CAPÍTULO XV
Flor tenía que asistir a la conferencia de prensa de Pablo Salgado, pero, debido a la inseguridad en los transportes públicos, decidió tomar un taxi. Para su sorpresa, Ramón Augusto —quien pasaba por allí en el momento justo— la recogió. Durante el trayecto, el conductor, distraído por la belleza de Flor, estuvo a punto de chocar varias veces, aunque finalmente logró controlar el vehículo. Tras disculparse, entablaron conversación.
—¿Así que vas a la conferencia de prensa de Pablo Salgado? —preguntó Ramón Augusto.
—¡Así es! ¡Aunque se ha hecho larga! ¡La han postergado varias veces por problemas personales!
—¿Conoces a Pablo?
—Sí. Me parece un muchacho fascinante. Además, su representante, Enrique Cisneros, es mi padre.
—¿Cómo? —dijo él asombrado—. ¿Tu padre no era el General Domínguez?
—¡Oye! —respondió Flor sorprendida—. ¿Cómo sabes eso?
—¡Me lo dijo el Jabancho!
—¡Ese Jabancho nunca va a cambiar! Algún día se meterá en un grave aprieto por chismoso.
Tras un intercambio sobre las confusiones familiares —aclarando que Fiorella es hija de Enrique Cisneros y ella del General Domínguez—, Ramón Augusto sintonizó la radio. Sonaba una canción de Pablo: «¿Qué voy a hacer sin ti, cuando me vaya?». Flor suspiró, revelando involuntariamente la fascinación que sentía por el cantante.
Mientras tanto, Pablo y Enrique se preparaban para la conferencia. Pablo confesó que no dejaba de pensar en Flor. Enrique, a su vez, decidió sincerarse:
—¡Así es! ¡Aunque se ha hecho larga! ¡La han postergado varias veces por problemas personales!
—¿Conoces a Pablo?
—Sí. Me parece un muchacho fascinante. Además, su representante, Enrique Cisneros, es mi padre.
—¿Cómo? —dijo él asombrado—. ¿Tu padre no era el General Domínguez?
—¡Oye! —respondió Flor sorprendida—. ¿Cómo sabes eso?
—¡Me lo dijo el Jabancho!
—¡Ese Jabancho nunca va a cambiar! Algún día se meterá en un grave aprieto por chismoso.
Tras un intercambio sobre las confusiones familiares —aclarando que Fiorella es hija de Enrique Cisneros y ella del General Domínguez—, Ramón Augusto sintonizó la radio. Sonaba una canción de Pablo: «¿Qué voy a hacer sin ti, cuando me vaya?». Flor suspiró, revelando involuntariamente la fascinación que sentía por el cantante.
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Mientras tanto, Pablo y Enrique se preparaban para la conferencia. Pablo confesó que no dejaba de pensar en Flor. Enrique, a su vez, decidió sincerarse:
—Flor no es mi hija. Amanda me mintió todo este tiempo. Buscaba un padre para ella y me eligió a mí.
Pablo quedó atónito. Enrique añadió que, aunque tenía dudas sobre Julia, algo le decía que ella sí era su verdadera hija.
En la sala de prensa, Pablo se disculpó por las demoras y comenzó a responder preguntas. Al ser consultado sobre su situación sentimental, Pablo miró de reojo a Flor, quien acababa de llegar, y respondió con nerviosismo:
—He conocido muchas muchachas aquí, pero mi corazón ya tiene dueña. Se llama Mariana, es mi novia y nos vamos a casar.
Flor sintió un vacío en el pecho al darse cuenta de que Pablo era un amor imposible. Al finalizar, Pablo insistió en llevar a Flor a su casa, a lo cual ella accedió. Al llegar, Enrique fue recibido con hostilidad por Amanda, quien le prohibió la entrada, desatándose una fuerte discusión sobre la verdadera paternidad de las jóvenes.
En el cuarto de Julia, Fiorella compartió una noticia sorprendente con los demás:
—Quiero confiarles un secreto: ¡Me caso con Mariano!
Pablo quedó atónito. Enrique añadió que, aunque tenía dudas sobre Julia, algo le decía que ella sí era su verdadera hija.
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En la sala de prensa, Pablo se disculpó por las demoras y comenzó a responder preguntas. Al ser consultado sobre su situación sentimental, Pablo miró de reojo a Flor, quien acababa de llegar, y respondió con nerviosismo:
—He conocido muchas muchachas aquí, pero mi corazón ya tiene dueña. Se llama Mariana, es mi novia y nos vamos a casar.
Flor sintió un vacío en el pecho al darse cuenta de que Pablo era un amor imposible. Al finalizar, Pablo insistió en llevar a Flor a su casa, a lo cual ella accedió. Al llegar, Enrique fue recibido con hostilidad por Amanda, quien le prohibió la entrada, desatándose una fuerte discusión sobre la verdadera paternidad de las jóvenes.
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En el cuarto de Julia, Fiorella compartió una noticia sorprendente con los demás:
—Quiero confiarles un secreto: ¡Me caso con Mariano!
