CAPÍTULO VIII
Julia cayó en un estado de depresión apenas se enteró de que Vanessa —o mejor dicho, Fiorella— era su media hermana. ¡Increíble! ¡Fiorella, la exenamorada de Jerry, era su media hermana! Se sentía mal al pensarlo, pero Flor, su hermana, que se había enterado de todo por Amanda, su madre, trataba de hacerla recapacitar.
Mientras tanto, tocaron a la puerta y Amanda les gritó para que fueran a abrir. Flor decidió atender y encontró a Jerry con un enorme ramo de flores rojas para su amada Julia.
—¡Jerry! ¿Cómo estás? Pasa, Julia está en su cuarto, acostada.
—¿Qué tiene?
—Sufrió un desmayo, pero ya está bien. Pasa.
Jerry se dirigió al cuarto de Julia para platicar con ella, pero, apenas Julia lo vio, comenzó a gritar alarmada, queriendo echarlo.
—Ya le dije a usted, Sr. Cisneros. Mi padre es Pedro Gustavo Domínguez. Gracias a él no me falta nada: tengo educación, estudios, posición. Usted debería preocuparse más por ellas, sus hijas legítimas, que lo necesitan.
—¿Y sabes dónde están mis hijas?
—Sí, lo sé. Tengo su dirección. Si gusta, puedo dársela.
—Gracias, Fiorella.
—De nada... papá.
Al escucharla decir "papá", Don Enrique abrazó fuertemente a Fiorella y ella comenzó a estimarlo.
Rato después, ella se encontró con Mariana y le contó lo sucedido.
—Eres una tonta, Fiorella. Imagínate, rechazar su tentadora oferta para dárselo a esas muertas de hambre. Sobre todo, tener compasión de esa tal Julia, después de que le robó el amor de Jerry.
—No le tengo rencor a Julia. Es mi hermana y, además, ambos se quieren.
—No lo sé, Fiorella. Pero, en mi lugar, si alguien me quitara a mi novio, yo no tendría compasión.
Fiorella cambió de conversación.
En ese momento apareció Flor. Fiorella se sorprendió al verla y le pidió a Mariana que se retirara para hablar a solas.
—¿Flor? ¿Qué haces aquí?
—Vine a pedirte disculpas por lo sucedido la otra vez. Pero debes comprender a mi madre: ella ha sufrido mucho por la huida de nuestro padre y por su infidelidad. Pero quiero que sepas que yo te entiendo y te apoyo.
—Gracias, Flor. Pero soy yo quien debe pedirles perdón. Después de todo, les mentí ocultando mi verdadera identidad.
—No te preocupes. Yo te entiendo claramente. No en vano soy reportera de chismes del Jet-set y sé cómo sufre la gente de tu clase social, con tanta apariencia e hipocresía.
—Gracias por entenderme. ¿Sabes? Yo siempre quise tener una hermana. Y ahora, gracias a ti, la tengo.
Las dos se abrazaron. En ese momento apareció Elvira.
—¡Fiorella! ¿Y quién es esta muchacha?
—Mamá, ella es Flor Cisneros... mi hermana.
Los ojos de Elvira se llenaron de indignación.
—¡Y tienes el descaro de traerla a mi casa! ¡A la hija de esa desgraciada!
—¡Mamá! ¡No te permito que hables de Flor de esa manera! ¡Ella es mi hermana y la debes respetar!
—¡Hija! ¡Pero cómo puedes estar de parte de esta gentuza!
—Mejor me voy, Fiorella —intervino Flor—. Chao.
—Chao, Flor. Gracias por venir.
Las dos se despidieron y Flor se retiró, pero el sermón entre Fiorella y su madre continuaba. Su madre se negaba a aceptar en su casa a las hijas de Amanda, sin saber que los hijos no tienen la culpa de los errores que los padres cometen. Sin embargo, Fiorella aceptó a su madre y decidió respetar su decisión, más no compartirla, puesto que ella estaba feliz de poder tener no una, sino dos hermanas. Flor también estaba dichosa, pues sabía que Fiorella era una buena muchacha y estaba arrepentida por el error que cometió.
Sin embargo, la dicha no duraría mucho. Jerry, desconsolado por lo que sucedió con Julia, fue a casa de Fiorella a explicarle lo sucedido. En una confusión, cuando Fiorella consolaba a Jerry, Doña Elvira los vio juntos.
—¡Vaya! ¿Se amistaron?
—Señora... yo...
—¡Qué bueno! ¡Sabía que, tarde o temprano, se iban a amistar porque ustedes son el uno para el otro! ¡Esto hay que celebrarlo!
Elvira, dichosa, llamó a Chochi y al resto de empleados para preparar la casa y celebrar la supuesta reconciliación de Fiorella con Jerry Modugno.
—Pero, ¿cómo explicarle a mi madre que no nos hemos reconciliado?
—Déjala. Esto me está dando una idea. Sigamos con el juego para darle un escarmiento a Mariano y a Julia.
