CAPÍTULO XXI (Corregido y pulido con IA)


CAPÍTULO XXI

Julia caminaba apurada por los pasadizos de la universidad, cargando sus libros y con el cabello recogido. Sin darse cuenta, tropezó con Sergio Altamirano, provocando que todos sus libros cayeran al suelo.

(* Sergio *) 

—¡Ups! —exclamó ella—. ¡Disculpe, señor!

Ambos se agacharon al mismo tiempo. Al levantar la mirada, Sergio la reconoció de inmediato.

—¿Julia? ¿Eres Julia Cisneros? —preguntó.

Julia se puso nerviosa ante el reconocimiento.

(* Julia *) 

—¿Perdón? ¿Usted me conoce?

—¡Claro! ¡Soy Sergio! Te veo todos los domingos en misa, con el padre Miguel.

—¡Oh, sí! Ya me acuerdo de ti. Tú estabas con mi prima Mónica, ¿no es así?

—Bueno, tu prima y yo hemos terminado.

—¡Oh, qué lástima!

—Así es la vida. ¿Hacia dónde te diriges?

—A mi clase. Es mi primer semestre y estoy algo nerviosa.

—A mí me falta poco para terminar. Estoy haciendo mis prácticas en el hospital.

—Me alegra escuchar eso. Y dime... ¿tienes enamorado?

—Sí, salgo con un chico llamado Jerry Modugno.

—¿Jerry Modugno? Su familia tiene mucho dinero.

—Sí, pero él es de lo más sencillo. Lo quiero por lo que es, no por lo que tiene. ¡No sé qué haría sin él! —dijo ella con las mejillas sonrojadas—. Bueno, permiso, tengo que ir a clase.

+++

Mientras tanto, en un parque, Jerry y Virna conversaban acaramelados cuando escucharon la chicharra de un heladero.
(* Virna *) 

—Ay, Jerry, cómprame un helado, por favor —pidió Virna.

Se acercaron a la carretilla.

—¡Heladero! —llamó Jerry—. ¡Dame un helado!

—¿Qué tipo quiere?

—¿Tiene de lúcuma? —preguntó Virna.

—Ya se acabó. Solo tengo fresa, vainilla y chocolate.

—¡Ay, no! —exclamó ella frustrada—. ¡Yo quería de lúcuma!

—¿No quieres uno de chocolate? —insistió Jerry.

—Soy alérgica al chocolate y no me gustan los otros sabores.

(* Jerry *) 

Jerry, impaciente, volvió a increpar al vendedor:

—¿Seguro que no tienes de lúcuma? Me parece que vi uno por ahí.

—¡Si no van a comprar, lárguense! —respondió el heladero con desdén.

—¡Oye, insolente! ¿Sabes con quién estás hablando? ¡Soy Jerry Modugno, hijo del empresario Roberto Modugno!

—¡Y a mí qué me importa! —le dio la espalda el vendedor.

Jerry, fuera de sí, lo tomó de la ropa y le lanzó un puñetazo.

—¡Ya, Jerry, déjalo así! —intervino Virna, alejándolo—. No vale la pena. Esta gente es así, ni siquiera las autoridades hacen algo con los problemas de este país. La vida aquí es muy difícil, Jerry.

+++

Por otro lado, el Jabancho, Piolín y el Cholón discutían sobre las últimas novedades del barrio en una esquina. Cuando Mariano pasó cerca, el tema saltó a la mesa.

(* Los Esquineros del Barrio *) 

—¡Oigan, compadres! —dijo Cholón—. He escuchado que a Mariano le han hecho brujería. Miren cómo está de embrujado por Paula.

Mariano se acercó en ese momento.

(* Mariano *) 

—¿Qué tal, compadres? ¿Cómo están?

—¡Aquí, pasando el rato! —respondió Piolín.

Jabancho, sintiéndose presionado, confesó lo que había escuchado minutos antes: Paula y la señora Amanda planeaban un conjuro para separar a Mariano de Fiorella. La noticia dejó al grupo estupefacto.

+++

Más tarde, en la iglesia, Paula, atormentada por la culpa y los consejos de Amanda, decidió confesarse ante el padre Miguel.

(* Paula *) 

—Padre, quiero confesarme. He separado a una pareja usando brujería. Lo hice por capricho, pero me doy cuenta del daño que causé.

El sacerdote, tras escucharla, la exhortó a sincerarse. Al salir del confesionario, se encontró con Mariano.

—Mariano, debo ser sincera contigo —dijo ella con voz temblorosa—. Quiero terminar nuestra relación. Sé que aún amas a Fiorella y no soy digna de ti.

—Está bien, Paula. Podemos ser amigos.

+++

Finalmente, en el Jockey Plaza, Juan y Mariana se encontraron sorpresivamente con María Modugno, quien acababa de regresar de Miami.

(* María *) 

—¡María! —exclamaron al unísono.

—Acabo de volver —respondió ella—. No pude acostumbrarme allá, además de problemas con la visa. Pero cuéntenme, ¿qué hay de sus vidas?

La charla fue interrumpida por la llegada de Jabancho y Patroclo, quienes se unieron al grupo en la fuente de sodas. Entre risas y anécdotas, el ambiente se tornó más ligero, al que se unieron Juan y Mariana.


Comentarios