CAPÍTULO XVIII
Mónica tomó una decisión definitiva: por amor, colgaría los hábitos para siempre y comenzaría una nueva vida. De la noche a la mañana, cambió los hábitos oscuros por ropa sumamente ceñida, minifaldas de infarto y escotes pronunciados que revelaban una figura envidiable. Su drástica transformación no tardó en capturar las miradas pecaminosas de todos los jóvenes del barrio y, por supuesto, de un anonadado Sergio Altamirano.
(* Mónica *)
Sin embargo, la primera en poner el grito en el cielo fue Amanda, quien la sorprendió saliendo a la calle con su nuevo y provocativo atuendo.
—¡Mónica! —bramó Amanda, santiguándose—. ¡¿Qué haces vestida de esa manera?! ¿Se puede saber dónde están tus hábitos?
—¡Mónica! —bramó Amanda, santiguándose—. ¡¿Qué haces vestida de esa manera?! ¿Se puede saber dónde están tus hábitos?
—Acabo de dejar los votos, tía —respondió Mónica con total frescura, acomodándose el cabello.
—¡¿Qué?! ¡Pero qué van a decir tus padres cuando se enteren de este escándalo!
—Nada. ¿Qué podrían decir? Es mi vida.
—Nada. ¿Qué podrían decir? Es mi vida.
—¡No me contestes con esa insolencia, que soy tu tía! ¿Acaso no te imaginas todas las ilusiones religiosas que tu familia ha depositado en ti?
—No es para tanto, tía Amanda. Ya sabré cómo explicarles mis motivos en su momento.
—¿Y se puede saber qué razón tan poderosa y mundana te ha llevado a abandonar el convento?
—Porque estoy enamorada —confesó la exnovicia, clavándole la mirada.
(* Amanda *)
Amanda se quedó completamente atónita. Pero antes de que Mónica pudiera cometer la locura de confesar que el dueño de sus suspiros era Enrique Cisneros —el antiguo esposo de Amanda y padre de Julia—, Sergio Altamirano apareció en la escena, interrumpiendo el tenso momento. Mónica, sintiéndose acorralada y astuta, decidió usarlo como escudo para ocultar su verdadero y prohibido secreto.
—Tía Amanda... —dijo Mónica, fingiendo timidez mientras tomaba a Sergio firmemente de la mano—, la verdad es que... estoy enamorada de Sergio.
Amanda, al escuchar aquello, mudó el rostro de la furia a una radiante alegría. Felicitó efusivamente a la pareja, aprobando la relación de inmediato por considerar a Sergio un "buen partido" del barrio. Para celebrar la buena nueva, los invitó a comer una carapulcra a su casa esa misma tarde y se retiró dichosa. Una vez a solas, Sergio, confundido pero desbordando felicidad, intentó abrazarla.
(* Sergio *)
—¡Mónica! Mi amor... no tenía idea de que habías dejado tu vocación por mí. ¡Te quiero!
—¡Pues yo no te quiero, infeliz! —sentenció ella, empujándolo con desprecio—. ¡Sácate eso de la cabeza! Todo esto lo hice para cerrarle la boca a mi tía. ¡Yo amo a otro hombre!
Sergio se quedó completamente desconcertado y herido en su orgullo. Minutos más tarde, Julia apareció por la calle para felicitarlos por el supuesto noviazgo, seguida de cerca por Don Enrique. Al ver al maduro caballero, Mónica no pudo ocultar sus ojos coquetos y le lanzó una mirada cargada de picardía, un detalle pérfido que no pasó desapercibido para el callado y dolido Sergio.
Sergio se quedó completamente desconcertado y herido en su orgullo. Minutos más tarde, Julia apareció por la calle para felicitarlos por el supuesto noviazgo, seguida de cerca por Don Enrique. Al ver al maduro caballero, Mónica no pudo ocultar sus ojos coquetos y le lanzó una mirada cargada de picardía, un detalle pérfido que no pasó desapercibido para el callado y dolido Sergio.