—No es correcto. Es jugar sucio. ¡No acepto!
—Demasiado tarde... tu madre seguro ya está avisando a todas sus amigas sobre este acontecimiento.
Fiorella seguía perturbada por el canallesco plan de Jerry, pero, en lugar de rebelarse, no le quedó otra que aceptar. Después de todo, Mariano ya no quería saber nada de ella.
Y así se realizó una reunión entre la crema y nata de la sociedad limeña, incluyendo a Clara, su esposo y su hija Mariana, para celebrar la supuesta reconciliación. Pablo, el enamorado de Mariana, no pudo ir por compromisos profesionales, pero Enrique vino en su representación. Después de todo, Don Pedro Gustavo no sabía la verdad sobre Enrique y Elvira. Flor, como buena periodista, se enteró de la noticia y se inmiscuyó en el cóctel para retar cara a cara a Jerry y Fiorella, sin sospechar que muy cerca estaba Enrique, su padre.
—Tienes razón —dijo Virna—. ¿Y cómo sabes tanto de rock peruano, viviendo en Miami?
—Por el Internet. Yo me escribo por e-mail con personas y visito sus páginas web. Así supe del concierto del grupo de Claudia y así conocí a la que ahora es el amor de mi vida.
—Yo también tengo e-mail. Si gustas, te doy el mío para compartir información.
—Por supuesto.
Julia cayó en un estado de depresión apenas se enteró de que Vanessa —o mejor dicho, Fiorella— era su media hermana. ¡Increíble! ¡Fiorella, la exenamorada de Jerry, era su media hermana! Se sentía mal al pensarlo, pero Flor, su hermana, que se había enterado de todo por Amanda, su madre, trataba de hacerla recapacitar.
—Tranquila, hermanita —dijo Flor—. No te ahogues en un vaso de agua. La verdad, no le veo nada malo.
—¡Es que no lo comprendes! ¡Fiorella es nuestra media hermana! ¡Y fue enamorada de Jerry! ¡Y yo me metí y se lo quité!
—¡No, Julia! ¡Tú no le quitaste nada a nadie; simplemente, fue solo una jugada del destino!
—¡Lo que sea! ¡Pero yo no quiero estar más con Jerry! ¡No quiero verlo!
—¡Tampoco es para tanto! ¡Ustedes se quieren de verdad!
—¡Es que no lo comprendes! ¡Fiorella es nuestra media hermana! ¡Y fue enamorada de Jerry! ¡Y yo me metí y se lo quité!
—¡No, Julia! ¡Tú no le quitaste nada a nadie; simplemente, fue solo una jugada del destino!
—¡Lo que sea! ¡Pero yo no quiero estar más con Jerry! ¡No quiero verlo!
—¡Tampoco es para tanto! ¡Ustedes se quieren de verdad!
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Mientras tanto, tocaron a la puerta y Amanda les gritó para que fueran a abrir. Flor decidió atender y encontró a Jerry con un enorme ramo de flores rojas para su amada Julia.
—¡Jerry! ¿Cómo estás? Pasa, Julia está en su cuarto, acostada.
—¿Qué tiene?
—Sufrió un desmayo, pero ya está bien. Pasa.
Jerry se dirigió al cuarto de Julia para platicar con ella, pero, apenas Julia lo vio, comenzó a gritar alarmada, queriendo echarlo.
—¡Qué hace ese tipo aquí! ¡No! ¡No quiero verlo! ¡Que se vaya!
—¡Pero, Julia, si él es tu enamorado!
—¡No quiero verlo aquí! ¡Que se vaya!
Flor le recomendó a Jerry que mejor se retirara. Él se despidió de Amanda y Flor. Acto seguido, Amanda fue a reclamarle a su hija:
—¡Por qué te tienes que portar mal con ese muchacho! ¿Acaso no es tu enamorado?
—¡Ya no lo quiero!
—¡Eres una caprichosa y engreída! ¿Quién te entiende? ¡Ahora mismo te levantas de tu cama y vas a pedirle disculpas a ese chico! ¡Qué te has creído! ¡Forajida!
Amanda destapó rápidamente la cama de Julia y, de inmediato, la tomó de la ropa y la levantó a la fuerza. Mientras tanto, Flor trataba de decirle a su mamá que no agrediera a su hermana.
—¡Mamá, discúlpala, pero Julia está así por lo que acaba de enterarse de Vanessa! ¡Perdón, de Fiorella!
—¡Pero, Julia, si él es tu enamorado!
—¡No quiero verlo aquí! ¡Que se vaya!
Flor le recomendó a Jerry que mejor se retirara. Él se despidió de Amanda y Flor. Acto seguido, Amanda fue a reclamarle a su hija:
—¡Por qué te tienes que portar mal con ese muchacho! ¿Acaso no es tu enamorado?
—¡Ya no lo quiero!
