, Julia? —dijo el Jabancho.

—Más tarde... Todavía no... —respondió.

—Bueno... no sabes lo que te pierdes... mejor me voy a la barra a pedir otro trago... permiso...

Julia se quedó sola, escuchando la música... la música la puso en trance.

+++


En ese momento, se acerca Aurelio que se quedó fascinado por la belleza de Julia.

—Hola —dijo Aurelio—. ¿Vienes sola?

—Eh... mi pareja ha ido un momento... ya viene... —respondió en tono esquivo.

—¿Gustas bailar conmigo?

—¡Pero si no nos conocemos!

—¡Oh! ¡Olvidé presentarme! ¡Me llamo Aurelio Martínez! ¿Y tú?

Julia miró a Aurelio y decidió no revelar su verdadera identidad.

—Amanda.

—¡Amanda! —dijo con fascinación—. ¡Qué bonito nombre! ¡La verdad que ese nombre le queda a tu persona!

—Gracias —dijo en tono esquivo, tomándose otro sorbo de Whisky.

Aurelio se quedó mirándola fascinado por un momento. Ella comenzaba a ponerse algo nerviosa pero, a medida que la agarraba el trago, comenzó a soltarse más y se notaba más amorosa.

—¿Sabes que eres una chica muy bonita?

—Gracias —respondió en tono coqueto.

+++

Mientras tanto, Jerry se encontraba en un lugar distante con Maribel y no se percató todavía de que Julia estaba muy cerca. Más bien, Maribel se lo llevó a un rincón en donde lo besaba apasionadamente.

En ese momento, tocan, a pedido de alguien del público, una canción antigua de los años 1970... "I Just Want to Be Your Everything" de Andy Gibb... la canción de Julia, y Jerry comenzó a pensar en ella.

"I, I just want to be your everything / Open up the heaven in your heart and let me be."

—¿Qué pasa, Jerry? ¿Qué te sucede? —dijo Maribel.

—¡No puedo! ¡Esa es la canción que le gusta a Julia! —exclamó Jerry.

—¡Ya, deja de pensar en esa Julia! —dijo juntando los labios—. ¡Que esta noche es solo para nosotros!

Mientras tanto, Julia (asumiendo la personalidad de Amanda) se alegró al escuchar esa canción y, ya en copas, tomó a Aurelio del brazo y lo sacó a bailar a la pista de baile. Aurelio le agradeció el halago. El trago ya la había agarrado y comenzó a bailar... en trance, como si la música invadiera sus venas... Aurelio seguía fascinado por la misteriosa Amanda y ese baile misterioso y cadencioso.

—¡Bailas muy bien, Amanda!

Pero Julia seguía en su trance y seguía bailando sin parar.

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Mientras tanto, Andreína llegó con Sergio a la mesa y se sorprenden al no ver a nadie allí.

—¿Y Julia? ¿Ella dónde está?


—Seguro la habrá sacado a bailar el Jabancho... —respondió Sergio.

—¿Me llamaban? —intervino el Jabancho.

—¡Jabancho! —dijo Sergio—. ¿Has visto a Julia por ahí?

—No que yo sepa. ¡Fui un rato a ver y la dejé aquí!

Andreína logró divisar a Julia en la pista de baile...

—Esa muchacha que ven ahí bailando... ¿No es Julia bailando?

—¿Julia? —exclamaron Sergio y el Jabancho, con la boca abierta del asombro.

En ese momento, se acercó el Patroclo con el Cholón y el Patroclo encaró a Sergio.

—¡Oye, Sergio! —intervino Patroclo—. ¡Qué estás haciendo con mi hembrita! ¡Contesta que te estoy hablando!

—¿Tu hembrita? —dijo Sergio, con estupor—. ¿De qué hembrita me estás hablando?

—De Andreína, de quién va a ser...

—¡Un momento, Roberto! —intervino Andreína, indignada—. ¡Yo no soy tu hembrita!

—¡No me la vas a quitar, que yo la vi primero! —dijo Patroclo, sin hacerle caso a Andreína.

—¡Un momento! —intervino Andreína—. ¡Una vez más! ¡Yo no soy tu hembrita! ¡Sergio es mi amigo y él, gentilmente, me sacó a bailar!

—¡Sacaste a bailar a mi hembrita! —dijo Patroclo con indignación.

—¡Yo no soy tu hembrita! —exclamó Andreína.

—¡Ya has escuchado a la muchacha! —dijo Cholón—. ¡Ella no es tu hembrita!

En ese momento, se escucha una voz que llamó a Andreína por detrás...

—¡Andreína! ¡Aquí estamos!

Andreína volteó y se sorprendió al ver a todas sus amigas... Maritza Figueroa... Mónica Salas... Urania Zamorano... y... "Coté" 

—¿Coté? ¿Eres Coté? —exclamó el Cholón, con asombro—. ¿No eres María José Kretzberger?

La muchacha abrió sus ojos y logró reconocer al Cholón.

—¿Juanito? ¿Juanito Rodríguez? ¿Eres tú?


Los dos se abrazaron por el reencuentro.