(* Enrique *)
Cuando lograron quedarse a solas en un rincón más tranquilo, Enrique y Julia conversaron seriamente sobre el futuro. Al enterarse de que el más grande sueño de su hija era convertirse en doctora, Enrique se conmovió profundamente y se ofreció de inmediato a financiar la totalidad de sus estudios universitarios, un noble gesto que ella aceptó entre lágrimas de gratitud. El emotivo momento fue interrumpido por la ruidosa llegada de Jerry Modugno, quien, desbordando pasión, plantó un tierno beso en los labios de Julia ante la mirada complacida y protectora de Enrique.
(* Julia *)
Sin embargo, el ambiente idílico se tornó tenso y sombrío cuando Jerry mencionó las últimas investigaciones sobre Úrsula, la exsecretaria de Enrique, y su antiguo y oscuro vínculo con el oficial Ardiles. El solo escuchar el nombre de su agresor provocó un escalofrío generalizado en el cuerpo de Julia, quien se mostró profundamente atormentada por los fantasmas del pasado.
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(* Mariana *)
—¡Lo sabía! ¡Te lo dije, mamá! ¡Pablo me está engañando con esa callejera! —exclamó Mariana, tirando el diario sobre la mesa mientras le mostraba la foto a su madre, Clara.
—Debe haber una explicación lógica, hijita —trató de calmarla Clara, analizando la imagen—. Esa muchacha es la hija de Amanda; debe ser una cualquiera, una coqueta muerta de hambre que lo ha engatusado para trepar socialmente.
—¡No me importa quién sea! ¡Me está robando a mi hombre y no voy a permitir que una tipa de esa calaña se quede con lo que es mío! —sentenció Mariana con los ojos inyectados en envidia.
Por otro lado, en el callejón, Mariano regresó formalmente con Paula, reafirmando su amor frente a su envidiosa prima Virna, quien reprobó la decisión con comentarios hirientes.
Por otro lado, en el callejón, Mariano regresó formalmente con Paula, reafirmando su amor frente a su envidiosa prima Virna, quien reprobó la decisión con comentarios hirientes.
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Paralelamente, Simón, el popular "Coco Plano", comenzó una drástica e inesperada transformación física animado por la propia Virna, quien le metió la idea de que debía refinarse si quería tener alguna oportunidad de conquistar el corazón de Flor.
El nuevo "look" de Simón —con ropa de diseñador, el cabello engominado y un perfume costoso— dejó boquiabiertos a todos en el vecindario. Amanda y Mónica se quedaron mudas al verlo pasar por la esquina; de hecho, la exmonja comenzó a escanearlo con un interés sumamente frío y ambicioso.
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Haciéndole caso a los consejos de su padre, Julia acudió a matricularse en la prestigiosa facultad de medicina de la universidad. Para evitar los reclamos y el orgullo de Amanda, los elevados gastos de la matrícula no fueron pagados por Jerry, sino que Don Enrique los canceló en estricto privado.
(* Julia *)
Pero las sorpresas del destino no terminaban ahí. Jerry, queriendo estar cerca de su amada, también se había matriculado en la misma casa de estudios. Cuando se cruzaron en el patio principal del campus, la emoción los desbordó y se saludaron con un apasionado beso en la boca, rompiendo todos los protocolos ante el asombro y los murmullos de los demás estudiantes de la alta sociedad.
—Mi amor, por favor, no sigas que toda la gente nos está mirando —pidió Julia, sonrojada, apartándose suavemente.
—No me importa nadie, mi vida —respondió Jerry, tomándola de las manos—. Que digan lo que quieran. Tú y yo nos amamos y eso es para siempre. Dime, ¿qué vas a hacer más tarde?
—Tengo que ir a comprar mis libros de anatomía y... quedarme a estudiar.
—¡Vamos, no seas aburrida! ¡Es el primer día de clases, casi no se avanza nada de materia! Te invito a la cafetería, quiero presentarte a unos amigos de mi entorno.
(* Julia y Jerry *)
Julia, aunque dudosa, aceptó. Al llegar a la mesa, el choque de mundos fue instantáneo. Los amigos de Jerry, jóvenes de apellidos rimbombantes y ropas de marca, al notar el aspecto sencillo y humilde de la muchacha, la comenzaron a escanear de abajo hacia arriba con gestos despectivos y sonrisas burlonas. Julia lo notó de inmediato y se puso sumamente nerviosa, acomodándose la casaca.