—¡Eres una caprichosa y engreída! ¿Quién te entiende? ¡Ahora mismo te levantas de tu cama y vas a pedirle disculpas a ese chico! ¡Qué te has creído! ¡Forajida!
Amanda destapó rápidamente la cama de Julia y, de inmediato, la tomó de la ropa y la levantó a la fuerza. Mientras tanto, Flor trataba de decirle a su mamá que no agrediera a su hermana.
—¡Mamá, discúlpala, pero Julia está así por lo que acaba de enterarse de Vanessa! ¡Perdón, de Fiorella!
—¡Fiorella tiene la culpa! ¡A mala hora llegó a esta casa! ¡Qué se habrá creído esa desgraciada! ¡Maldita y mil veces maldita!
—¡Pero, mamá, por lo que veo, Fiorella ha sido más que una buena compañía para nosotras! ¡Habrá tenido sus razones para actuar de esa manera, pero nunca cometió intrigas, ni lanzó indirectas, ni provocó malos entendidos! ¡Vanessa no es una mala chica!
—¡Te parece poco lo que nos hizo! ¡Es hija de esa mujer, Elvira Hinojoza, la amante de tu padre! ¡Por su culpa, he sido el hazmerreír del pueblo! ¡Y no contenta con hacerme sufrir, ha infiltrado a la recogida de su hijita para burlarse de nosotras!
Julia las miraba con los brazos encogidos y la cabeza gacha por el miedo.
—No lo sé, mamá, pero yo creo que estás equivocada con ella...
—¡No la llames Vanessa! ¡Se llama Fiorella! ¡Y no me contradigas, que soy tu madre! ¡Me extraña, Flor, que siendo tú mi hija más centrada, te pongas del lado de esa zandunga! ¡Eso no me lo esperaba de ti!
—¡Pero, mamá, por lo que veo, Fiorella ha sido más que una buena compañía para nosotras! ¡Habrá tenido sus razones para actuar de esa manera, pero nunca cometió intrigas, ni lanzó indirectas, ni provocó malos entendidos! ¡Vanessa no es una mala chica!
—¡Te parece poco lo que nos hizo! ¡Es hija de esa mujer, Elvira Hinojoza, la amante de tu padre! ¡Por su culpa, he sido el hazmerreír del pueblo! ¡Y no contenta con hacerme sufrir, ha infiltrado a la recogida de su hijita para burlarse de nosotras!
Julia las miraba con los brazos encogidos y la cabeza gacha por el miedo.
—No lo sé, mamá, pero yo creo que estás equivocada con ella...
—¡No la llames Vanessa! ¡Se llama Fiorella! ¡Y no me contradigas, que soy tu madre! ¡Me extraña, Flor, que siendo tú mi hija más centrada, te pongas del lado de esa zandunga! ¡Eso no me lo esperaba de ti!
—Pero, mamá, trato de ser justa e imparcial.
—¡No! ¡Tú eres muy injusta apoyando a esa malnacida! ¡Me has defraudado!
Flor decidió callar y seguirle la corriente a su mamá quien, de pronto, miró a Julia y, tiritando, la jaló del brazo y la sacó de la casa para que buscase a Jerry y le pidiera disculpas.
Julia, atemorizada, trataba de buscar a Jerry. Pero, en ese momento, se acercó Erik, el rockero, con guitarra en mano para cortejarla.
—¡Julia! ¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan triste? ¡Alégrate, que la vida es una y hay que disfrutarla! ¿Sabes? Te estoy componiendo una canción. ¿Quieres escucharla?
Julia solo movió su cabeza de arriba abajo en señal de afirmación. Erik afinó su guitarra y comenzó a cantar. Ella empezó a sonreír tímidamente cuando, de pronto, se acercó Jerry.
—Julia, creo que necesito una explicación...
—No hay explicación que dar, Jerry. Lo nuestro es imposible. Anda con Fiorella, ella te necesita.
—Pero yo no quiero a Fiorella —dijo él, comenzando a sujetarla de la ropa—. ¡Yo te quiero a ti, Julia! ¡Te quiero!
—¡No! ¡Tú eres muy injusta apoyando a esa malnacida! ¡Me has defraudado!
Flor decidió callar y seguirle la corriente a su mamá quien, de pronto, miró a Julia y, tiritando, la jaló del brazo y la sacó de la casa para que buscase a Jerry y le pidiera disculpas.
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Julia, atemorizada, trataba de buscar a Jerry. Pero, en ese momento, se acercó Erik, el rockero, con guitarra en mano para cortejarla.
—¡Julia! ¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan triste? ¡Alégrate, que la vida es una y hay que disfrutarla! ¿Sabes? Te estoy componiendo una canción. ¿Quieres escucharla?
Julia solo movió su cabeza de arriba abajo en señal de afirmación. Erik afinó su guitarra y comenzó a cantar. Ella empezó a sonreír tímidamente cuando, de pronto, se acercó Jerry.
—Julia, creo que necesito una explicación...
