CAPÍTULO XXIII (Corregido y pulido con IA)
Clara fue a visitar a su amiga Elvira. Al llegar, fue la misma Elvira quien la recibió en la puerta.
(* Elvira *)
—¡Elvira! ¿Qué pasó? ¿Dónde está tu mucama? —preguntó Clara al entrar.
—Se fue de viaje y no he podido conseguir a nadie que la reemplace —respondió Elvira, suspirando.
—¿Y tu hija Fiorella? ¿Cómo está?
—Bien, aunque también se ha ido de viaje.
—Pedro Gustavo se fue al club, así que me he quedado sola.
—Francisco también tuvo que salir de la ciudad de imprevisto, así que aquí estoy en Lima, aburrida. ¡Ya quisiera regresarme a México!
(* Elvira y Clara *)
—Debes tener paciencia. Yo también estoy angustiada; Fiorella se suponía que volvería en dos días y ya pasó una semana.
—¡Déjala tranquila! Así son los jóvenes, necesitan hacer su vida —dijo Clara, aunque ambas compartían la misma inquietud sobre el paradero de la muchacha.
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Mientras tanto, en Barranca, la tensión crecía entre Fiorella, Flor, Chochi y Ramón Augusto. Durante una cena en el hostal, mientras Ramón Augusto y Flor se excusaban para ir al baño —lugar que aprovechaban para sus encuentros secretos—, Chochi y Fiorella conversaban, ajenas a la traición.
—Te felicito, Chochi, Ramón Augusto es un buen chico —dijo Fiorella.
—Gracias, señorita Fiorella. Cada día que pasa lo quiero más —respondió Chochi, quien confesó que, aunque al principio creyó que Flor era altanera, ahora la veía como alguien sencilla y admirable.
Sin embargo, a pocos metros, la realidad era otra. En un rincón oscuro, Flor acorralaba a Ramón Augusto.
(* Flor *)
—Si acepté que vinieras al paseo, fue porque supuse que lo nuestro ya era historia —dijo Ramón, intentando zafarse.
—Dime que mis besos no significaron nada —susurró Flor, besándolo con pasión. Él, aunque al principio se resistió, terminó cediendo, reavivando una llama que nunca se apagó realmente.
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Al día siguiente, Pablo Salgado llegó al mismo pueblo con su hermano Santiago, buscando paz lejos de la prensa.
(* Pablo Salgado *)
—¡Al fin un poco de tranquilidad! —exclamó Pablo—. Necesitaba alejarme de todo.
—Te comprendo, pero el público es parte de tu vida —respondió Santiago—. Por cierto, ¿qué dice Mariana de que no la trajeras?
—Está preocupada, pero necesitaba este tiempo. No estoy seguro de querer casarme con ella... estoy enamorado de otra mujer: Flor Cisneros.
Santiago quedó impactado. Pablo no solo buscaba vacaciones, sino una respuesta definitiva a su corazón.
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Al llegar a casa de doña Rosalba, la madre de Chochi, la escena fue conmovedora. El hijo de Fiorella, que ya daba sus primeros pasos, corrió hacia ella. A pesar de los temores iniciales, doña Rosalba permitió que Fiorella cargara al niño. Allí, Flor se enteró de la verdad: el padre de la criatura no era Jerry Modugno, sino Francesco Altamirano, el novio de Fiorella que murió en una balacera.
Más tarde, el destino volvió a jugar una mala pasada. Pablo y Santiago, paseando por el pueblo, se cruzaron con Flor y Ramón Augusto.
(* Flor *)
—¡Flor! ¿Qué haces aquí? —preguntó Pablo, confundido al verla con otro hombre.
—Este... —Flor tartamudeó, nerviosa—, ¡le estaba sacando una basura del ojo!
Pablo, aunque desconfiado, decidió ignorar el incidente y caminó con ella. El romance prohibido volvió a florecer en un beso apasionado, aunque terminó en una discusión cuando Pablo le reprochó su coqueteo con Ramón.
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Mientras el grupo compartía una fogata esa noche, la verdadera bomba estaba por estallar en casa de doña Rosalba. En una charla íntima, doña Rosalba le confesó a Fiorella el gran secreto de su vida: el padre de Chochi era un hombre extranjero, un tal Francisco Flores Urteche, quien la abandonó estando embarazada.
Fiorella palideció al escuchar el nombre. Sabía perfectamente quién era el socio de don Enrique Cisneros.
—¡No puede ser! —susurró Fiorella—. ¡Usted no sabe lo que acaba de decir!
El peligro era inminente. Días después, don Enrique Cisneros y el mismo Francisco Flores Urteche llegaron al pueblo, decididos a encontrar a Rosalba Jiménez. El pasado, cargado de secretos y traiciones, estaba a punto de enfrentarse cara a cara con el presente.







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