—¿Y de dónde eres, muchacha? ¿Dónde vives? —preguntó un pituco de manera altanera.
—Vivo en Jesús María... —respondió Julia, intentando sonar segura—. Pero anteriormente he vivido en varios sitios de Lima.
—¿Ah, sí? ¿Y en qué otros sitios has vivido, si se puede saber? —indagó otra chica, con un tono de superioridad.—En los Barrios Altos... y en Surquillo —confesó con inocencia.
Los amigos de Jerry se miraron entre sí con indignación y asco mal disimulado.
Los amigos de Jerry se miraron entre sí con indignación y asco mal disimulado.
—¿Surquillo? Asu, qué denso... ¿Y has ido a una pollada bailable por allá? —preguntó otro muchacho en un tono abiertamente irónico.
—Una vez fui con mi hermana Flor... pero la verdad es que es un ambiente muy peligroso —respondió Julia, tratando de defenderse.
—¡Ja! ¡Me imagino! ¡Y seguro te han dejado embarazada allá en medio de las cajas de cerveza! —soltó el pituco en tono de burla, desatando las risas del grupo.
—¡Por supuesto que no! ¡Respéteme! —exclamó Julia con los ojos humedecidos por la humillación.
Jerry se removió en su asiento, profundamente incómodo y molesto por la forma en que se burlaban de su chica, pero antes de que pudiera cuadrarlos, una de las chicas de la mesa desvió la conversación con frivolidad.
—Ay, chicos, cambien de tema. La verdad es que tengo unas ganas enormes de comprarme el último disco de Britney Spears, pero está carísimo en las tiendas de San Isidro. Yo creo que mejor espero a mi viaje a Miami para comprármelo allá, que sale a mitad de precio.
Jerry se removió en su asiento, profundamente incómodo y molesto por la forma en que se burlaban de su chica, pero antes de que pudiera cuadrarlos, una de las chicas de la mesa desvió la conversación con frivolidad.
—Ay, chicos, cambien de tema. La verdad es que tengo unas ganas enormes de comprarme el último disco de Britney Spears, pero está carísimo en las tiendas de San Isidro. Yo creo que mejor espero a mi viaje a Miami para comprármelo allá, que sale a mitad de precio.
—¡Oigan, pero yo conozco un lugar donde sale mucho más barato! —intervino Julia, queriendo aportar.
—¿Ah, sí? —preguntó la pituca con tono hiriente—. ¿Y dónde queda ese maravilloso lugar?
—En Galerías Brasil —explicó Julia con entusiasmo—. Es un lugar inmenso en Jesús María, hay numerosos puestos de música con todo lo que ustedes buscan.
—No, gracias... —respondió la chica con una mueca de desprecio—. Prefiero comprar música original, no tonterías.
—¡No! —replicó Julia, usando su jerga del barrio—. ¡Allá consigues copias originales también, es legal!
—¿Y no será peligroso entrar a esos sitios?
—Es algo maleado, pé... pero no es peligroso —explicó Julia sin darse cuenta de sus modismos—. ¡A no ser que quieras irte a buscar discos a Quilca, pé!
En ese preciso instante, una voz firme y con dejo esquinero resonó a sus espaldas:
En ese preciso instante, una voz firme y con dejo esquinero resonó a sus espaldas:
—¡Oe! ¡¿Qué pasa con Quilca, pé?! ¡Más respeto con la zona!
Julia volteó asustada y su rostro se iluminó de alegría al reconocer a Pancho, el exintegrante del grupo de rock donde tocaba Erik. Los amigos de Jerry miraron al recién llegado de arriba abajo con profundo desprecio al ver su uniforme de trabajo.
—Bueno, flaca, me conseguí una chambita como mozo aquí en el restaurante del campus —explicó Pancho, limpiándose las manos con un paño—. La paga es una lágrima, pero al menos alcanza para poder sobrevivir, pé. Tú sabes que la situación está difícil en el país.