—¿Lo haces para adoptar al pequeño Eufemio? —preguntó Pablo.
—Así es —respondió ella.
La alegría se vio interrumpida cuando apareció Jerry con rosas para Julia, provocando una reconciliación entre madre e hija, ya que Amanda, al ver la felicidad de Julia, dejó de lado su rencor hacia Enrique.
Más tarde, Pablo y su hermano Juan decidieron ir a un restaurante famoso. Para sorpresa de Pablo, Flor trabajaba allí como camarera. Entre tragos y copas, Pablo se emborrachó y comenzó a coquetear descaradamente con ella, sin percatarse de que reporteros de la prensa amarillista los estaban filmando.
—Así es —respondió ella.
La alegría se vio interrumpida cuando apareció Jerry con rosas para Julia, provocando una reconciliación entre madre e hija, ya que Amanda, al ver la felicidad de Julia, dejó de lado su rencor hacia Enrique.
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Más tarde, Pablo y su hermano Juan decidieron ir a un restaurante famoso. Para sorpresa de Pablo, Flor trabajaba allí como camarera. Entre tragos y copas, Pablo se emborrachó y comenzó a coquetear descaradamente con ella, sin percatarse de que reporteros de la prensa amarillista los estaban filmando.
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—¡Si te atreves a engañar a mi hija con otra, pierdes todo mi apoyo! —le advirtió.
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Por otro lado, la madre de Mariana, Clara, visitó a Elvira, la madre de Fiorella. Ambas mujeres, envueltas en prejuicios, despotricaron contra Amanda y Flor. En ese momento, Flor llegó para dar noticias sobre Fiorella. Elvira la recibió con insultos, llamándola "trepadora" y "forajida". Flor, a pesar de su dolor, mantuvo la compostura.
Pedro Gustavo Domínguez apareció en la escena y, al ver a Flor, la defendió de los ataques de Elvira, reconociéndola como su hija y dando su bendición para el matrimonio de Fiorella con Mariano.
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Sin embargo, el conflicto no terminó ahí. Don Francisco Flores Urteche interceptó a Flor en la calle:
—Olvídate de Pablo Salgado. Ese hombre no es para ti. Mi hija se va a casar con él.
—No tengo ningún interés en él —respondió Flor con firmeza.
Fiorella, que presenció el encuentro, intervino para defender a Flor. Una vez a solas, Fiorella le tomó la mano a Flor y, tras confesarle cuánto la apreciaba como hermana, se preparó para hacerle una revelación definitiva.
—Fiorella... el otro día estuve con tus padres y les conté sobre tu relación con Mariano.
—¿Se lo dijiste? ¿A pesar de que te pedí que no comentaras nada? ¡Y yo que confiaba en ti!
—¡Ellos están dispuestos a aceptar tu relación! ¡No les importa para nada su condición social!
—¡Es que no lo entiendes!
—¿Qué es lo que no entiendo? Explícame: ¿por qué no quieres que sepan que sales con Mariano? Si es por su situación económica, no hay problema; tu padre está dispuesto a aceptarlo. Es más, él aceptó a tu madre a pesar de ser una mujer de pueblo.
—¡No! ¡Ellos dicen una cosa y hacen otra! ¡Los conozco bien y no son de fiar!
—Pues tu padre se notaba muy sincero.
—Siempre ha sido así, convincente. Pero seguro que ahora están tramando algo para alejarme de Mariano. ¡Lo sé! ¡Tal como hicieron con Francesco!
—¿Quién es Francesco?
—Un enamorado que tuve. Como era pobre, ellos se encargaron de hacerlo desaparecer de mi vida.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Mi padre... mejor dicho, el señor Pedro Gustavo Domínguez... mandó matar a Francesco.
Flor se quedó impávida ante la revelación.
—Así como lo oyes, Flor. Tu padre mandó matar al hombre que más quise en mi vida.
Fiorella se marchó, dejando a Flor sumida en la confusión. Tras el incidente en el restaurante, los dueños habían despedido a Flor, dejándola sin empleo. Por lo menos, todavía conservaba su trabajo como reportera, aunque el consuelo de su profesión resultaba insuficiente ante la imposibilidad de alcanzar el amor de Pablo.
—Siempre ha sido así, convincente. Pero seguro que ahora están tramando algo para alejarme de Mariano. ¡Lo sé! ¡Tal como hicieron con Francesco!
—¿Quién es Francesco?
—Un enamorado que tuve. Como era pobre, ellos se encargaron de hacerlo desaparecer de mi vida.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Mi padre... mejor dicho, el señor Pedro Gustavo Domínguez... mandó matar a Francesco.
Flor se quedó impávida ante la revelación.
—Así como lo oyes, Flor. Tu padre mandó matar al hombre que más quise en mi vida.
Fiorella se marchó, dejando a Flor sumida en la confusión. Tras el incidente en el restaurante, los dueños habían despedido a Flor, dejándola sin empleo. Por lo menos, todavía conservaba su trabajo como reportera, aunque el consuelo de su profesión resultaba insuficiente ante la imposibilidad de alcanzar el amor de Pablo.



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