CAPÍTULO XXVI (Corregido y pulido con IA)


CAPÍTULO XXVI

Mariano caminaba, triste y cabizbajo, por las calles del barrio, luego de que Flor le confesara que había esperado un hijo suyo y que lo había abortado. En ese momento, se acerca Jabancho.

--¡Compadrito Mariano! ¡Qué pasa! ¡Por qué estás con esa carabina de Ambrosio!


--No es nada... Jabancho... me acabo de enterar de un hecho atroz...


--¡Pero de qué se acaba de enterar, compadrito! ¡Cuente, cuente, que soy todo oídos!

--¡Nada! ¡No le voy a contar nada porque usted es muy chismoso...! ¡Y me voy!

En ese momento, Mariano se retiró y Jabancho decidió caminar hacia otra esquina cuando, de pronto, divisa a Flor, quien se reía y abrazaba con Pablo.

--¡Flor!-, exclamó Jabancho, -¡Dichosos los ojos que te ven! ¿Hace cuánto tiempo llegaste?

--Llegué antes de ayer, Arturo. Gracias. Mira, aquí estoy con Pablo Salgado...

--¡Caray! ¡No me digas que tú y Pablo...!

Flor y Pablo los miran dichosos.

--Así es, Arturo-, dijo Flor, -Pablo y yo somos pareja.

--Pues... ¡Felicitaciones!-, exclamó Jabancho, estrechando las manos de Pablo y dándole un beso en la mejilla a Flor, -¿Será por eso que el compadre Mariano estaba muy enojado?

--¡No!-, exclamó Flor, -Mariano no sabe todavía que Pablo y yo somos pareja...

--¿Y entonces, por qué el compadrito Mariano estaba tan azabache, es decir, asado?

--Es que...-, explicó Flor, respirando hondo y titubeando, -él ya se enteró de lo del bebé.

Pablo y Jabancho se quedaron atónitos por la noticia.

--¿Amor?-, dijo Pablo, -¿De qué bebé me estás hablando?

--Creo que si vamos a ser pareja, es necesario que no haya secretos entre los dos, amorcito-, dijo Flor, -Yo tuve un romance secreto con Mariano, quedé embarazada y yo...-, ella comenzó a lagrimear, -perdí el bebé.

Pablo se quedó atónito con la noticia.

--Perdóname, Pablo.

--No te preocupes, Flor. Gracias por contarme.

Pablo acarició la mejilla de ella y, poco a poco, juntaron sus labios hasta besarse. Jabancho suspiró por aquella enternecedora escena.

+++

En ese momento, se acerca el Padre Miguel.

--¡Arturo! ¿Por qué suspiras tanto?

--¡No lo ve, Padre Miguel! ¡Flor y Pablo son enamorados!


En ese momento, el Padre Miguel felicita a la feliz pareja y les da la bendición.

--Has escogido a una buena muchacha, Pablo... Cuídala mucho. Ella necesita mucho cariño.

--Gracias, Padre-, dijo Pablo, sonriente.

En ese momento, se acerca Julia, caminando con la cabeza gacha y los hombros encogidos.

--¡Julia!-, intervino Jabancho, -¡Mira la última! ¡Flor y Pablo son enamorados!

--Ya lo sabía, Jabancho... Más bien, Paula te está buscando...

Jabancho se retira despidiéndose de los demás.

--Hola, hermanita-, dijo Flor, saludando a Julia, -¿Hacia dónde te diriges?

El Padre Miguel puso una mirada atónita.

--Perdón, ¿son hermanas?

--¡Cómo, Padre!-, exclamó Flor, -¡Recién se da cuenta! ¡Julia y yo somos hermanas!

--E... es que no pu... puedo cree... creerlo... Julia y tú... hermanas... o sea, tú eres hija de Amanda...

--Así es, Padre Miguel. Somos hijas de Amanda Pérez-, dijo Flor.

--Padre, ¿acaso no sabía que Flor era mi hermana?-, preguntó Julia.

--Es que... son tan diferentes de carácter... tan diferentes físicamente...

--Pues ahora lo sabe... Padre Miguel-, dijo Flor.

El Padre Miguel miró a Flor y Julia sonrientes y, luego, se excusó para retirarse de su vista. Todavía pensando en aquella jugada del destino y lo que son las circunstancias: tanto tiempo en el barrio y nunca se enteró de que Flor y Julia eran hermanas; y es que Flor nunca le reveló su apellido, además de que se conocían en diferentes circunstancias. Julia era más bien taciturna, callada y casi nunca hablaba con el Padre. En cambio, Flor era algo misteriosa. Y siempre ha sido así desde aquella noche en que el Padre Miguel conoció a Flor en una esquina.