—No hay explicación que dar, Jerry. Lo nuestro es imposible. Anda con Fiorella, ella te necesita.
—Pero yo no quiero a Fiorella —dijo él, comenzando a sujetarla de la ropa—. ¡Yo te quiero a ti, Julia! ¡Te quiero!
—¡Oye! —intervino Erik, dejando su guitarra con cuidado y separándolos—. ¡Deja tranquila a Julia! ¡Atrevido!
—¡No te metas! ¡Esto es entre Julia y yo!
—¡Me meto en lo que me da la gana! ¡Yo quiero a Julia y no tolero que se porten mal con ella!
Jerry intentó darle un golpe, pero Erik logró esquivarlo.
—¡No peleen! —exclamó Julia—. ¡Jerry, no tienes ninguna razón para envalentonarte con Erik!
—¿Y qué tiene que ver ese tipejo contigo? ¿Acaso es tu enamorado?
—¡Sí, lo es! ¡Erik es mi enamorado!
Ella comenzó a abrazar a Erik y él le siguió la corriente.
—¿Es eso cierto, Julia? ¡No puedo creerlo! —dijo Jerry, confundido.
—¡Sí! ¡Erik es mi enamorado y lo quiero mucho!
—¡No! ¡Esto es una broma! ¡No puedo creerlo!
—¡No te metas! ¡Esto es entre Julia y yo!
—¡Me meto en lo que me da la gana! ¡Yo quiero a Julia y no tolero que se porten mal con ella!
Jerry intentó darle un golpe, pero Erik logró esquivarlo.
—¡No peleen! —exclamó Julia—. ¡Jerry, no tienes ninguna razón para envalentonarte con Erik!
—¿Y qué tiene que ver ese tipejo contigo? ¿Acaso es tu enamorado?
—¡Sí, lo es! ¡Erik es mi enamorado!
Ella comenzó a abrazar a Erik y él le siguió la corriente.
—¿Es eso cierto, Julia? ¡No puedo creerlo! —dijo Jerry, confundido.
—¡Sí! ¡Erik es mi enamorado y lo quiero mucho!
—¡No! ¡Esto es una broma! ¡No puedo creerlo!
—¡Créelo, porque es verdad, pituquito! ¡Julia es mi chica! ¡Ja! ¿Cómo te quedó el ojo? ¡Ja!
Jerry, decepcionado e indignado, se retiró y se fue en su auto. Mientras, Julia intentó soltarse de Erik, pero él le pidió un besito y ella le dio tremenda bofetada. Erik se envalentonó e intentó besarla a la fuerza, pero...
—¡Deje tranquila a mi amiga!
Era Paula, que venía acompañada de Juan. Erik soltó a Julia y, al ver la mirada amenazante de Juan, se retiró. Julia le explicó todo a Paula, sobre su rompimiento con Jerry, cosa que no le hizo ninguna gracia.
—¡Pero, Julia, qué tonta eres! ¿Cómo puedes dejar así a Jerry, que te quiere mucho?
—¡Pero él estaba con Fiorella y yo se lo quité! ¡Y Fiorella es mi media hermana! ¡Soy mala!
Jerry, decepcionado e indignado, se retiró y se fue en su auto. Mientras, Julia intentó soltarse de Erik, pero él le pidió un besito y ella le dio tremenda bofetada. Erik se envalentonó e intentó besarla a la fuerza, pero...
—¡Deje tranquila a mi amiga!
Era Paula, que venía acompañada de Juan. Erik soltó a Julia y, al ver la mirada amenazante de Juan, se retiró. Julia le explicó todo a Paula, sobre su rompimiento con Jerry, cosa que no le hizo ninguna gracia.
—¡Pero, Julia, qué tonta eres! ¿Cómo puedes dejar así a Jerry, que te quiere mucho?
—¡Pero él estaba con Fiorella y yo se lo quité! ¡Y Fiorella es mi media hermana! ¡Soy mala!
Paula y Juan se quedaron impávidos y confundidos por la noticia. ¿Julia y Fiorella son medias hermanas? ¡Increíble!
—Pero yo no veo que esa sea razón para dejar a Jerry —dijo Paula—. Ustedes se querían mucho.
—A mí me consta, Julia —dijo Juan—, que ustedes se querían.
—¡No, no! ¡Yo soy mala! ¡Yo le quité el novio a mi hermana! ¡Soy mala!
—Tú no eres mala. Solo estás confundida —dijo Paula, apoyando la cabeza de Julia sobre su hombro para consolarla.
—¿Y dónde está Fiorella? —preguntó Juan.
—¡Lejos! —intervino Mariano, que acababa de llegar—. ¡Muy lejos de aquí! ¡Donde no pueda ver a esa farsante!
—¿Mariano? —dijo Paula.
—Ya lo sé todo. Vanessa era una farsante. Se llamaba Fiorella y era toda una jugadora, de lo peor.
—Pero yo no veo que esa sea razón para dejar a Jerry —dijo Paula—. Ustedes se querían mucho.
