CAPÍTULO VI (Revisado y corregido con IA)


CAPÍTULO VI

Una tarde, Paula le hizo una visita a Julia y ambas platicaron en la sala.

—¡Paula! ¿Cómo te va con Mariano?

—Mariano y yo terminamos.

—¡Oh! ¡Cuánto lo lamento!

—¡Bah! ¡Él ya está saliendo con otra!

—¿Verdad? ¿Cómo sabes eso?

—Me dijeron que está saliendo con una tal Vanessa. Dicen que la conoció en una pollada.

—¿Vanessa? No conozco a nadie con ese nombre.

—¡Nadie sabe de dónde ha venido! ¡Lo único que sé es que vino para robarme a mi Mariano!

—¿Y qué vas a hacer ahora?

—¡Absolutamente nada! ¡Si él quiere estar con la tal Vanessa, pues que la aproveche! ¡Es más, acabo de conocer a un chico absolutamente maravilloso!

—¿Verdad?

—Se llama Juan Salgado y es un chico de plata. ¡Además, es lindo y amoroso!

—Me alegra escuchar eso.

Ellas siguieron platicando.

+++

Mientras tanto, Elvira, la mamá de Fiorella, recibe una inesperada visita. Es Clara, su mejor amiga, quien viene acompañada de su hija Mariana, que luego se va a la piscina para reunirse con Fiorella.

—¡Elvira! ¡Cómo has estado!

—¡Clara! ¡Dichosos los ojos que te ven!

Ambas toman asiento en la sala y Elvira le dice a Chochi, la mucama, que traiga té con tostadas.

—Cuéntame, Clara, ¿cuándo llegaste a Lima? ¿Cómo está la situación en México?

—Llegué hace unos días. Todo bien por allá. Vine con mi hija Mariana, mi esposo Francisco y su enamorado.

—¿Su enamorado? —preguntó Elvira, tomando un sorbo de té.

—Sí. Es un chico llamado Pablo. Lo debes conocer... es el cantante Pablo Salgado.

—¡Claro! ¡Si es el cantante de moda! ¡Fiorella me lo había dicho! ¡Además, Fiorella fue enamorada de un hermano suyo!

—¿Y cómo está tu hija? ¿Qué está haciendo?

—Está bien, como siempre. Es una gran chica. Es obediente, educada y está en los primeros puestos de la universidad. Es la educación que le hemos inculcado en casa. ¡No puedo estar más orgullosa de ella! Además, Pedro Gustavo, aparte de ser un excelente esposo, ha demostrado ser un buen padre para ella.

—¿Has pensado decirle la verdad a tu hija?

Elvira dejó la taza y respiró hondo.

( Mariana )

—Pedro Gustavo se lo dijo.

—¡Cómo así! —exclamó impresionada—. ¿Cómo se lo contó?

—Bueno... Fiorella llegó tarde un día; había salido a una fiesta con unas amigas y regresó de madrugada. Entonces, Pedro Gustavo, en un ataque de ira, lo dijo todo.

—¡Ay, bendito! ¡No puede ser! —exclamó colocándose las manos en las mejillas—. ¿Y sabes quién es su verdadero padre?

—Sí. El verdadero padre de Fiorella es... Enrique Cisneros.

Clara se quedó con la boca abierta de la impresión mientras colocaba la taza en la mesa.

—¡Me acuerdo bien! —dijo Clara—. ¡Ustedes se querían mucho y se iban a casar!

—Sí —dijo Elvira con despecho—. Nos quisimos mucho... ¡Hasta que llegó esa mujer y me lo quitó!

—¿Qué mujer?

—Amanda Pérez.

Clara volvió a quedarse con la boca abierta.

—¿Amanda? ¿Amanda Pérez? ¡Yo conozco a Amanda Pérez! ¿Y qué pasó?

—Me lo quitó. Quedó embarazada de Enrique y él se casó con ella.

—¡No puede ser! ¡Chica! ¿Y tú no hiciste nada?

