CAPÍTULO XXXIII (Corregido y pulido con IA)
Julia se encontraba recluida en su habitación, consumida por la amargura. La traición de Jerry, el hombre en quien había depositado toda su ilusión, se sentía como una estocada profunda en el corazón. Mientras tanto, Jerry, confundido y manipulado, se dejaba arrastrar por la insistencia de Maribel, quien aprovechaba cada segundo para atarlo a ella.+++
En la mansión Modugno, la tensión era palpable durante la cena. Don Roberto, agotado, cuestionó la ausencia de su hijo.
—¿Dónde está Jerry? —preguntó con severidad—. ¿Acaso esa tal Maribel es más importante que cumplir con sus obligaciones familiares?
—Ya, Roberto, no te pongas así —intentó calmarlo doña María—. Nuestro hijo tiene derecho a vivir su vida.
—¡Es un muchacho con suerte! —replicó Roberto—. Julia, la chica con la que salía, es admirable. Tiene clase, valores, es una muchacha que llegará lejos. Deberíamos invitarlos a ella y a sus padres.
Mientras tanto, en el apartamento de Maribel, la situación escalaba. Ella intentaba seducir a Jerry con desesperación, pero él, por momentos, intentaba recuperar la cordura.
—Ya, Roberto, no te pongas así —intentó calmarlo doña María—. Nuestro hijo tiene derecho a vivir su vida.
—¡Es un muchacho con suerte! —replicó Roberto—. Julia, la chica con la que salía, es admirable. Tiene clase, valores, es una muchacha que llegará lejos. Deberíamos invitarlos a ella y a sus padres.
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Mientras tanto, en el apartamento de Maribel, la situación escalaba. Ella intentaba seducir a Jerry con desesperación, pero él, por momentos, intentaba recuperar la cordura.
—Maribel, basta —dijo Jerry, soltándose de sus brazos—. Esto es una locura. Amo a otra persona.
—¿Te refieres a esa muerta de hambre? —escupió ella con veneno—. ¡Qué bajo has caído, Jerry! Julia no es más que una ordinaria.
—¡No vuelvas a hablar así de ella! —sentenció él—. Julia es una mujer admirable. Lo nuestro es imposible, Maribel. Lo nuestro se terminó hace años.
Sin embargo, ante la insistencia y los besos impulsivos de ella, la voluntad de Jerry comenzó a flaquear, arrastrado nuevamente por una pasión tóxica que él mismo no lograba comprender.
Al día siguiente, María Modugno se encontró casualmente con Amanda en la calle.
—Señora Amanda, ¿qué le sucede? Se le ve muy alterada —preguntó María.
—¡Lo que le hicieron a mi hija es imperdonable! —respondió Amanda, fuera de sí—. Su hijo, ese tal Jerry, engañó a Julia con la tal Virna. ¡Un sinvergüenza!
La noticia cayó como un balde de agua fría sobre María, justo cuando Mariano aparecía en escena, luciendo un elegante traje de oficina.
—¿Te refieres a esa muerta de hambre? —escupió ella con veneno—. ¡Qué bajo has caído, Jerry! Julia no es más que una ordinaria.
—¡No vuelvas a hablar así de ella! —sentenció él—. Julia es una mujer admirable. Lo nuestro es imposible, Maribel. Lo nuestro se terminó hace años.
Sin embargo, ante la insistencia y los besos impulsivos de ella, la voluntad de Jerry comenzó a flaquear, arrastrado nuevamente por una pasión tóxica que él mismo no lograba comprender.
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Al día siguiente, María Modugno se encontró casualmente con Amanda en la calle.
—Señora Amanda, ¿qué le sucede? Se le ve muy alterada —preguntó María.
—¡Lo que le hicieron a mi hija es imperdonable! —respondió Amanda, fuera de sí—. Su hijo, ese tal Jerry, engañó a Julia con la tal Virna. ¡Un sinvergüenza!
La noticia cayó como un balde de agua fría sobre María, justo cuando Mariano aparecía en escena, luciendo un elegante traje de oficina.
—¿Mariano? ¿Qué es esa elegancia? —preguntó María, sorprendida.
