CAPÍTULO XXVIII (Corregido y pulido con IA)


CAPÍTULO XXVIII (Corregido y pulido con IA)

Flor se divertía saliendo con Pablo. Ambos se veían felices y enamorados, y daban rienda suelta al gran amor que se tenían los dos. Por las noches, ella se entretenía saliendo a las discotecas y bailando toda la noche junto a su gran amor. Pero no faltaban los periodistas y paparazzis dispuestos a conseguir alguna primicia para alguna revista o programa de TV.

—¡Otra vez! —exclamó Pablo—. ¡Mejor nos vamos de aquí!

—¿Y de qué te molestas tanto, amor? —exclamó Flor—. ¿Acaso no eres un hombre público? ¡Ellos están haciendo su trabajo!

—¡Pero es que no me dejan hacer nada! ¡Ya estoy harto de los periodistas!

—¡Pablo! ¡No te olvides de que yo también soy periodista!

—¡No es eso, Florcita! ¡Es que no puedo salir a ningún sitio! ¡Y yo quiero mi privacidad!

—¡Bueno, lo hubieras pensado antes de aceptar este negocio!

—¡Pero, amor! ¡Claro que sé las circunstancias, pero yo quiero disfrutar la vida con tranquilidad!

Entonces, Flor coloca sus brazos sobre los hombros de él y le habla fijamente a los ojos, con coquetería.

—Está bien, amorcito. Tienes razón. Entonces, ¿qué te parece si salimos y vamos a un lugar para estar solos?

Pablo toma a Flor de las manos y los dos se retiran de la discoteca. Se suben al auto de Pablo y se dirigen rumbo a la Costa Verde. Camino a la Costa Verde, Flor enciende la radio para escuchar algo de música y se escucha una canción de Thalía:

"Por amor te sueño, por amor te entrego / ven, ven y dame tu ternura... / hoy quiero bailar prendida a tu cintura..."

—¡Ay! —exclamó Flor, emocionada, mientras subía el volumen—. ¡Es mi canción favorita!

Y se ponía a bailar en su asiento mientras le coqueteaba a Pablo, que estaba manejando.

—¡Cuidado, Florcita! ¡No me molestes, que estoy manejando!

—¿Te gusta Thalía? —preguntó Flor.

—Sí, claro —respondió—. ¡Tengo el gusto de conocerla en persona y me pareció una chava padrísima!

—¿Chava padrísima?

—Así llamamos en México cuando una persona es muy buena onda. Quiero decir que es una chica muy buena gente. Además, es muy bella físicamente.

—¿Es verdad eso de que se quitó una costilla para tener una cintura estrecha?

—Bueno, eso dicen. Pero, la verdad, yo no lo creo. Y tú, Florcita, ¿te has hecho alguna cirugía?

—¡No! ¡Dios me libre! —contestó—. ¡Todo lo que tengo es mío y al natural!

—Yo sí me hice una cirugía —dijo—. En las orejas: me las achiqué un poquito; es que no me gustaba que me llamaran Dumbo.

—¡Ja! ¿Te llamaban Dumbo?

—Así es —dijo, avergonzado.

Finalmente, en plena noche y bajo la luz de la luna, llegan a su destino y deciden estacionar el auto en una playa desierta. Se recuestan en la parte de adelante del auto, con las puertas abiertas. Flor decide cambiar la estación por una que pase música más romántica, y encuentra una de baladas en inglés. Pablo no quería que sintonizara ninguna emisora en castellano por temor a que programaran una canción suya, ya que a él no le gusta escucharse a sí mismo.

Se escucha "From This Moment On" de Shania Twain.

—¿Esa música está bien? —preguntó ella.

—Sí, claro. Es muy buena —contestó.

—¿Por qué no te gusta escucharte en la radio?

—Simplemente me siento incómodo... No sé, no me gusta.

En ese momento, como cambiando la conversación, Flor desvía la atención hacia el mar.

—¡Mira, Pablo! ¡El mar está tranquilo, la noche está serena! Pero veo pocas estrellas...