—A mí me consta, Julia —dijo Juan—, que ustedes se querían.
—¡No, no! ¡Yo soy mala! ¡Yo le quité el novio a mi hermana! ¡Soy mala!
—Tú no eres mala. Solo estás confundida —dijo Paula, apoyando la cabeza de Julia sobre su hombro para consolarla.
—¿Y dónde está Fiorella? —preguntó Juan.
—¡Lejos! —intervino Mariano, que acababa de llegar—. ¡Muy lejos de aquí! ¡Donde no pueda ver a esa farsante!
—¿Mariano? —dijo Paula.
—Ya lo sé todo. Vanessa era una farsante. Se llamaba Fiorella y era toda una jugadora, de lo peor.
—¡Oye! —intervino Juan—. ¡Cómo se nota que no conoces a Fiorella! ¡Ella es una chica decente!
—¡Ja! ¡No me hagas reír, por favor! ¡Ella es una hipócrita, dos caras...! ¿Y tú qué haces con Paula?
—¡Paula es mi enamorada!
—¿Tu enamorada? ¡Sobre mi cadáver, pituco!
Mariano lo tomó de la ropa y comenzaron a pelear, pero, en ese momento, los esquineros los separaron. Paula tomó a Juan y se retiraron con Julia. Mientras tanto, Mariano se consolaba con los demás esquineros, yéndose al bar a tomarse unas chelas.
—¡Chucha, cuñao! —dijo Mariano—. ¡Cómo son las mujeres de falsas! Primero, Vanessa, que me engaña, y ahora, Paula. ¿Quién entiende a las mujeres?
—¡Ja! ¡No me hagas reír, por favor! ¡Ella es una hipócrita, dos caras...! ¿Y tú qué haces con Paula?
—¡Paula es mi enamorada!
—¿Tu enamorada? ¡Sobre mi cadáver, pituco!
Mariano lo tomó de la ropa y comenzaron a pelear, pero, en ese momento, los esquineros los separaron. Paula tomó a Juan y se retiraron con Julia. Mientras tanto, Mariano se consolaba con los demás esquineros, yéndose al bar a tomarse unas chelas.
—¡Chucha, cuñao! —dijo Mariano—. ¡Cómo son las mujeres de falsas! Primero, Vanessa, que me engaña, y ahora, Paula. ¿Quién entiende a las mujeres?
—¡Oiga, chochera! —intervino Patroclo—. Disculpe por decirle esto, pero yo creo que la tal Vanessa no es tan mala como parece. Por lo que sé, ella se sinceró con usted varias veces. Además, me acuerdo bien de que, cuando la vi con su amiga en Miraflores, a mí me trató muy bien y hasta me saludó; otra, en su lugar, se hubiera hecho la desentendida. Pero Vanessa no... ¡Ella nunca nos ignoró y siempre dio la cara por nosotros!
—Primero, no se llama Vanessa, se llama Fiorella, y segundo... —dijo Mariano—, ¡es una mujer de lo peor!
Patroclo decidió quedarse callado mientras Mariano seguía lamentando su desdicha.
Mientras tanto, Fiorella recibió un fuerte regaño de Don Pedro Gustavo Domínguez, el hombre que la crió como si fuera su padre. Él la castigó severamente, quitándole todas sus tarjetas de crédito y prohibiéndole salir a la calle con sus amigas por tiempo indefinido. Fiorella, con la cabeza gacha, aceptó el castigo y se dirigió a hablar con su madre.
—Primero, no se llama Vanessa, se llama Fiorella, y segundo... —dijo Mariano—, ¡es una mujer de lo peor!
Patroclo decidió quedarse callado mientras Mariano seguía lamentando su desdicha.
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Mientras tanto, Fiorella recibió un fuerte regaño de Don Pedro Gustavo Domínguez, el hombre que la crió como si fuera su padre. Él la castigó severamente, quitándole todas sus tarjetas de crédito y prohibiéndole salir a la calle con sus amigas por tiempo indefinido. Fiorella, con la cabeza gacha, aceptó el castigo y se dirigió a hablar con su madre.
—Mamá, ¿por qué no me lo dijiste?
—¿Qué cosa, Fiorella?
—Que mi verdadero padre fue esposo de otra mujer. ¡Cómo pudiste hacerle eso!
La Sra. Elvira se quedó asombrada. No sospechaba que su hija pudiera saber, a esas alturas, toda la verdad.
—Pero, ¿cómo...?
—Me lo dijo la Sra. Amanda.
—¿Amanda? —dijo sorprendida. Nuevamente, el nombre de Amanda volvía a atormentarla.
—Amanda era la señora con la que me hospedé. Es vecina de mi tío y fue la que me dijo todo.
—¿Qué cosa, Fiorella?
—Que mi verdadero padre fue esposo de otra mujer. ¡Cómo pudiste hacerle eso!
La Sra. Elvira se quedó asombrada. No sospechaba que su hija pudiera saber, a esas alturas, toda la verdad.