—Nada. ¿Qué iba a hacer? Había una criatura de por medio y no quería que se quedara sin padre por mi culpa. Para cuando me enteré de que esperaba un hijo suyo, él ya se había casado con Amanda. Entonces, empaqué mis cosas y, con mi familia, me vine a la capital. A veces me arrepiento de no haber luchado por mi amor, pero, bueno, felizmente conocí a Pedro Gustavo y él, de algún modo, llenó el vacío que tenía en mi interior.

—¿Y no has vuelto a saber nada de Enrique?

—Nada. No he vuelto a saber nada de él. Pero a veces, te confieso, quisiera encontrarme con él y contarle sobre nuestra hija, el fruto de nuestro amor.

—Pues tienes una oportunidad de decírselo.

—¿Qué estás diciendo?

—Pues, Enrique trabaja como representante de Pablo, el enamorado de mi hija. Mi esposo Francisco y yo estamos financiando la carrera artística de Pablo y contratamos a Enrique como su representante.

—¡No puede ser! ¡Qué chico es este mundo! Pero... ¿Y qué pasó con Amanda y el bebé?

—No lo sé. Pero él ya no está con Amanda... Ahora está solo y sin compromiso. ¡Y sigue guapo!

—No creo que sea buena idea... ¿Y qué va a decir Pedro Gustavo de todo esto? Estoy casada con él. Eso habrá sido antes, pero ahora ya no.

—Bueno, cumplí con decírtelo.

—¿Quieres más té? ¿Azúcar? —dijo, cambiando la conversación.

Y las dos amigas siguieron platicando en la sala.

+++

Mientras tanto, Mariana se dirige a la piscina donde se encontraba Fiorella tomando el sol en traje de baño, exhibiendo su esbelto cuerpo. Ambas platican, mientras llaman a Chochi para traer unos refrescos, y se cuentan los últimos chismes.

( Mariana )

—Terminé con Jerry.

—¡No puedo creerlo! ¿Pero cómo así terminaste con él?

—Hace unos días. Él me dijo para terminar y bueno, así lo hicimos. Y quedamos como amigos.

—¡Qué tonta eres! ¡Así como así lo dejaste ir! ¡No puedo creerlo!

—Es mejor así. A veces creo que nunca lo quise. Solo estaba ilusionada.

—¿Y ahora?

Fiorella respiró hondo. En ese momento, llegó Chochi trayendo los refrescos. Cada una se sirvió un poco. Mariana le volvió a preguntar, pero Fiorella miró de reojo a Chochi y volvió a respirar hondo. Sabía que no podía contar su relación con Mariano, un muchacho de distinta clase social a la suya.

—Ahora no estoy haciendo nada.

—¡Qué bien! ¿Sabes quién está en Lima? ¡Santiago Salgado, mi cuñado!

—¿Santiago Salgado? ¿Y qué hace aquí?

—Vino hace poco con su hermano Juan para la gira de Pablo en el Perú. ¡No te imaginas lo churro que está!

—Sí, me acuerdo de él. Santiago me conquistaba cuando éramos chibolos, pero la verdad no es mi tipo.

—¿Qué te parece si salimos a mirar tiendas?

—Bueno. Voy a cambiarme.

Fiorella se levantó de su asiento y se dirigió a su cuarto para cambiarse. Escogió una ropa sencilla. Se despidió de su mamá y de la Sra. Clara y, con Mariana en su carro, se fueron a Miraflores.

+++

(* Patroclo reconoce a Fiorella en el centro comercial *)

Estando en Miraflores, miraban las tiendas de ropa y joyerías cuando, de pronto, Patroclo, bien vestido, reconoce a Fiorella (como Vanessa) y la llama: «¡Vanessa! ¡Vanessa!». Fiorella trataba de ignorarlo, pero Patroclo se acercó para entablar una conversación.

—¡Vanessa! ¡Qué pasa que no me saludas!

Fiorella estaba nerviosa y no sabía dónde esconderse, pensando que Mariana podría enterarse de su otra vida. Pero intentó seguirle la corriente a Patroclo y comenzó a hablar en tono desfachatado. Mariana se mostraba confundida.