—Así es... Qué tranquilidad, qué paz —dijo él, levantando las manos.

—Oye, Pablo...

—Dime, Florcita, ¿qué es lo que quieres decirme?

—Estee... ¿Dónde están tus padres? ¿Por qué no vinieron a Lima?

—¿Mis padres? —respondió nervioso—. Bueno, ellos están separados y cada uno vive en lugares diferentes. Mi papá vive en España con su segunda esposa y mi mamá vive en Nueva York con su segundo marido. Es que cuando se separaron, todos tomamos rumbos opuestos y cada uno se fue por su lado. Mis hermanos y yo nos fuimos a Miami a vivir arrimados con una tía que, mal que bien, nos ayudaba económicamente. Luego, Juan y yo viajamos a México y el resto creo que ya lo sabes: yo me volví cantante profesional y Juan divide su tiempo entre Miami y México.

—Pero, entonces, ¿no ves a tus padres?

—En ocasiones especiales nos vemos, pero, la verdad, ¡ellos hacen su propia vida!

—¿Y de qué viven tus hermanos?

—Bueno, ahora que soy cantante yo los ayudo a mantenerse económicamente; además, los ayudo a pagar la universidad. Precisamente, Juan ha decidido continuar su carrera aquí en Lima. Parece que está enamorado.

—¿Y tu tía? ¿Qué pasó con ella?

—¡Ella vive su vida!

—Bueno, en mi caso, yo prácticamente me crié sin padre. Solo mi mamá ha sabido ser padre y madre para mi hermana y para mí. Increíblemente, este padre aparece luego de mucho tiempo...

—No debe ser fácil aceptar a Don Enrique como padre. Pero quiero que sepas que allá en México. Don Enrique siempre me hablaba de ti con mucho orgullo, pero, a la vez, con un sentimiento de culpa. Por eso, cuando nos enteramos de que veníamos al Perú, lo primero que hizo fue buscarte a ti y a tu hermana.

—Yo sé que es verdad, porque en el fondo sé que es una buena persona que fue víctima de las circunstancias. Pero, la verdad, me cuesta aceptarlo, sobre todo cuando me acabo de enterar de que no soy realmente su hija.

—¿No eres su hija? —exclamó Pablo, asombrado—. Entonces, ¿quién es tu padre?

—El general Pedro Gustavo Domínguez.

Pablo se quedó con la boca abierta del asombro.

—¿Te imaginas ahora que mi vida ha sido toda una farsa? Mi madre se casó con Don Enrique para que tuviera un padre. Pero no hablemos más de mi vida, que me hace mucho daño; mejor miremos el mar.

En ese momento, Flor se entusiasma al ver el mar y decide correr aparatosamente por toda la arena, mientras se va sacando sus zapatos de tacón. Pablo va tras ella, tratando de darle alcance.

—¡Florcita! ¡Espera! ¡No vayas tan rápido!

—¡Aagárrame si puedes! —respondió Flor, corriendo sobre la arena.

Finalmente, Flor siente que el agua del mar pasa por sus pies y comienza a liberarse de sus tensiones, levantando los brazos y gritando entusiasmada:

—¡Soy libre! ¡Qué felicidad!

Se agacha un poco para coger agua salada con sus manos, comienza a salpicar por todas partes y a jugar un rato con el agua.

—¡Uauu! ¡Pablo, ven! ¡Uauuuu! ¡El agua está deliciosa!

Pablo, finalmente, le da alcance y la coge de la ropa y, aunque se siente incómodo porque el agua está muy fría, la abraza fuertemente. En ese momento, se miran fijamente a los ojos, juntan sus labios y se dan un apasionado beso en la boca, dando rienda suelta al gran amor que sentían los dos. Siguieron besándose mientras se dejaban caer sobre la arena. Él acariciaba suavemente su cuerpo, su rostro y su cabello, como si estuviera acariciando los pétalos de una flor que no quería dejar escapar porque la quería demasiado.