—Pero, ¿cómo...?
—Me lo dijo la Sra. Amanda.
—¿Amanda? —dijo sorprendida. Nuevamente, el nombre de Amanda volvía a atormentarla.
—Amanda era la señora con la que me hospedé. Es vecina de mi tío y fue la que me dijo todo.
Elvira se puso la mano sobre la frente y se sentó, frustrada.
—Las cosas no son lo que piensas, Fiorella. Yo amé a tu verdadero padre. Fue Amanda la que me lo quitó. Pero no tienes que ser así con él. Él fue quien colocó esos anuncios en el periódico para buscarte. Es un buen hombre, te lo juro.
—¿Está aquí en Lima?
—Sí. Y yo creo que ya es hora de que lo conozcas.
Una tarde, Fiorella salió con su mamá a conocer a Don Enrique, su verdadero padre. Apenas la vio, Don Enrique quiso abrazarla, pero ella lo miró fríamente y solo le dio la mano.
—Hija, abraza a tu padre.
—Mi padre es Pedro Gustavo Domínguez.
—Las cosas no son lo que piensas, Fiorella. Yo amé a tu verdadero padre. Fue Amanda la que me lo quitó. Pero no tienes que ser así con él. Él fue quien colocó esos anuncios en el periódico para buscarte. Es un buen hombre, te lo juro.
—¿Está aquí en Lima?
—Sí. Y yo creo que ya es hora de que lo conozcas.
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Una tarde, Fiorella salió con su mamá a conocer a Don Enrique, su verdadero padre. Apenas la vio, Don Enrique quiso abrazarla, pero ella lo miró fríamente y solo le dio la mano.
—Hija, abraza a tu padre.
—Mi padre es Pedro Gustavo Domínguez.
—Sé lo que sientes por mí —dijo Enrique—, pero no tuve ninguna culpa, te lo juro. Es más, ni siquiera supe que tu madre estaba embarazada. Recién acabo de enterarme, pero te juro que, si hubiera sabido de tu existencia, no habría dejado sola a tu madre.
—¿Por qué hizo sufrir a Amanda? ¡Una pobre mujer que ha soportado vivir entre tanta miseria, sola, con sus dos hijas!
—¡Oh, Julia, Flor! ¡Ya deben ser todas unas señoritas!
—Son buenas muchachas, a pesar de todo.
—Pero, hija, Fiorella, dame una oportunidad. Yo puedo recuperar todo el tiempo perdido.
—Lo único que puedo pedirle, Sr. Cisneros, es que ayude a sus dos hijas... ¡Ellas qué culpa tienen! ¡Han crecido solas y desamparadas, sin siquiera una imagen paterna!
—Está bien, pero, por favor, ¿será que algún día me vas a llamar papá?
—¿Por qué hizo sufrir a Amanda? ¡Una pobre mujer que ha soportado vivir entre tanta miseria, sola, con sus dos hijas!
—¡Oh, Julia, Flor! ¡Ya deben ser todas unas señoritas!
—Son buenas muchachas, a pesar de todo.
—Pero, hija, Fiorella, dame una oportunidad. Yo puedo recuperar todo el tiempo perdido.
—Lo único que puedo pedirle, Sr. Cisneros, es que ayude a sus dos hijas... ¡Ellas qué culpa tienen! ¡Han crecido solas y desamparadas, sin siquiera una imagen paterna!
—Está bien, pero, por favor, ¿será que algún día me vas a llamar papá?
—Ya le dije a usted, Sr. Cisneros. Mi padre es Pedro Gustavo Domínguez. Gracias a él no me falta nada: tengo educación, estudios, posición. Usted debería preocuparse más por ellas, sus hijas legítimas, que lo necesitan.—¿Y sabes dónde están mis hijas?
—Sí, lo sé. Tengo su dirección. Si gusta, puedo dársela.
—Gracias, Fiorella.
—De nada... papá.
Al escucharla decir "papá", Don Enrique abrazó fuertemente a Fiorella y ella comenzó a estimarlo.
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Rato después, ella se encontró con Mariana y le contó lo sucedido.
—Eres una tonta, Fiorella. Imagínate, rechazar su tentadora oferta para dárselo a esas muertas de hambre. Sobre todo, tener compasión de esa tal Julia, después de que le robó el amor de Jerry.
—No le tengo rencor a Julia. Es mi hermana y, además, ambos se quieren.
—No lo sé, Fiorella. Pero, en mi lugar, si alguien me quitara a mi novio, yo no tendría compasión.
Fiorella cambió de conversación.+++
En ese momento apareció Flor. Fiorella se sorprendió al verla y le pidió a Mariana que se retirara para hablar a solas.
—¿Flor? ¿Qué haces aquí?
—Vine a pedirte disculpas por lo sucedido la otra vez. Pero debes comprender a mi madre: ella ha sufrido mucho por la huida de nuestro padre y por su infidelidad. Pero quiero que sepas que yo te entiendo y te apoyo.
