CAPÍTULO XII (Corregido y pulido con IA)


CAPÍTULO XII

Alonso escribía en su laptop cuando María ingresó a su cuarto.

—¡Alonso! ¡Primo! ¿Qué haces? —preguntó, sorprendiéndolo.

—¡Prima! ¡Me interrumpiste! —exclamó él, sobresaltado.

—Discúlpame —dijo ella, mirándolo con ojos tiernos.

Alonso, conmovido, se calmó. —Está bien, prima. Pero no lo vuelvas a hacer. Dime, ¿qué haces aquí?

—Estoy escribiendo mi libro sobre el rock peruano.

—¿Y cómo va?

—Más o menos. He encontrado material interesante, pero no he sabido cómo ordenarlo.

—¿Puedo ayudarte? No soy experta, pero quizá pueda darte una opinión.

—A ver... el otro día compré un disco de un grupo formado por universitarios, producido por un conocido artista local.

Alonso puso el disco en su reproductor. Sonó una canción armoniosa, con una letra que comparaba una relación amorosa con chocolates y bombones. A María le gustó.

—No está mal —dijo ella—. Es pegajosa.

Alonso se quedó pensativo.

—¡Primo! ¿En quién piensas? ¿En Claudia?

—¡No! ¡Pienso en Virna!

—¿Virna?

—Una chica que conocí hace poco. Trabaja en una tienda de discos y me ayuda con la tesis.

—¿Es bonita?

—¡Es bellísima!

—¡Ah! ¡Estás enamorado!

—No lo creo. Quiero a Claudia; Virna es solo mi amiga. Pero dime, ¿cómo te va con Santiago?

—¿Santiago? —comenzó a ponerse nerviosa y cerró la puerta.

—¿Por qué cierras la puerta?


—No quiero que Jerry se entere de que salgo con Santiago... ¡Es muy celoso!

—Bueno, es tu hermano y se preocupa. Pero, ¿cómo va todo?

—Bien, pero me preocupa algo: el día que Fiorella tuvo el accidente, ella estaba con él, y él me confesó que fueron enamorados.

—Y temes que siga enamorado de ella...

—Así es.

En ese momento, llamaron a la puerta y Alonso permitió el paso. Era Jerry.

—¡Pero bueno! ¿Qué hacen encerrados aquí?

—Hola, hermanito. Alonso y yo platicábamos. Escuchaba un grupo de su libro y no está nada mal.

—Me alegra —dijo Jerry—. ¡Alístense, vamos a la playa!

—Llamaré a Claudia para ver si quiere ir —dijo Alonso.

—¡Ya, primo! ¿Por qué no dejas a esa Claudia? —dijo Jerry—. ¡Es muy chata y tiene cara de pesada!

—Déjalo, hermanito. ¿No ves que está enamorado?

Alonso marcó el teléfono de Claudia, pero nadie contestó. Luego llamó a su celular, pero estaba desconectado.

—¡Qué raro! No está en casa y su celular está apagado.

—Seguro ensaya con su grupo —especuló Jerry—. Vámonos, primo. No se va a acabar el mundo porque no la veas un día.

—Está bien. Lleva tus discos —dijo María.

Jerry y María salieron para alistarse. Alonso comenzó a ponerse su traje de baño.

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Al salir, decidieron pasar primero por la casa de Fiorella.

—Dime, primo —dijo Alonso—, ¿es verdad que volviste con Fiorella? ¿Y qué pasó con Julia?

—Julia se enteró de que Fiorella es su media hermana y ahora no quiere estar conmigo; cree que le quité el novio a su hermana.

—¿Cómo que son medias hermanas?

—Aparentemente, el padre de Julia estuvo con la madre de ella y con la de Fiorella.

—¡Viejo pícaro! —dijo Alonso—. Pero Julia está exagerando.

—¡Pobrecita! —añadió María—. Está confundida.

+++

En el barrio de Julia, Amanda recibió a Paula. Paula quería invitar a Jullia a ir a la playa con Juan Salgado. 

—¡Sra. Amanda! ¿Está Julia, por favor?