+++

Al día siguiente, las rotativas de la prensa amarillista ya daban la gran noticia sobre las salidas entre Pablo Salgado y Flor Cisneros, y comenzaban las especulaciones y chismes sobre la bella acompañante que estaba con el famoso artista: ¿Quién es esa chica? ¿Dónde trabaja? ¿Cómo la conoció? ¿A qué se dedica? ¡Qué suerte tiene ella! Y también se preguntaban las razones de por qué Pablo terminó con su novia Mariana para estar con Flor. Aquellos rumores y chismes llevaron a los jefes de Flor a tomar drásticas medidas.

—¡Hay que sacar a Flor de la empresa! —exclamó el editor en jefe—. ¡Es una vergüenza para la integridad de nuestro diario!

—¡Es cierto eso! ¡Ella todavía no se ha reportado a trabajar! ¡Se ha tomado unas vacaciones muy largas! ¡Hay que sacarla!

En ese momento, viene un reportero apresurado a conversar con los señores editores.

—¡Un momento! ¡Flor se ha convertido en toda una celebridad! ¡Todo el mundo quiere saber de ella! ¡Miren lo que dicen los diarios de la competencia sobre lo que dice la gente de nuestra Flor Cisneros!

En ese momento, la amargura de los editores se convirtió en alegría y, de inmediato, llamaron a las rotativas de prensa para que lanzaran la noticia de que la muchacha que lo acompañaba era una periodista de la revista llamada Flor Cisneros.

Mientras tanto, Flor volvió a salir, esta vez al Centro Comercial Jockey Plaza, un centro exclusivo de la ciudad. Unos muchachos la ven y la confunden con otra persona.

—Perdón, ¿eres una modelo argentina?

Flor, dándose ciertos aires de arrogancia, respondió que no.

—Perdónenme, pero ustedes me confunden con otra persona. No soy una modelo argentina. Me llamo Flor Cisneros.

—¡Oh, discúlpanos!

—No se preocupen —dijo Flor—. ¡Todo el mundo me confunde! ¡Pero yo soy mucho más bonita!

—¡Eso ni dudarlo! —exclamaron los muchachos al unísono.

En ese momento, se acerca Pablo, abraza fuertemente a Flor y los muchachos se retiran.

—¡Amor! ¿Qué sucede aquí?

—¡Nada, amorcito! ¡Es que estos muchachos creen que soy una modelo argentina!

En ese momento, se acerca un grupo de chicas y reconocen a Pablo.

—Perdón —dijo una de ellas—, ¿eres Pablo Salgado, el cantante?

—¡No! —dijo Pablo en tono irónico—. Ustedes me confunden con otra persona. Yo soy... ejem... Pablo Montero.

Las chicas se desanimaron.

—¡Pero yo también soy actor y cantante! —dijo en tono vacilante.

Las chicas, frustradas, se retiraron. Pablo Salgado estaba con una sonrisa de oreja a oreja luego de haber logrado ahuyentar a las fanáticas. Pero Flor se indignó por su reacción.

—¡Pablo Salgado! —exclamó Flor con indignación—. ¡Por qué tienes que burlarte de esa manera de esas chicas! ¡No ves que les estás matando la ilusión!

—Pero, amorcito, necesito caminar tranquilo por las calles.

—¡Nada! ¡Tú tienes que ser más agradecido con tu público!

En ese momento, se acerca una reportera.

—¡Pablo! ¡Una nota para nuestro periódico!

—¡No, gracias! —dijo en tono cortante.

—¡Un momento! —intervino Flor—. ¡Hágansela a mí, entonces!

—¿Y quién eres tú? —preguntó la reportera.

—Mucho gusto —dijo Flor, dándole la mano a la reportera y al fotógrafo—. Me llamo Flor y soy su enamorada. Además, también soy periodista como tú.

Y la reportera decidió hacerle la nota. Pablo trató de hacerse a un lado, pero de inmediato Flor lo contuvo, le dio la mano e hicieron la nota mientras les tomaban algunas fotos. Luego vinieron otros reporteros, pues no querían perderse la ocasión.