—Gracias, Flor. Pero soy yo quien debe pedirles perdón. Después de todo, les mentí ocultando mi verdadera identidad.
—No te preocupes. Yo te entiendo claramente. No en vano soy reportera de chismes del Jet-set y sé cómo sufre la gente de tu clase social, con tanta apariencia e hipocresía.
—Gracias por entenderme. ¿Sabes? Yo siempre quise tener una hermana. Y ahora, gracias a ti, la tengo.
Las dos se abrazaron. En ese momento apareció Elvira.
—¡Fiorella! ¿Y quién es esta muchacha?
Los ojos de Elvira se llenaron de indignación.
—¡Y tienes el descaro de traerla a mi casa! ¡A la hija de esa desgraciada!
—¡Mamá! ¡No te permito que hables de Flor de esa manera! ¡Ella es mi hermana y la debes respetar!
—¡Hija! ¡Pero cómo puedes estar de parte de esta gentuza!
—Mejor me voy, Fiorella —intervino Flor—. Chao.
—Chao, Flor. Gracias por venir.
Las dos se despidieron y Flor se retiró, pero el sermón entre Fiorella y su madre continuaba. Su madre se negaba a aceptar en su casa a las hijas de Amanda, sin saber que los hijos no tienen la culpa de los errores que los padres cometen. Sin embargo, Fiorella aceptó a su madre y decidió respetar su decisión, más no compartirla, puesto que ella estaba feliz de poder tener no una, sino dos hermanas. Flor también estaba dichosa, pues sabía que Fiorella era una buena muchacha y estaba arrepentida por el error que cometió.
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—Señora... yo...
—¡Qué bueno! ¡Sabía que, tarde o temprano, se iban a amistar porque ustedes son el uno para el otro! ¡Esto hay que celebrarlo!
Elvira, dichosa, llamó a Chochi y al resto de empleados para preparar la casa y celebrar la supuesta reconciliación de Fiorella con Jerry Modugno.
—Pero, ¿cómo explicarle a mi madre que no nos hemos reconciliado?
—Déjala. Esto me está dando una idea. Sigamos con el juego para darle un escarmiento a Mariano y a Julia.
—No es correcto. Es jugar sucio. ¡No acepto!
—Demasiado tarde... tu madre seguro ya está avisando a todas sus amigas sobre este acontecimiento.
Fiorella seguía perturbada por el canallesco plan de Jerry, pero, en lugar de rebelarse, no le quedó otra que aceptar. Después de todo, Mariano ya no quería saber nada de ella.
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Y así se realizó una reunión entre la crema y nata de la sociedad limeña, incluyendo a Clara, su esposo y su hija Mariana, para celebrar la supuesta reconciliación. Pablo, el enamorado de Mariana, no pudo ir por compromisos profesionales, pero Enrique vino en su representación. Después de todo, Don Pedro Gustavo no sabía la verdad sobre Enrique y Elvira. Flor, como buena periodista, se enteró de la noticia y se inmiscuyó en el cóctel para retar cara a cara a Jerry y Fiorella, sin sospechar que muy cerca estaba Enrique, su padre.
—¡Partida de infelices! ¡Todo había sido un sucio juego de ustedes! ¡Mi madre tenía razón! ¡Ustedes no valen nada!
—Déjame explicarte, Flor —dijo Fiorella.
—¿Flor? —preguntó Enrique, confundido—. ¿Eres Flor?
—Sí, señor. Flor María Cisneros Pérez, para servirle.
Don Enrique se quedó impávido al enterarse de que estaba cara a cara con Flor, su hija mayor, e intentó acariciarla, confundiendo aún más a la joven.
—¿Quién es usted? —preguntó ella.
—Yo... yo... —dijo él, nervioso.
—Flor, él es tu padre —respondió Fiorella.
Flor se quedó con la boca abierta. Estaba frente a frente con aquel hombre que las abandonó en la más absoluta miseria. Optó por retirarse tranquilamente y la fiesta se reanudó. Angustiada, Flor tomó un taxi que la llevó hasta su casa, donde, de rodillas, le pidió perdón a su madre.
Por su parte, Fiorella le pidió a Jerry, ante los demás invitados, terminar definitivamente con su relación, pues ya no podía seguir con esa farsa. Sin embargo, por compasión hacia su madre, decidió no confesar la verdad sobre ella y Flor. Fiorella optó por quedarse sola, sufriendo por Mariano. Mientras tanto, Jerry, gracias a las palabras de Flor, logró recapacitar, darse cuenta de que su plan era canallesco y comenzó a arrepentirse.
Al día siguiente Alonso, a pesar de los reclamos de su primo Jerry, se encontró con Claudia, pues ella necesitaba hacer unas compras urgentes.
—Déjame explicarte, Flor —dijo Fiorella.
—¿Flor? —preguntó Enrique, confundido—. ¿Eres Flor?