—¡Patroclo! ¡Cómo has estado!

—¿Y qué haces aquí? ¿Y con ese peinado y esa ropa?

—¿Esto? Me teñí el cabello. Quería cambiar. Y la ropa me la regaló la hija de mis patrones, por los años de servicio, pues. Tú sabes que ni con mi sueldo de mucama podría comprarme esta ropa. Pero la señorita Fiorella, la hija de mis patrones, es un pan de Dios y me regaló estas prendas para estar presentable.

—¿Y quién es esta chica? —dijo Patroclo, mirando de reojo a Mariana—. ¿Otra mucama?

—¡No! —exclamó indignada Mariana—. ¡Soy Mariana Flores Urteche, hija del empresario Francisco Flores Urteche!

—Ella es amiga de la hija de mi patrona —explicó Vanessa—. Y yo vine a acompañarla a hacer compras. La hija de mi patrona no pudo venir porque estaba un poquito malita.

—Es un placer —dijo saludando a Mariana—, soy Roberto Aravena, para servirle a usted.

—Oye, Roberto —dijo Vanessa—, ¿por qué te dicen Patroclo?

—Patroclo era un héroe de la mitología griega —exclamó con orgullo.

—Yo pensé que te decían Patroclo porque decías puro palo, o sea... ¡Mentiroso!

—No, flaca, no soy un mentiroso. Es que me tienen envidia... ¡Como lo ven a uno con plata!

Vanessa lo miraba dichosa. Mariana se sentía incómoda e indignada.

—¡Muchachas! —dijo Roberto Aravena—. ¡Las invito a tomar un lonchecito! ¡Pidan lo que quieran!

—Gracias, Patroclo... digo, Roberto —dijo Vanessa.

Entraron a una fuente de soda y Roberto les invitó unas malteadas y sándwiches triples. Hablaba y hablaba, diciendo puras mentiras para intentar impresionar a las chicas, pero solo logró ganarse la simpatía de Vanessa y la antipatía de Mariana. Al pagar la cuenta, Roberto hizo el ademán de rebuscar en sus bolsillos para sacar su billetera y hacerles creer que iba a pagar.

—Muchachas —dijo Roberto—, hubo un inconveniente. Olvidé mi billetera. ¿Alguien puede pagar la cuenta?

—Te ayudaría —dijo Vanessa, mirando de reojo a Mariana—, pero soy pobre.

Mariana, enfurecida e indignada, sacó su tarjeta de crédito y pagó la cuenta.

—Gracias, flaca —dijo Roberto—. No sé cómo agradecerte esto.

Se retiraron de la fuente de soda y, en un descuido de Roberto, Vanessa le dio la plata del lonche a Mariana.

—No te preocupes, Fiorella —dijo esta, recibiendo el dinero—. Pero, ¿qué es eso de que te llamas Vanessa y eres mucama?

—Es una larga historia... ¡Pero no se lo digas a nadie!

+++

(* Mariano *)

En ese momento, se estaciona una limusina y baja el chofer... ¡Es Mariano! Roberto Aravena se alegra de ver a Mariano y lo abraza fuertemente en plena vía pública. Vanessa no podía ocultar su emoción al verlo. Mariana seguía indignada con Fiorella.

—¡Compadrito Mariano! —exclamó Roberto—. ¡Dónde se robó esa limusina!

—¡No me robé nada, chochera! ¡Estoy trabajando de chofer! ¡No es fijo, pero algo es algo!

—¡Mariano! —gritó Vanessa emocionada.

Mariano volteó, se alegró al ver a Vanessa, la abrazó fuertemente, la cargó y dio vueltas en la esquina, dándole besos en la mejilla. Ella también lo abrazaba con fuerza. Roberto miraba dichoso. Mariana, cruzada de brazos, seguía indignada. Vanessa le presentó a Mariana, diciendo la misma excusa de que estaba acompañando a comprar a una amiga de sus patrones. Comenzaron a hablar amenamente.