Pero Flor cuidaba bien sus respuestas y trataba de no revelar más datos sobre su vida, pues quería alistar una nota para su diario sobre su romance con Pablo. Llamó desde su celular a sus editores y, por supuesto, le dieron la aprobación. Entonces, le pidió al Jabancho que se la hiciera.

—¡Arturo! —dijo Flor—. ¿Quieres ser periodista? Entonces esta es tu oportunidad: tienes que hacer una nota sobre mí.

—¡Por supuesto, Flor! —dijo Jabancho—. ¡Yo haría cualquier cosa por ti!

+++

En ese momento, recordaron cuando, mucho tiempo atrás, Flor perdió al bebé y fue el mismo Jabancho quien se encargó de llevarla hasta el hospital y se quedó allí hasta que le dieron de alta. A partir de entonces, ambos tuvieron un breve romance en secreto. El Jabancho estaba emocionado con la propuesta de Flor y, de inmediato, le hizo la nota que firmó con su nombre completo: Arturo Martínez Gonaeche, hijo (alias Jabancho), con la siguiente introducción:

"Algunos dirán que se parece a una modelo argentina. Pero lo cierto es que Flor María Cisneros Pérez, o Flor como la llaman sus amigos, es mucho más que las tres juntas, porque ella es una persona especial, sincera, cariñosa, amable, dispuesta a ayudar a quien lo necesita y a dar todo de sí misma para sacar adelante a su familia y amistades."

La nota salió tan buena que lo contrataron en el diario y, finalmente, el Jabancho logró cumplir su más anhelado sueño: trabajar como periodista.

A partir de entonces, Flor se convirtió en toda una celebridad y todos los fanáticos, cuando la veían salir con Pablo, le pedían fotos y autógrafos a ella. Incluso salía sin discriminación en todos los programas de televisión de todos los canales de la gran ciudad, así como en obras benéficas. Flor era famosa y a ella le gustaba disfrutar de su fama, ya que todas las chicas se identificaban con ella y con su historia de cómo una chica normal pudo conquistar a un artista famoso.

—Todo es posible si te lo propones —decía la orgullosa Flor a su nueva legión de fanáticos.

En todas partes no se hablaba de otra cosa que de Flor Cisneros: prensa, radio, televisión. En todo lugar, para bien o para mal, se hablaba de Flor. Los muchachos del barrio estaban orgullosos, pero algo celosos de que su adorada Flor se convirtiera en personaje público.

—¡Uy, chocheras! —dijo Piolín, hojeando un diario—. ¡Flor sí que se ha hecho muy popular!

—¡Me siento orgulloso por ella! —dijo el Cholón—. ¡Ella se lo merece!

En ese momento, viene Simón Hinojosa, el Coco Plano.

—¡Compadrito Coco Plano! —dijo Piolín—. ¡Dichosos los ojos que te ven! ¿Se enteró de lo de Flor?

—Así es —dijo Simón—. Me alegra mucho. Yo sabía que ella iba a llegar lejos. Pero lo único que no me gusta es que se haya fijado en ese Pablo Salgado. ¡Yo no le veo mucho a ese romance! ¡Para mí, todo eso es publicidad!

En ese momento, la radio tocaba la canción "Procura", interpretada por el artista dominicano Chichi Peralta:

"Procura coquetearme más (y no reparo de lo que te haré) / Procura ser parte de mí (y te aseguro que me hundo en ti)."

—¡Uy, compadres! —exclamó Piolín—. ¡Esa es la canción de Flor!

—Así es —dijo Simón, pensativo.

En ese momento se acercaba Flor, con un peinado con cerquillo, blusa escotada con florcitas y minifalda de jean para exhibir esas curveadas piernas que tenía.

—¡Hola, chicos! —dijo Flor en tono coqueto—. ¿Cómo están?

—¡Hola, Flor! —exclamaron Piolín y Cholón, excitados y al unísono—. ¡Estamos bien!

—Hola, Flor —dijo Simón, seriamente.

En ese momento, ella se quedó mirando detenidamente a Simón, a quien no había reconocido.

—Perdón, señor, ¿lo conozco a usted?