+++

Una noche, hace mucho tiempo, el Padre Miguel se había dado una de sus escapadas nocturnas, vistiendo anteojos oscuros y sombrero de ala ancha para no ser reconocido, cuando, en ese momento, vio a Flor parada en una esquina y se quedó perplejo por su belleza. Ella estaba vestida con un atrevido escote y un vestido rojo con minifalda, y andaba cubierta de maquillaje, lo cual la hacía ver mayor. Al verla, el Padre se quedó perplejo con su belleza, pero, en ese momento, se acercó un individuo violento y le comenzó a dar una tremenda bofetada. El Padre, herido en el amor propio, cogió al individuo de las ropas y le quiso dar una cachetada pero, en ese momento, se acordó de su vocación de sacerdote y se abstuvo de hacerlo. El individuo quiso darle un golpe, pero logró ver su cuello de sacerdote y, pidiendo disculpas, se retiró. El Padre levantó a la bella muchacha.

--¿Estás bien?

--Sí-, dijo temerosa.

--No temas... no te voy a hacer daño... pero dime, ¿qué hace una bella chica como tú a estas horas? ¿No deberías estar en tu casa?

--No.

--Nunca te había visto por aquí... ¿Eres nueva en el barrio?

--Sí.


--¿Cómo te llamas?

--Flor.

--¿Flor qué?

--Me llamo Flor.

--Mucho gusto, Flor. Soy el Padre Miguel y quiero ser tu amigo. ¿Dónde vives?

Flor se quedó callada.

--Bueno... entiendo que no quieres hablar conmigo. Pero, bueno, anda a tu casa. Tus padres pueden estar preocupados por ti.

En ese momento, Flor fue corriendo rápidamente hacia su casa. Hasta que se detuvo, volteó la cabeza y, titubeando, le dio las gracias por salvarle la vida.

--Gracias... Padre Miguel...

Y lo abrazó fuertemente. A partir de entonces, Flor se encontraba varias veces con el Padre Miguel para dialogar juntos y conocerse más. Hasta que una noche, él se encontró con Flor y Jabancho, algo tristes, y Flor le confesó al Padre que ella había perdido un bebé. El Padre Miguel le dio consuelo y, a partir de entonces, se hicieron más amigos. Pero Flor le pidió a Jabancho y al Padre Miguel que guardaran el secreto ante los demás. Ambos cumplieron su promesa.

+++

Fue el Padre Miguel quien le recomendó que estudiara y trabajara. Y fue así que, por recomendaciones del Padre Miguel, Flor trabaja como periodista y, por las noches, llegó a conseguir un trabajo como mesera en un restaurante para costear sus estudios y mantener a su familia. Flor le tenía mucho agradecimiento al Padre Miguel y siempre iba las veces que podía a su parroquia para conversar con él y también para confesarse. Pero nunca coincidían con su hermana Julia, ni mucho menos con Amanda, su madre... hasta esa vez que el Padre Miguel las vio juntas a las dos hermanas.

+++

Camino hacia la Iglesia, el Padre Miguel se encuentra con Amanda Pérez y él se emociona al verla.

--¡Amanda! ¿Cómo estás?

Amanda se quedó atónita y apenas podía hablar...

--¡Miguel! ¡No...! ¡No puede ser!

--¡Qué no puede ser, Amanda! ¡Dímelo! ¿Acaso esto tiene que ver con lo del padre de Mónica?

Amanda se quedó impávida y no sabía qué decir.

--Pero, Amanda, ¿Por qué me tienes miedo? ¿Por qué me huyes?

--Mi... Miguel... yo... yo...

--¿Por qué el padre de Mónica me dijo que yo tenía la culpa de todo? ¡No entiendo nada! ¡Si recién es que conozco a tu sobrina!

Amanda respiró hondo y, sin titubeos, le dijo...

--¿Quieres saberlo?

--Así es, Amanda. La verdad es que no entiendo la violenta reacción de tu hermano.

--Pues... ejem... ¿Podemos ir a la Parroquia? No es preferible decirlo aquí.

--Tienes razón. Vamos a la Parroquia. Allá podemos platicar con más tranquilidad.

Camino a la Parroquia, el Padre Miguel trata de hacerle conversación a Amanda.


--¿Sabes que, viviendo en el mismo barrio, no habíamos coincidido?

--Así es. Es que yo voy a otra Iglesia.

--¿Por qué? ¿No te gusta acaso cómo oficio la misa? Sin embargo, a tus hijas les gusta mucho.

--¿Mis hijas?