—¡Muchachos! —dijo Juanito Rodríguez, el Cholón—. ¡Ella es la muchacha de la que les hablé! ¡María José!


—¡La verdad es que el mundo es chico! —dijo María José.

+++


En ese momento, vino una amiga y se unió al grupo.

—Perdón, disculpen la demora pero me perdí...

Patroclo volteó y se impresionó al verla. Ella también. Andreína los presentó.

—Mucho gusto, soy Patroclo. Bienvenida a este país, linda muchacha...

—¡Oye, qué te pasa! —exclamó la muchacha—. ¡Que yo soy de Huacho!

Patroclo se cayó en ¡Plop!

—¿Y qué hace una de Huacho con un grupo de lindas chilenas? —dijo Patroclo.

—¡Vine a cuidarlas de sinvergüenzas como tú, pues! —exclamó Nati, la de Huacho.

Patroclo volvió a caerse en ¡Plop!

—¡Yo quería decirle a Nati para ir a una Pollada! —intervino Maritza—. ¡Pero no quiso! ¡Y yo quiero ir a una pollada!

—¡Pues muy bien, Nati, una pollada es un lugar muy peligroso! —dijo Patroclo, mirando a Nati con fascinación.

En ese momento, vino Pancho y se detiene al ver a Maritza, que se olvida de los demás.

—¡Compadre Pancho! —dijo Jabancho—. ¡Estamos aquí!

—¡Mucho gusto! —dijo Pancho, saludando a Maritza—. Yo soy Pancho y soy integrante del grupo musical.

—¡Tienes un grupo musical! ¡Qué bien! ¡Yo que tengo ganas de cantar en un grupo! ¡Tienes cara de tocar muy bien!

—Gracias, muchacha. Perdón, ¿cómo te llamas?

—Oh, qué cabeza la mía, olvidé presentarme, me llamo Maritza.


—¡Maritza! —dijo con fascinación—. ¡Qué bonito nombre!


—¡Muchas gracias! —dijo risueña.

En ese momento, vino uno de los integrantes.

—¡Pancho! —exclamó Gonzalo, uno de los integrantes—. ¡Tenemos una emergencia!

—¿Qué emergencia hay, Gonzalo? —exclamó alarmado.

—¡Se enfermó la vocalista! ¡Y no hemos podido buscar reemplazante!

—¡Chucha! —exclamó Pancho—. ¡Eso sí que es grave! ¡Y falta poco para nuestra presentación!

—Ejem —intervino Maritza, mientras los demás la miraban asombrados—. ¿Podría cantar con ustedes?

—¿Tienes experiencia cantando?

—¡Claro, poh! —dijo Maritza—. ¡Yo he tocado en varias presentaciones en el colegio, además de que fui parte del coro de la iglesia!

Gonzalo y Pancho lo pensaron... y sin vacilación, aceptaron la propuesta de Maritza. No había nada que perder y mucho que ganar. ¡Entonces, Maritza iba a hacer su debut a nivel internacional!

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Y finalmente, luego de un brevísimo ensayo, Maritza y el resto del grupo se presentaron en el escenario y cantaron... Maritza fue quien se lució con su dulce y armónica voz, dejando fascinados a todos los presentes, interpretando la balada "Recuerdos del alma" de la cantante italiana Antonella Arancio.


Su interpretación conmovió a todos, que le pedían una y otra vez.

Y Pancho se estaba enamorando cada vez más de su chilena... que incluso acompañó a dúo a Maritza en varias canciones.

Pancho se lucía con su interpretación de "Mala Sangre" del músico Pelo Madueño y La Liga del Sueño.

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Mientras tanto, no muy lejos de ahí estaba Chochi con Mariano, Piolín y Adriana cuando, en ese momento, se acerca Betty De Nigro, la diseñadora, y reconoce a Chochi.


—¡Rosa Angélica! ¡Te estaba buscando por todos lados! ¿Por qué no has venido a trabajar?

—¡Comprendí que eso no es lo mío...!

—¡Qué lástima, porque realmente tienes mucho talento! Y no es porque te recomendó el señor Flores Urteche, pero, en realidad, he presentado tu diseño a varias casas de moda, ¡y realmente les ha fascinado tu producto! Bueno... si necesitas cambiar de opinión, aquí tienes mi tarjeta, llámame cuando gustes... ¡gracias!

Betty le dio su tarjeta a Chochi y ella la guardó en su cartera. Pero las sensibles palabras de Betty enternecieron a Chochi y le hicieron ver lo equivocada que estaba. Al día siguiente, ella se presentó en su oficina... dispuesta a seguir trabajando.

+++


Mientras tanto, la misma noche, en ese momento, en otro lugar de la discoteca, Jerry le pidió a Maribel que se retiraran de la discoteca, pues no se sentía muy a gusto.


Por su parte, Julia (usando el nombre de Amanda) seguía tomando y conversando con Aurelio. Él estaba cada vez más fascinado... cuando, en ese momento, en otro lugar de la discoteca, Andreína se acuerda de Julia.

—¡Un momento! ¿Alguien ha visto a Julia? —exclamó Andreína.