—Soy Simón Hinojosa —respondió seriamente—, al que le dicen Coco Plano.

Flor se quedó boquiabierta al ver la transformación de Simón y, emocionada, le dio un beso en la mejilla y lo felicitó por su cambio.

—¡Simón! ¡Te felicito! ¡Estás churrísimo!

Y ella se quedó a conversar un rato con sus amigos para demostrarles que la fama no se le había subido a la cabeza.

Flor era tan famosa que empresarios y productores estaban interesados en contratarla para algún programa de TV, ya sea como presentadora, entrevistadora o en un papel secundario en alguna telenovela.

Ramón Augusto manejaba en su taxi a dos famosos empresarios que buscaban contratar a Flor.

—Perdón, disculpen la molestia, ¿ustedes buscan a Flor Cisneros?

—Así es —respondió uno de los productores—. ¿Tú sabes dónde vive?

—¡Clarinete, pues! —dijo Ramón Augusto—. ¡Ella vive en mi barrio! ¡Si quieren, ahorita mismo los llevo!

Y de inmediato, Ramón Augusto llevó a los señores rumbo al barrio donde vivía Flor, y conversaron con ella para proponerle que fuera la presentadora de un talk show, ofreciéndole una buena paga. Flor, sin vacilación, aceptó la propuesta y de inmediato abrazó de felicidad a todos sus amigos, incluyendo a Ramón Augusto.

En ese momento aparecía Pablo Salgado.

—¡Flor! —exclamó con cara de celoso—. ¡Qué está pasando aquí! ¡Por qué abrazas a ese tipo!

—¡Amorcito! —exclamó Flor, abrazándolo de alegría—. ¡No te pongas celoso, que no te queda! ¡Los estaba felicitando porque me ofrecieron un trabajo para animar un talk show!

—Qué bien... ¡Felicitaciones! —dijo con aparente frialdad.

Y le dio un beso en la boca. Flor lo sujetó con todas sus fuerzas y le imprimió mayor deseo a sus besos.

+++

Mientras tanto, Julia se encontraba en clases de la universidad y el profesor le hace una pregunta:

—A ver, Amanda —le dice el profesor a Julia—, ¿sabes la respuesta?

Julia no hacía caso, pues pensaba que estaba llamando a otra persona.

—¡Amanda! ¡Te estoy hablando!

—¿Me habla a mí, profesor? —preguntó Julia, con extrañeza. Sus demás compañeros se burlaban de ella.

—¡Sí, Amanda! ¡Te estoy haciendo una pregunta!

—Perdón... ejem... pero mi nombre es Julia, no Amanda.

—¿No te llamas acaso Julia Amanda Cisneros?

—Sí, pero es que... —dijo avergonzada—, no me gusta que me llamen Amanda... Profesor.

—Pero ¿por qué? Si me parece un nombre muy bonito. Además, le queda mejor a tu persona.

—Es que... snif... así se llama mi mamá.

—Bueno, Amanda, ¿tienes la respuesta?

—¿Cuál es la pregunta?

Los demás compañeros se reían de la pobre Julia. En ese momento sonó el timbre de cambio de clase y rápidamente cogieron sus libros. Julia agarró sus libros y también se retiró.

De pronto, guiada por la curiosidad, escucha la conversación de unas compañeras que hablaban sobre Pablo Salgado y su nueva enamorada, Flor Cisneros.

—¿Vieron a la nueva chica que está con el cantante Pablo Salgado, la tal Flor Cisneros?

—¡Me parece poca cosa para él! ¡Y se ve que es una zarrapastrosa, de baja clase!

—¡Debe ser una interesada! ¡Seguro que está con él por su dinero!

—¡No hablen así! —intervino Julia, indignada—. ¡Mi hermana no es ninguna interesada!

—Oye, Amanda, ¿esa tipa es tu hermana?

—¡Sí es mi hermana! ¡Y no me llamen Amanda, que mi nombre es Julia!

Julia se puso cabizbaja.

En ese momento aparece Jerry Modugno, su enamorado, y consuela a Julia. Las estudiantes quedaron boquiabiertas al verlo con Julia y no podían creer que semejante partido de hombre estuviera con una muchacha insignificante como ella.