--¡Claro! ¡Julia y... bueno... Flor! ¡Mira cómo son las cosas! ¡Recién me acabo de enterar de que ambas son tus hijas! ¡Es que son tan diferentes de carácter... como físicamente...! ¡Claro que en Julia fue fácil encontrar el parentesco contigo...! ¡Si es tu vivo retrato! Pero Flor...

--¿Qué tiene Flor?

--¡Nada! ¡Es una buena muchacha, aunque un poco confundida! Creo que le falta cariño...

--¡Cómo que le falta cariño!-, exclamó Amanda con indignación, -¡Fíjate bien lo que dices, Miguel! ¡Que mi hija es toda una señorita decente! ¡Y me he sacrificado toda mi vida para que no le falte nada en esta vida!

--¿La quieres mucho a Flor?

--¡Es mi más grande orgullo!

Finalmente, Amanda y el Padre Miguel llegan a la Parroquia. Allí, ambos toman asiento en el despacho del sacerdote, quien cierra la puerta.

--Bueno, Amanda, y ahora... ¿Qué quieres contarme?

--Miguel... esto tiene que quedar como secreto de confesión.

--Está bien, Amanda. No se lo diré a nadie.

--Pues, bien-, Amanda respiró hondo, -Mónica es mi hija... y tú eres su verdadero padre.

El Padre Miguel se quedó atónito.

En ese momento, Amanda lo contó todo, incluyendo cómo se la entregó a su hermano para que la adoptara y guardara el secreto. El Padre Miguel no podía creerlo. Aquella novicia rebelde resultó ser su hija y, lo peor, es que ella le confesó su amor por Enrique Cisneros. Y Mónica, su hija, es media hermana de Flor, aquella muchacha a la que él salvó la vida.

Pero Amanda no sospecha que sus tres hijas le ocultan sus relaciones con Enrique Cisneros, su exmarido. Ella no sospecha que Flor se encontró con Enrique y Fiorella en aquel viaje, mientras que tampoco sospecha que es Enrique quien le paga los estudios de la universidad a Julia. Pero tampoco es capaz de sospechar que Mónica trabaja como secretaria de Enrique Cisneros y que ella está enamorada de él.

+++

Mientras, Mónica seguía trabajando arduamente como secretaria de Enrique Cisneros. En ese momento, tocan a la puerta y es Claudia.

--¡Oye!-, exclamó Mónica, -¡Si buscas a Enrique, pues te digo que él está muy ocupado!

--¿Ah, sí?-, dijo Claudia, -¡Yo solo vengo a invitarlo a mi concierto!

--Pues quiero decirte que ya estoy enterada de lo que hubo entre Enrique y tú y quiero que sepas que Enrique no quiere saber nada de ti.

--Pues Enrique ya fue... es cosa del pasado... ¡Porque ahora estoy con Erik y lo quiero mucho!

--Entonces, si ya no sientes nada por Enrique, ¿Por qué vas a buscarlo?

--¡Ya te dije! ¡Vine a invitarlo a mi concierto!

En ese momento, Enrique ingresa a recepción y, de pronto, Claudia comienza a mirarlo coquetamente, enfureciendo aún más a Mónica, que hierve de celos.

--¡Claudia! ¿Qué estás haciendo aquí?

--¡Enrique! ¡Cómo estás!-, dijo dándole un beso en la mejilla, -¡Qué gusto verte! ¡Vine para invitarte a un concierto hoy que va a tocar mi grupo musical!

--Lo siento, Claudia, pero estoy ocupado... estoy viendo lo de un nuevo contrato para Pablo Salgado. Es probable que nos quedemos indefinidamente en el Perú.

--¡Ya oíste!-, intervino Mónica, -¡Enrique no puede ir! ¡Él está muy ocupado!

--¡Mónica, por favor!-, intervino Enrique, -¡No es necesario que intervengas!

--¡Ay, Enrique, no sé cómo se te ocurre contratar a esta metiche antipática!-, dijo Claudia.

--Mónica es una secretaria eficiente-, dijo Enrique.

--¡Ya oíste!-, dijo Mónica, -¡Dijo que soy eficiente!

--Bueno, Enrique-, dijo Claudia, obviando los comentarios de Mónica, -si cambias de parecer, bueno, estaré tocando esta noche en La Estación de Barranco... puedes invitar a tu secretaria... ¡Chaíto!

Claudia se retira de la oficina. Don Enrique y Mónica entablan una conversación juntos.

--Mónica, ¿Por qué eres así con la gente que viene a visitarme?

--Perdone, Enrique, perdón, señor Cisneros, pero es que no tolero que esa víbora le esté coqueteando a sus espaldas.

--¡Pero eso es un asunto que no te incumbe! ¡Mi vida personal es privada!

--¡Pero es que yo no lo soporto! ¡No puedo verte con otra mujer!