—Sí, señor. Flor María Cisneros Pérez, para servirle.
Don Enrique se quedó impávido al enterarse de que estaba cara a cara con Flor, su hija mayor, e intentó acariciarla, confundiendo aún más a la joven.
—¿Quién es usted? —preguntó ella.
—Yo... yo... —dijo él, nervioso.
—Flor, él es tu padre —respondió Fiorella.
Flor se quedó con la boca abierta. Estaba frente a frente con aquel hombre que las abandonó en la más absoluta miseria. Optó por retirarse tranquilamente y la fiesta se reanudó. Angustiada, Flor tomó un taxi que la llevó hasta su casa, donde, de rodillas, le pidió perdón a su madre.
Por su parte, Fiorella le pidió a Jerry, ante los demás invitados, terminar definitivamente con su relación, pues ya no podía seguir con esa farsa. Sin embargo, por compasión hacia su madre, decidió no confesar la verdad sobre ella y Flor. Fiorella optó por quedarse sola, sufriendo por Mariano. Mientras tanto, Jerry, gracias a las palabras de Flor, logró recapacitar, darse cuenta de que su plan era canallesco y comenzó a arrepentirse.
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Al día siguiente Alonso, a pesar de los reclamos de su primo Jerry, se encontró con Claudia, pues ella necesitaba hacer unas compras urgentes.
—Necesito ir al Jockey Plaza para comprar cuerdas de guitarra.
—¿Allá? —dijo Alonso—. ¡Pero si es muy caro! ¡Además, en Galerías Brasil hay mejor surtido, calidad y precio!
—¡Bah! ¡No me gusta Galerías Brasil! ¡Hay mucho cholo!
—¡No, flaca! ¡Galerías Brasil es bacán! ¡Yo me muero de ganas de ir allá y ver algo de música!
—¡Está bien! ¡Pero primero pasamos por esa boutique donde encontré un vestido que me fascinó!
—¿Allá? —dijo Alonso—. ¡Pero si es muy caro! ¡Además, en Galerías Brasil hay mejor surtido, calidad y precio!
—¡Bah! ¡No me gusta Galerías Brasil! ¡Hay mucho cholo!
—¡No, flaca! ¡Galerías Brasil es bacán! ¡Yo me muero de ganas de ir allá y ver algo de música!
—¡Está bien! ¡Pero primero pasamos por esa boutique donde encontré un vestido que me fascinó!
Alonso y Claudia entraron a la tienda, donde ella eligió varios vestidos y carteras, dejando casi sin plata al pobre muchacho. Luego fueron a una zapatería y ella tomó varios pares carísimos, aumentando la cuenta de las tarjetas de Alonso. Él no se daba cuenta de nada, pues estaba muy enamorado. Rato después fueron a Galerías Brasil. Pasaron por una tienda de discos y Alonso se acercó a ver. Los atendió una vendedora llamada Virna, a quien le fascinó Alonso, así como su interés en el rock peruano.
—Hay que apoyar lo nuestro —dijo Alonso muy contento—. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer por nosotros?
—Hay que apoyar lo nuestro —dijo Alonso muy contento—. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer por nosotros?
—Tienes razón —dijo Virna—. ¿Y cómo sabes tanto de rock peruano, viviendo en Miami?
—Por el Internet. Yo me escribo por e-mail con personas y visito sus páginas web. Así supe del concierto del grupo de Claudia y así conocí a la que ahora es el amor de mi vida.
—Yo también tengo e-mail. Si gustas, te doy el mío para compartir información.
—Por supuesto.
—¿Hay un concierto de ustedes dentro de poco?
—No... todavía. Pero si hay uno, les aviso —dijo con voz esquiva.
En ese momento ingresó Julia y Alonso la reconoció, pero ella trató de esquivarlo.
—¡Julia! ¿Qué te pasa que no quieres hablar conmigo?
—Yo... yo... —exclamó Julia, titubeando.
—¿Qué pasó con mi primo Jerry? Él sufre mucho por ti.
Julia, avergonzada, se retiró. Alonso se rascó la cabeza por la extraña reacción de la joven. Claudia le hizo caricias en el cabello, lo tranquilizó con un beso y continuaron su paseo. Mientras tanto, Virna estaba emocionada por haberse encontrado con Alonso.
—No... todavía. Pero si hay uno, les aviso —dijo con voz esquiva.
En ese momento ingresó Julia y Alonso la reconoció, pero ella trató de esquivarlo.
—¡Julia! ¿Qué te pasa que no quieres hablar conmigo?
—Yo... yo... —exclamó Julia, titubeando.
—¿Qué pasó con mi primo Jerry? Él sufre mucho por ti.
Julia, avergonzada, se retiró. Alonso se rascó la cabeza por la extraña reacción de la joven. Claudia le hizo caricias en el cabello, lo tranquilizó con un beso y continuaron su paseo. Mientras tanto, Virna estaba emocionada por haberse encontrado con Alonso.










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