—Señoritas, ustedes saben qué le han hecho a mi enamorada —exclamó Jerry.

—Perdón, ¿eres Jerry Modugno, hijo del empresario Roberto Modugno?

—Así es. Mucho gusto.

Las muchachas se retiraron sorprendidas por la noticia. Julia comenzó a llorar amargamente.

—Y ahora, ¿por qué lloras, mi amor? —dijo Jerry, recostándola sobre su hombro.

—¡Es que nadie me quiere a mí! ¡Para todos soy una inútil y se burlan de mí!

—Vamos, mi capullito —dijo, mientras la miraba fijamente a los ojos y le rozaba las mejillas—. No le hagas caso a esa gente que habla por hablar. Tú eres una muchacha especial y digna de admiración y respeto. Además, eres la mujer a quien más quiero en esta vida. Te quiero mucho, mi amor.

Y le da un beso en la frente.

Las sensibles palabras de Jerry tranquilizaron a Julia y ella lo abrazó fuertemente. Ambos caminaron por los pasadizos de la universidad. Rato después, Jerry dejó en su Porsche a Julia en su casa.

—Llegamos, mi capullito —dijo Jerry—. Esta es tu casa.

—¿No gustas pasar un ratito? —dijo asomándose por la ventana.

—No, gracias. Tengo muchas cosas que hacer. Por ejemplo, tengo que recoger a María en la academia.

—Está bien. Saludos a María y a tus padres.

—Se los haré llegar. También mándale mis saludos a tu mamá y a tu hermana.

—¡Claro!

Los dos se miraron fijamente a los ojos. Ella estaba sonriente. De pronto, decidió estirarse un poco para darle un beso en la boca. Él la ayudó, tratando de estirarse, para luego juntar los labios y darse un beso de despedida. Julia se retiró rumbo a la puerta de su casa, donde la estaba esperando su mamá con cara de pocos amigos.

+++

Pero en una esquina, Jerry hace una parada para comprar cigarrillos cuando, de pronto, se le acerca Virna por detrás y lo sorprende con un beso en la boca.

—¡Hola, amorcito! ¿Cómo has estado?

—¡Por favor, Virna, no sigas, que la gente nos puede mirar!

—¿Y eso te molesta?

—Es que no es bueno que me vean contigo.

—Pero, amorcito —dijo, colocando sus brazos sobre los hombros de él—, yo quiero demostrar mi cariño. ¿Acaso tú no me quieres? ¿O es que todavía sigues enamorado de Julia Cisneros?

—¡Por favor, no metas a Julia en todo esto! ¡Ella qué culpa tiene!

—Ninguna. Pero yo creo que deberías sincerarte con ella y decirle lo nuestro.

—¡Por favor! ¡A Julia le dolería en el alma! ¡Ella es muy sensible!

—Entonces la quieres, ¿verdad? ¡Dime la verdad!

Jerry respiró hondo y, sin titubeos, le contestó:

—Sí, Virna. Yo sigo amando a Julia.

Entonces Virna, indignada, le dio una tremenda bofetada a Jerry, dio media vuelta y se retiró.

+++

Mientras tanto, Julia llegó a su casa, donde la estaba esperando su mamá, la señora Amanda, que estaba angustiada.

—¡Mamá! ¿Sucede algo?

—¡No me hables! ¡Estoy reventando por lo que acabo de enterarme en el salón de belleza! ¡Pero ya verá cuando venga tu hermana! ¡Ya me va a oír!

—Pero ¿qué pasó? ¿Es sobre su romance con Pablo Salgado?

—¡Cállate! ¡Esto es algo que no te incumbe!

En ese momento llegó Flor con Pablo Salgado.

—Hola, mami, ¿cómo estás?

—¡Fuera de acá, jovencito! —exclamó Amanda—. ¡Usted y mi hija no pueden verse!

—Pero, mami, ¿por qué estás así con Pablo?

—¡No quiero que estés junto con ese muchacho! ¡Así que regrese por donde vino!