Y Mónica, enfurecida, se retiró del cuarto. Enrique, confundido, se quedó pensando en aquella repentina reacción, pero Pancho, que se encontraba cerca, le habló...

--Disculpe que le diga esto, jefecito, pero... Mónica está enamorada de usted...

--¿Cómo? ¡Por favor, Pancho! ¡Déjese de tonterías y póngase a trabajar!

--¡Firme, jefecito! ¡Mónica lo quiere...! ¿O es que no se ha dado cuenta? Y bueno, disculpe...

Pancho se retiró y, en ese momento, Enrique comenzó a reflexionar y se dio cuenta de que Pancho tenía razón... si no, ¿Cómo se explicaría que ella se puso celosa con Claudia? ¿Y cómo explicaría por qué ella dejó su vocación como religiosa para, luego, trabajar como su secretaria? También recordó aquella vez que Mónica se apareció vestida con un atuendo sexy y le hacía miradas coquetas... ¿Mónica, la sobrina de su esposa, enamorada de él? Él no podía creerlo y decidió hablar con ella.

--Mónica, dime la verdad, ¿Qué es lo que sientes por mí?

--Enrique... yo... yo...

--¿Es cierto que me amas?

Mónica respiró hondo.

--Sí, Enrique... yo... yo... te amo con todo mi corazón...


Enrique se quedó atónito.

--¡Pero Mónica! ¡Lo que dices es imposible! ¡Tú eres la sobrina de mi exesposa!

--¡Tú y yo somos un hombre y una mujer! ¡Y nos podemos amar! ¡Y yo te amo, por favor, dame una oportunidad!-, y le toca la mano, -¡Quiero que sepas que yo puedo ser una buena pareja para ti!

--Mónica... yo... yo...

--Mejor no digas nada... demos rienda suelta a nuestros sentimientos...

Y Mónica juntó sus labios con los de Enrique hasta besarse. Al principio, Enrique trataba de no responderle el beso pero, poco a poco, se besaron apasionadamente, dando rienda suelta a sus sentimientos.

+++


Mientras tanto, Flor y Pablo invitaron a Julia a comer anticuchos. Flor y Pablo estaban muy enamorados y comían un anticucho entre los dos. Julia estaba preocupada.


--¡Julia!-, dijo Flor, -¡Qué pasa! ¿Por qué no comes tu anticucho? ¡Mira que está bien rico!

--Es que estoy preocupada por Jerry... ¡Hace tiempo que no me llama!

--Debe estar haciendo su vida-, dijo Flor, -Déjalo tranquilo.

--Es que él nunca me hace eso... ¿No será que me está engañando con otra?

--Por favor, hermanita, no pienses eso, Jerry te quiere mucho... ¿Por qué no hablamos de otras cosas, mejor? ¿Verdad que has empezado a estudiar en la universidad?

--Así es. Estudio Medicina.

--¿No tuviste problemas para ingresar?-, intervino Pablo.

--Ninguno. Es que papá me ayudó mucho para ingresar. Además, que él me está pagando los estudios... pero, por favor, hermana, no le digas a mamá que papá me está pagando los estudios, por favor... se puede poner muy mal.

--No te preocupes, hermanita. No le diré nada. Yo también tengo algo que confesarte...

Julia se quedó curiosa.

--¿Te acuerdas del viaje a Barranca? Pues yo viajé con Fiorella... nuestra media hermana.

Julia se quedó atónita.

--¿Es cierto lo que me dices? ¿Y ella dónde está?

--Ella se quedó en el pueblo cuidando a su hijito.

Julia volvió a quedarse atónita.

--Julia tuvo un hijo de Francesco Altamirano.

--¿Francesco Altamirano? ¿El hermano de Sergio?

--Así es. Ambos fueron enamorados. Y ella quedó embarazada de él, pero lo mantuvo en secreto y, cuando nació, se lo entregó en adopción a la mamá de Chochi, su mucama. Es más, le hizo creer a sus padres que ella perdió el bebé.

--¿Y tienes fotos de nuestro sobrino?

--¡Claro que sí, Julia! ¡Me tomé la molestia de tomar una foto suya! Aquí la tengo...-, de su cartera saca la foto del hijo de Fiorella y, al verlo Julia, le salen lágrimas de sus ojos.

--Por favor, hermanita, no le digas nada a mamá que te conté esto, se supone que yo viajé con unas amigas del trabajo.

--No te preocupes, hermanita, no le diré nada. ¿Puedo guardar la foto en mi cartera?

--¡Claro que sí, hermanita!

Y Julia guardó la foto en mi cartera.

Julia y Flor se abrazaron fuertemente como dos buenas hermanas. Y Pablo las miraba dichoso.

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