CAPÍTULO XVII (Corregido y pulido con IA)


CAPÍTULO XVII

Desde que conoció a don Enrique, Mónica quedó tan impresionada y fascinada por él que no podía dejar de pensar en él, llegando a descuidar sus deberes. El padre Miguel, ante la falta de atención de la joven, decidió hablar con ella para remediar la situación.

—Mónica, ¿te sucede algo? ¿Por qué no prestas atención a nada?

—No lo sé, padre. Es que estoy confundida. La verdad, no estoy segura de si realmente quiero ordenarme como monja.

—¿Por qué dices eso?

—Le seré sincera, padre. Si quise dedicarme a esta vocación, fue por la presión de mis padres y no porque realmente lo deseara.

—Te entiendo, Mónica. Afortunadamente, te has dado cuenta a tiempo. ¿Hay alguna razón poderosa que te lleve a tomar esta decisión?

Ella hizo una pausa, respiró hondo y, sin titubear, confesó:

—Sí, padre. Estoy enamorada.

—¿Enamorada? —exclamó el sacerdote, atónito.

—Así es. Y, si le prometo que no se lo dirá a nadie, se lo contaré.

—Está bien, te doy mi palabra. Pero, ¿por qué tanto misterio?

—Es que… estoy enamorada de Enrique Cisneros.

—¿Enrique Cisneros? ¿El esposo de tu tía Amanda? —exclamó él con estupor—. Mónica, lo que dices es increíble. ¿Cómo te puedes enamorar de un hombre que te duplica la edad y que podría ser tu padre?

—Lo amo con todo mi corazón, padre. ¡Lo amo!

El padre Miguel, aunque impactado, decidió respetar su decisión y guardar el secreto. Ella lo abrazó con fuerza en señal de gratitud.

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Mientras tanto, Amanda tomaba el lonche con Paula, celebrando el triunfo de haber separado a Fiorella de Mariano.

—Gracias por el "trabajito", señora Amanda. Con el menjunje que me dio, ahora Mariano cae rendido a mis pies.

—De nada, Paula. Todo sea por mandar lejos a esa recogida.

—Señora, disculpe la indiscreción, ¿por qué odia tanto a Fiorella?

—¿No te has dado cuenta? Esa mujer es la causante de todos mis problemas. Es la hija "recogida" de Enrique y esa usurpadora de Elvira Hinojoza, quien ocupa el lugar de mi hija Flor. Además, ¿te parece poco la manera en que se infiltró en esta casa disfrazada de mucama?

—Señora, cambiando de tema, creo que necesitaré más de esos polvillos, que ya se me están acabando.

—¡Ay! Haré lo que pueda, pero no los desperdicies, que son difíciles de conseguir.

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El conjuro de Amanda comenzó a surtir efecto: Fiorella sufría dolores de cabeza constantes, desgano y aturdimiento. Su tío Simón, desesperado, salió a la calle y se encontró con Flor.

—¡Qué pasa, Simón! ¿Sucede algo grave?

—Es mi sobrina, Fiorella. Se queja de unos dolores de cabeza terribles. El médico no le encuentra nada.

—Creo saber qué es lo que tiene. ¿Dónde está?

—En su cama.

Flor ingresó al apartamento de Simón y, al ver el estado de Fiorella, decidió actuar. Con ayuda de Simón, llevaron a la joven a casa de la señora María, una mujer que practicaba artes esotéricas. Tras varios minutos de rituales, incienso y hierbas, María logró romper el hechizo y le entregó a Fiorella un collar de protección, advirtiéndole que nunca debía quitárselo.

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A pesar de sentirse aliviada del dolor físico, el vacío por haber perdido a Mariano seguía presente. Fiorella decidió regresar a la casa de sus padres. Al llegar, don Pedro Gustavo la recibió con un abrazo, mientras Elvira, aunque sorprendida, se mostró feliz por su retorno.

En la cocina, el General encontró a Chochi besándose con Ramón Augusto.

—¡Chochi! ¡Qué haces! Anda a servir refrescos a la sala, que Fiorella tiene visitas.

En la sala, mientras conversaban, el grupo empezó a hablar de sus apodos. Simón era llamado "Coco Plano" y Flor, tras un viaje a Colombia donde quedó enamorada de su cultura y música, era apodada "La Colocha". La plática se vio interrumpida cuando sonó en la radio una canción de Pablo Salgado. Flor, pensativa y emocionada, aceptó la invitación de Chochi para ir al concierto del cantante esa misma noche.

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Poco después, Elvira llegó a casa acompañada de su amiga Clara y su esposo, el empresario Francisco Flores Urteche. Al ver a los jóvenes, Elvira se mostró sorprendida, pero al notar la presencia de Fiorella, su expresión cambió a júbilo.

Francisco, mientras tanto, se mostró fascinado por Chochi. Logró apartarse y encontrarla a solas:

—Hola, Chochi. ¿Eres nueva aquí?

—Llevo dos años, señor.

—Es curioso… te pareces mucho a una mujer que conocí hace veinte años llamada Rosalba Jiménez.

—¡Ese es el nombre de mi mamá! —exclamó Chochi, atónita—. ¿Usted la conoció?

Cuando Chochi le mostró una foto de su madre, Francisco quedó helado. Era la mujer con la que había compartido un idilio secreto en el pasado. Aquella revelación no solo sorprendió a Francisco, sino que sembró la duda sobre la paternidad de la joven.

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Más tarde, en el auditorio donde se celebraba el concierto, el ambiente era electrizante. Entre bastidores, Pablo Salgado confesaba a su representante, don Enrique, que estaba enamorado de Flor, la hija de este.

—Sé que si estoy con ella puedo perder el apoyo de los Flores Urteche —confesó Pablo, angustiado.

—Estás en un grave aprieto —respondió Enrique—. ¿Qué te parece si te vas con Mariana a tomar unas vacaciones y así ordenas tus ideas?

Tras la presentación, Pablo vio a Flor entre el público y, rompiendo el protocolo, la invitó a subir al escenario para cantar juntos. La complicidad entre ambos fue evidente, desatando los celos de las fanáticas.

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Días después, Fiorella, Chochi y Flor comenzaron a preparar un viaje a Barranca.

—¿Otra vez te vas, hija? —preguntó Elvira—. No me parece bien que la hija de un General se vaya de viaje con la mucama.

—Mamá, por favor, estamos en el siglo XXI. Esas ideas ya pasaron —respondió Fiorella con firmeza.

Ramón Augusto pasó a recogerlas. En el camino, Flor subió al auto, lista para la aventura. Por una coincidencia del destino, el pueblo de Barranca era el mismo hacia el cual Pablo Salgado se dirigía con su hermano Santiago. El destino parecía empeñado en reunir a Pablo con Flor y a Santiago con Fiorella.

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