Pablo, cabizbajo, se despidió con un beso en la boca y se retiró de la casa de Amanda.

—Ahora sí, mamá, ¿por qué de repente te portas de esa manera con Pablo?

—¡Es por esto! —exclamó Amanda, mostrando una nota en la que se mencionaba el romance del cantante Pablo Salgado con Flor Cisneros, la hija de su representante Don Enrique Cisneros.

—Flor, ¿por qué no me dijiste nada de que ese muchacho trabaja con Enrique Cisneros? Eso quiere decir que me has desobedecido y te has estado viendo con Enrique Cisneros. ¡Cuántas veces te tengo que decir que no te metas con Enrique Cisneros! ¡Ese hombre es un infeliz que hizo nuestras vidas miserables!

—Enrique es un buen hombre.

—¡Es un desgraciado, eso es lo que es! ¡Y te prohíbo terminantemente que vuelvas a ver a Pablo Salgado, y mucho menos a Enrique Cisneros!

—Pero no metas a Pablo en todo esto: él es inocente y yo lo amo.

—¡Nada! ¡Tú no puedes amar a nadie que tenga que ver con Enrique Cisneros! ¡Y te prohíbo que lo vuelvas a ver!

—¡Bah! ¡Tú no me puedes prohibir nada! ¡Soy mayor de edad! ¡Y me voy de la casa! ¡Adiós!

Flor salió de su casa y tiró fuertemente la puerta, dejando a Amanda malhumorada, pero asegurando que a Flor se le pasará el mal humor y regresará muy pronto. Pero Julia trató de encarar a su madre.

—¡Mamá! ¿Por qué eres así con Flor y Pablo? ¿No te das cuenta de que se quieren?

—¡Ella no puede verse con ese muchacho! ¡No puede! ¡Porque trabaja junto a Enrique Cisneros!

—Pero ¿por qué eres así con papá? ¡Él es muy buena persona!

—¡Cómo puedes decir que ese hombre sea bueno, luego de que nos abandonó en la más absoluta miseria, sin importarle si hemos comido bien o si vivimos bien! ¡Él sí puede darse ciertos lujos, comer con gente famosa, mientras nosotras nos pudrimos en esta pocilga, soportando malos tratos de la gente!

—¡Pero Enrique está cambiando! ¡Ahora quiere ayudarnos! ¡Por ejemplo, él me paga los estudios de la universidad!

En ese momento, Amanda comienza a enervarse mucho más luego de que la inocente Julia metiera la pata.

—¡Qué cosa! —exclamó Amanda—. ¡Qué has dicho!

—¡Ooops! ¡Perdóname, mamá, no quería que te enteraras! —exclamó avergonzada.

—¡O sea que tú también te entiendes con ese imbécil! ¡No puedo creerlo! ¡Mis dos hijas me están traicionando!

—¡No te estamos traicionando! ¡Solo queremos estar también con nuestro padre!

—¡Cállate, desgraciada!

Y, con todas sus fuerzas, le tiró una bofetada. Julia, despechada, se retiró de la casa. Amanda se sentó a llorar desconsoladamente tras la supuesta traición de sus dos hijas.

+++

Mientras tanto, saliendo de la casa, Flor le dio alcance a Pablo, lo abrazó fuertemente y le dio un intempestivo beso en la boca, dejándolo perplejo por su repentina reacción.

—¡Pablo! ¡Vámonos de aquí! ¡Vámonos lejos! ¡Yo ya no quiero estar aquí!

—Pero ¿qué pasa? ¡Tranquilízate, por favor, que me preocupas!

—¡Mi mamá no quiere que nos veamos porque tú trabajas para Enrique Cisneros! —y comenzó a abrazarlo fuertemente—. ¡Pero yo te quiero, Pablo, te quiero con toda mi alma y no quiero separarme de ti!

—No es bueno que discutas con tu madre por mí.

—¡No y no! ¡Yo te amo! ¡Y quiero estar contigo!

—Está bien, vamos en mi auto.