—¿Y qué pasó con el grupo musical? Tocaban increíble.
—Nos separamos, flaca. La culpa la tiene este país que no apoya a los valores nacionales, pé. ¡Además, los otros patas se estaban volviendo bien pacharacos y esa onda no va conmigo, pé!
—¡Qué lástima! —dijo Julia, y volteando hacia los amigos de Jerry, añadió con orgullo—: ¡Muchachos, a este chico le debo el honor de que me haya salvado la vida una vez en la calle!
—No es para tanto, flaca, solo hice mi deber de barrio —dijo Pancho, inflando el pecho con orgullo—. ¡Tenía que darle su merecido a ese patán que te estaba molestando!
Los amigos de Jerry seguían con rostros de absoluta indignación ante la presencia del mozo. Pancho, notando la mala vibra, se despidió de Julia y Jerry con un choque de puños y regresó a sus labores. Sintiéndose completamente fuera de lugar, Jerry y Julia también se despidieron de mala gana y se retiraron del campus.
Los amigos de Jerry seguían con rostros de absoluta indignación ante la presencia del mozo. Pancho, notando la mala vibra, se despidió de Julia y Jerry con un choque de puños y regresó a sus labores. Sintiéndose completamente fuera de lugar, Jerry y Julia también se despidieron de mala gana y se retiraron del campus.
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—¡Oiga, Jerry! ¿Se puede saber qué le vio a esa tipa? —reclamó el líder del grupo—. Es una vulgar, una zarrapastrosa que habla como piraña.
—¡Se callan! Julia es una excelente chica y merece todo su respeto y admiración —defendió Jerry, alterado.
—¿Y qué pasó con Fiorella Domínguez? Ella sí que tenía clase, apellido y nivel para estar contigo.
—Fiorella y yo terminamos hace tiempo, eso ya es pasado.
—Pues qué lástima, compadre, porque esa Fiorella es mil veces mejor que la tal Julia.
—Por favor, muchachos, dejen los prejuicios. Julia es una mujer maravillosa, ya verán que cuando la conozcan mejor les va a caer bien.
—¡Nada de vainas, Jerry! —sentenció el amigo con frialdad—. ¡O dejas a esa muerta de hambre del callejón, o te puedes ir olvidando de nuestra amistad para siempre!
—Pero, por favor, no sean así... No me pongan en esta situación.
—¡Nuestra decisión ya está tomada, Modugno! ¡O dejas a esa tipa, o ya puedes olvidarte de nosotros!
El grupo le dio la espalda, dejándolo solo. Jerry comenzó a sentirse atrapado en un grave aprieto y con el mundo encima. Por un lado, amaba a Julia con todo su corazón y estaba dispuesto a defenderla, pero por el otro, no quería perder sus contactos, su estatus ni la amistad de toda la vida con su entorno de la universidad. ¿Qué camino debía tomar? La vida se le tornaba cada vez más difícil y complicada.
El grupo le dio la espalda, dejándolo solo. Jerry comenzó a sentirse atrapado en un grave aprieto y con el mundo encima. Por un lado, amaba a Julia con todo su corazón y estaba dispuesto a defenderla, pero por el otro, no quería perder sus contactos, su estatus ni la amistad de toda la vida con su entorno de la universidad. ¿Qué camino debía tomar? La vida se le tornaba cada vez más difícil y complicada.
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La historia daba un vuelco dramático y cargado de revelaciones:
Fiorella logró el milagro de reencontrarse con su hijo perdido y, estrechándolo contra su pecho, juró ante Dios que jamás volvería a separarse de él.
Flor, al ver a Pablo Salgado a lo lejos, comprendió finalmente que estaba profundamente enamorada de él y tomó la firme decisión de luchar contra todo obstáculo por su amor.
Pero el viaje a Barranca reveló el secreto más impactante de todos: ¡Chochi, la fiel mucama, descubrió que es la hija legítima de Francisco Flores Urteche! Lo que la convertía, automáticamente, en la media hermana de Mariana, la implacable rival de Flor.








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