—¡No sabes saludar! —exclamó Amanda—. ¡Julia no puede recibirte! ¡Está castigada por ir a ese concierto!

Flor apareció y saludó a Paula. Tras una breve negociación, Amanda cedió el permiso para que Julia fuera a la playa, siempre y cuando Flor las acompañara.

+++

Durante el trayecto, se sintonizó una canción romántica de Pablo Salgado.

—¿Saben quién canta? —Julia preguntó.

—¡Claro! —dijo Flor—. ¡Es Pablo Salgado, el de moda!

—Así es —dijo Juan—. ¡Y es mi hermano!

+++

Mientras tanto, en otra esquina, Virna convencía a Mariano de ir a la playa, invitando también a Ramón Augusto. Antes de partir, pasaron por casa de Fiorella, pero su madre los echó:

—¡Mi hija no está! ¡Se fue con Jerry, su enamorado! ¡Lárguense!

Mariano, frustrado, se retiró, pero Chochi, la mucama, los alcanzó:

—¡Esperen! ¡Yo también quiero ir! ¡Me dieron el día libre!

Al subir al auto, Chochi les aclaró la situación:

—¡El señor Jerry mintió! ¡Fiorella no se fue con él, se fue con María! ¡Lo de Jerry es solo una pantalla para que la madre piense que siguen juntos, pero ya no tienen nada!

Mariano suspiró aliviado.

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En la playa, mientras María bailaba con la música de OV7, el grupo de Jerry llegó al mismo lugar. María se quitó la bata, luciendo un atrevido bikini.

—¡María! ¡Tápate, todos te miran! —dijo Jerry.

—¡No seas anticuado! —respondió ella.

Alonso y Fiorella la apoyaron. De pronto, apareció Santiago con su tabla. Se acercó a Fiorella e intentó besarla. María los sorprendió.

—¡Santiago, qué haces!

—Jerry, María y yo nos entendemos —confesó Santiago tras ser acorralado.


Jerry, enfurecido, le dio un puñetazo. La pelea fue contenida por María y Alonso, mientras Jerry, abatido por la traición, se recostó en la arena.

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Más tarde, Fiorella se encontró con Mariano. Se abrazaron y besaron apasionadamente.

—Te amo, mi vida —dijo ella—. Siempre te he querido.

Poco después, se reunieron con Flor, Julia y Paula. Julia, al ver a Jerry cerca, entró en pánico. Jerry la interceptó más tarde:

—Julia, ¿sabías lo de mi hermana y Santiago? No me huyas, te quiero.

Ella intentó escapar, pero él la alcanzó y la besó a la fuerza. Flor intervino para defender a su hermana y Jerry se retiró frustrado.

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Al regresar a casa, las hermanas Cisneros se encontraron con el General Pedro Gustavo Domínguez.


—Busco a Flor Cisneros —dijo él.

—Soy yo —respondió Flor.

Tras pedir disculpas por el incidente anterior, el General las invitó a cenar. Durante la cena, Elvira, la esposa del General, trató de humillar a Flor, pero esta se comportó con elegancia. Al finalizar, Fiorella, mientras buscaba una pomada para Julia, escuchó una discusión en el despacho:

—¡Flor es mi hija! —exclamó el General.

Fiorella, horrorizada, huyó de la casa y se encontró con Mariano, quien la llevó lejos en su limusina. Poco después, el General reveló la verdad a Flor:

—¡Tú eres mi hija! ¡Soy tu padre!

Flor, en shock, fue a confrontar a su madre. Amanda, entre lágrimas, confesó su engaño pasado: el embarazo de Flor fue fruto de aquella noche con el General, pero ella, por miedo al escándalo, engañó a Enrique para que la reconociera.

Julia, destrozada por las mentiras, huyó de casa. En la calle, fue abordada por el Oficial Ardiles, quien, con pérfidas intenciones, la convenció de subir a su patrullero. Mientras la familia desesperada buscaba a Julia, Enrique Cisneros se encontraba en su apartamento con Claudia, disfrutando de una noche de excesos, ajeno a la tragedia que se cernía sobre su familia.

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