En ese momento viene Julia, caminando apurada, cubriéndose el moretón con su cabello.

—¿Puedo ir con ustedes también?

—Hermanita, no me digas que también discutiste con mamá.

—Sí, es que se me escapó y le dije que él me pagaba la universidad... ¡y me pegó!

—Vámonos, hermanita —dijo Flor, abrazándola—. Vámonos lejos de aquí.

Las dos hermanas se subieron al auto de Pablo y, de inmediato, dejaron el barrio.

+++

Mientras tanto, Amanda está en su casa, sola y decepcionada por la actitud de sus hijas; decidió vengarse de una vez por todas de Enrique Cisneros y alejarlo para siempre de su vida y de la de sus hijas. En ese momento tocan la puerta. Amanda se acerca a abrir, mira por el orificio para ver quién estaba allí y ve la tierna mirada de María Modugno. Amanda se tranquiliza y abre la puerta.

—Hola, María, ¿cómo estás? Julia no se encuentra en este momento. Pero pasa.

—¡Vaya, qué lástima! ¡Porque quería invitarla al cine! ¡Van a estrenar una película buenaza! ¿Se va a demorar?

—No lo sé. Ni creo que regrese.

—Pero ¿pasó algo con su hija, señora Amanda?

—Discutimos y ella se fue de la casa.

—¡Qué lástima! ¡Pero no se preocupe, que todo se va a solucionar! Y Flor, ¿cómo ha tomado todo esto?

—¡Ella también se ha ido de la casa! ¡Todo por culpa de Enrique Cisneros, mi exmarido y padre de mis hijas, que se fue de nuestras vidas para regresar, y ahora que ha regresado ¡quiere quitármelas!

En ese momento, María se sienta a su lado para ofrecerle consuelo.

—Ya, ya, señora Amanda, no sufra más, que todo se va a solucionar. Sus hijas la quieren mucho y ya verá que muy pronto volverán a estar a su lado. Tenga paciencia.

—No, no... ¡Qué hice yo para merecer esto! ¡Por qué mis hijas me dan la espalda!

—Ya, tranquila, señora Amanda; voy a prepararle una manzanilla para que se relaje. Pero, mientras tanto, tranquila, recuéstese, mire un poco de televisión y ya no piense más en tonterías.

Amanda decidió obedecer a María y, casi de inmediato, se tranquilizó. María fue a la cocina a hervir la tetera para preparar la manzanilla. Poco a poco, Amanda se encariñaba con María.

+++

Mientras tanto, Pablo deja a Flor y a Julia en el apartamento de Enrique, pero, al llegar, encuentran a Don Enrique junto a Mónica, quienes deciden separarse para guardar las apariencias. De inmediato, Flor y Julia le cuentan a Mónica lo sucedido con Amanda, y Mónica se ofrece a actuar como intermediaria para lograr amistar a Amanda con sus hijas.

—Gracias, prima, por lo que haces por nosotras —dijo Flor—, pero creo que va a ser tarea imposible.

—¡No! ¡No puedo soportar ver desunidos a mis familiares! ¡Así que yo hablaré con la tía Amanda y solucionaré este asunto! ¡Solo confíen en mí, primas!

—Pero no queremos involucrarte más en esto —dijo Julia—. Después de todo, tú también estás metida en este embrollo.

—Es cierto —intervino Don Enrique—. ¡Ella no sabe que tú eres mi secretaria y no sé hasta cuándo vamos a guardar el secreto!

—¡La tía nunca se enterará de que yo trabajo para ti! ¡Confíen en mí!

De inmediato, Mónica decide salir del apartamento de Enrique en el auto de Pablo, quien se ofreció a llevarla junto con Flor, y se dirigieron rumbo a la casa de Mónica.

Finalmente, al llegar a la casa de Amanda, Mónica se despide de Flor y Pablo e ingresa a la vivienda, donde Amanda, emocionada y acompañada por María Modugno, abraza fuertemente a su supuesta sobrina al verla nuevamente. Mónica consideró poco prudente hablarle de Flor y Julia en ese momento y decidió, entonces, tranquilizarla.

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