—He conseguido trabajo como Contador Auditor en la empresa de tu padre —explicó Mariano con orgullo—. Resulta que el señor Roberto fue compañero de estudios de mi padre. El mundo es un pañuelo.
En la iglesia, Julia buscaba refugio en el Padre Miguel.
—¡Padre, no puedo más! —sollozaba ella—. Jerry era mi vida y me mintió. Siento que no valgo nada, que todos se burlan de mí... soy bruta, soy poca cosa.
—No digas eso, hija —la consoló el sacerdote con ternura paternal—. Eres una mujer hermosa e inteligente. Lo que es para ti, volverá a ti.
En ese momento, Andreína, la sobrina del Padre Miguel, irrumpió en el recinto. Tras las presentaciones, la joven, que pronto se reuniría con su hermano Aurelio, invitó a Julia a una salida nocturna para despejarse.
A pocos metros, fuera de la iglesia, el destino cruzaba a María con Santiago Salgado.
—He conseguido trabajo como Contador Auditor en la empresa de tu padre —explicó Mariano con orgullo—. Resulta que el señor Roberto fue compañero de estudios de mi padre. El mundo es un pañuelo.
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En la iglesia, Julia buscaba refugio en el Padre Miguel.
—¡Padre, no puedo más! —sollozaba ella—. Jerry era mi vida y me mintió. Siento que no valgo nada, que todos se burlan de mí... soy bruta, soy poca cosa.
—No digas eso, hija —la consoló el sacerdote con ternura paternal—. Eres una mujer hermosa e inteligente. Lo que es para ti, volverá a ti.
En ese momento, Andreína, la sobrina del Padre Miguel, irrumpió en el recinto. Tras las presentaciones, la joven, que pronto se reuniría con su hermano Aurelio, invitó a Julia a una salida nocturna para despejarse.
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A pocos metros, fuera de la iglesia, el destino cruzaba a María con Santiago Salgado.
—¿Santiago? ¿Qué haces aquí? —preguntó ella, atónita.
—Vine a solucionar unos asuntos urgentes —respondió él, mirándola con una intensidad que la dejó sin aliento—. María, necesito preguntarte algo: ¿quieres a Alonso realmente?
—Es mi primo...
—No, no lo son —interrumpió Santiago—. Sé que tu verdadera madre fue secretaria de mi hermano Pablo. María, yo no he olvidado nuestro amor.
María, presa de un impulso irrefrenable, lo besó. Fue un beso cargado de años de silencios y verdades ocultas.
La noche prometía emociones fuertes en la discoteca Bauhaus. Maribel y Jerry llegaron acompañados por Aurelio, un viejo conocido de México que resultó ser el hermano de Andreína.
—¡No puedo creer este reencuentro! —exclamó Aurelio—. ¡Mi hermana estará aquí en pocos minutos!
Sin saberlo, todos los caminos conducían a un mismo lugar: el mismo club donde Julia intentaba olvidar sus penas, rodeada por Andreína y Sergio. La mesa estaba servida para un choque inevitable que cambiaría, de una vez por todas, el destino de todos los presentes.
—Vine a solucionar unos asuntos urgentes —respondió él, mirándola con una intensidad que la dejó sin aliento—. María, necesito preguntarte algo: ¿quieres a Alonso realmente?
—Es mi primo...
—No, no lo son —interrumpió Santiago—. Sé que tu verdadera madre fue secretaria de mi hermano Pablo. María, yo no he olvidado nuestro amor.
María, presa de un impulso irrefrenable, lo besó. Fue un beso cargado de años de silencios y verdades ocultas.
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La noche prometía emociones fuertes en la discoteca Bauhaus. Maribel y Jerry llegaron acompañados por Aurelio, un viejo conocido de México que resultó ser el hermano de Andreína.
—¡No puedo creer este reencuentro! —exclamó Aurelio—. ¡Mi hermana estará aquí en pocos minutos!
Sin saberlo, todos los caminos conducían a un mismo lugar: el mismo club donde Julia intentaba olvidar sus penas, rodeada por Andreína y Sergio. La mesa estaba servida para un choque inevitable que cambiaría, de una vez por todas, el destino de todos los presentes.



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