—¡Acabo de verla conversando con un muchacho! —exclamó el Jabancho.

En ese momento, Aurelio pidió permiso a Julia (Amanda) para ir al baño... y fue en ese momento que Andreína y Sergio encontraron a Julia.

—¡Julia! ¡Qué estás haciendo! —exclamó Andreína—. ¡No me digas que has tomado mucho!

—¡Jajajajaja! —exclamó borracha—. ¡Uy, uy! ¡Qué lindo está todo!

—¡Nos vamos, Julia! —dijo Andreína, mientras que Sergio la ayudaba a sostenerla.

Y sacaron a Julia de la discoteca... rumbo a su casa.

Mientras, Aurelio regresó del baño pero no encontró a la misteriosa Amanda... la mujer que lo había dejado fascinado. Pero no pudo encontrarse con su hermana.

+++


Sergio y Andreína dejaron a Julia en su casa, en donde la estaba esperando Amanda, la madre de Julia. Ellos se despidieron de la señora y se retiraron rápidamente.

—¡No puedo creerlo! —exclamó Amanda con indignación—. ¡Tú estás tomada! ¡Qué falta de respeto a esta casa!

—¡Nada! ¡Tú no tienes nada que reclamarme! —dijo borracha—. ¡No eres digna de nada!

—¡Cállate! ¡Exijo más respeto, que yo soy tu madre!

—¡Qué madre tengo...! ¡Hip! ¡Lo único que recibo de ti son puros reproches! ¡Reproches, reproches y más reproches!

—¡Julia! ¡Estás borracha! ¡No sabes lo que estás diciendo!

—¡No! ¡Estoy bien! ¡Y soy consciente de todo lo que estoy diciendo! ¡Pero a ti nadie te respeta! ¡Nadie respeta a la gran dama Amanda! ¡La gran dama que se acostó con un hombre para decir que está embarazada de otro!

Amanda, indignada, le dio una bofetada a Julia... ¡Puaf!

Julia la miraba con recelo pero siguió hablando...

—¡Pégame todo lo que quieras, pero nadie es capaz de respetarte! ¡Imagínate que Mónica, tu propia sobrina, se entiende con tu exmarido y son muy felices y contentos!

—¡Mientes! ¡Eso no puede ser cierto!

—¡Es la verdad! ¡Cómo te quedó el ojo! ¡Todo el mundo lo sabe! ¡El tío lo sabe! ¡Flor lo sabe! ¡Ahora ellos están juntos y felices en México, lejos de tu influencia!

—¡Estás mal! ¡Eso no puede ser cierto! —exclamó desesperada.

—¡Te duele la verdad! ¡Mónica y mi padre son amantes!

Amanda, indignada, le dio otra bofetada a Julia... ¡Puaf! Y otra cachetada... ¡Puaf! ¡Puaf! Y cuando quiso rematarla en ese momento...

—¡Deja en paz a mi hermana! —exclamó Flor, que vino a poner orden al asunto.

—¡Tu hermana es una inconsciente, que dice tonterías!

—¡Flor, hermana, dile a nuestra madre que Mónica y Enrique son novios! ¡Dilo!

Flor, nerviosa, estaba en un aprieto...

—¡Lo que dices no puede ser! —exclamó Amanda—. ¡No puede ser!

—Sí, es cierto, mamá... Mónica y Enrique son novios y viajaron juntos...

Amanda se llevó una fuerte impresión... Mónica, su hija, a la que entregó a su hermano al nacer, era pareja del hombre que más detestó en su vida... Enrique Cisneros... que la abandonó como un perro, sola y desamparada con sus dos hijas.

—¡Nooooooooo! ¡Noooooooooo! —exclamó Amanda, desesperada.

Amanda fue corriendo hacia la puerta... pero en la entrada se encuentra con el Padre Miguel, que la contuvo.

—¡Miguel! ¡Miguel! ¡Nuestra hija! ¡Nuestra hija! ¡Nuestra hija Mónica está con Enrique!

—Sí, Amanda, lo sé... Nuestra hija Mónica y Enrique son pareja...

Flor y Julia reaccionaban confundidas y asombradas... ¿Mónica es hija de Amanda y el Padre Miguel?

—¡Pero no puede ser! ¡Mónica es mi hija! ¡No puede enamorarse de él! ¡Y tú lo sabías! ¡Y no has podido hacer nada para evitarlo!

—¡Qué podía hacer, Amanda! ¡Si Mónica lo quería a Enrique! ¡Nadie puede influir en el destino!

—¡No puede ser! ¡No puede ser!

En ese momento, Julia se desplomó contra el piso.

—¡Julia! —exclamaron todos.

Pero, para su fortuna, solo se había quedado dormida luego de la borrachera que tuvo esa noche. Los demás la acompañaron hasta el cuarto de Julia y el Padre Miguel le pidió a su hija Flor que se quedara a dormir en la casa. Flor acarició el cabello de su madre y aceptó la petición del sacerdote. Amanda se quedó penando toda la noche... sufriendo en su infortunio, mientras que Flor sufría al ver sufrir a su mamá.

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