+++

En ese momento, se acercan Paula y Juan con Jerry y Julia. Mariano comenzó a ponerse nervioso. Mariana se alegró al ver a Jerry y Juan, pero miraba con desprecio a sus acompañantes.

—Mariana... Mariano... ¡Qué tal, choche! ¡Buena! —exclamó Roberto.

—¿Así que eres la famosa Vanessa? —dijo Paula en tono irónico—. ¡Yo te he visto antes, pero no sé dónde!

Julia también reconoce a Fiorella, pero no dice nada. Vanessa comenzó a ponerse nerviosa. Ella también recuerda que conoció a Paula y a Julia el día del concierto. Juan también vio a Vanessa y la miró con suspicacia.

—¿Fiorella? —preguntó Juan, mirando a Vanessa—. ¿Eres tú?

—¡No! ¡Me llamo Vanessa! ¡Fiorella es la hija de mis patrones!

—¡Claro! —exclamó Jerry, siguiendo la corriente—. ¡Yo te conozco! ¡Eres mucama de mi ex enamorada!

(* Julia y Jerry *)

En ese momento, Mariana jaló del brazo a Jerry y a Vanessa, juntándolos, provocando celos en Mariano. Pero Vanessa se soltó, abrazando fuertemente a Mariano. Paula, indignada, abrazó a Juan y le dio un apasionado beso en la boca. Mariano, indignado, le dio un beso mucho más apasionado a Vanessa, dejando impresionados a todos los presentes.

—¡Qué tal chape, compadre! —exclamó Roberto.

Mariana, incómoda, le pidió a Vanessa retirarse; ambas se despidieron de los demás.

—Estoy seguro de que esa chica era Fiorella Domínguez —dijo Juan—. Fue enamorada de mi hermano Santiago.

—¡No! —dijo Jerry, mintiendo—. ¡No puede ser Fiorella! ¡Ella es más fina!

—¿Quién es Fiorella, amorcito? —preguntó Julia.

—Mi ex enamorada —respondió con picardía.

—No me gusta esa mirada, Jerry —dijo Julia celosa.

—Ya terminamos. No te preocupes, flaca. A quien quiero es a ti.

Y la abrazó y le dio un beso en la boca. Juan y Paula hicieron lo mismo. Paula lo hacía para darle celos a Mariano, a tal punto que se subió a su limusina y se retiró.

+++

Rato después, Fiorella tuvo una confrontación en su casa con Elvira, su mamá. Se había enterado por boca de todos de que estaba saliendo con un muchacho pobre y que se fue a una pollada... ¡Se enteró de su otra vida!

( Elvira )

—¡Esa es la educación que te he dado en esta casa! ¡Contesta! ¡Por qué te tienes que poner en ridículo ante los demás!

—¡Y eso es lo único que te importa! ¿Lo que diga la gente? ¡Qué hay de mí! ¡De mis sentimientos!

La madre le dio una tremenda bofetada a Fiorella, lanzándola contra el piso.

—¡No voy a tolerar esto! ¡Me voy de aquí! ¡Adiós!

Fiorella agarró sus cosas y se retiró de la casa, cerrando fuertemente la puerta. Su madre comenzó a angustiarse mientras pasaban las horas; le dijo a su marido que su hija se había ido, pero él no quiso ayudar a buscarla.

—¿Y qué quieres que haga? ¡Es una recogida y una malagradecida! ¡Que se vaya y no vuelva más!

—No seas así. Te desconozco.

(* Fiorella *)

Ante la negativa de su marido, Elvira no tuvo otro remedio que buscar al verdadero padre de su hija... Enrique Cisneros. Fue Clara quien lo buscó. Cuando finalmente lo vio, parecía que el tiempo no hubiera pasado y lo abrazó fuertemente.

Por su parte, Fiorella, con su maletín de ropa, caminaba por las calles de Lima, cuidándose de los delincuentes, cuando de pronto vio el taxi de Ramón Augusto y se subió. No quería ir donde su tío Simón, así que prefirió ir donde Amanda y sus hijas, diciendo que se había quedado sin trabajo. Amanda, enternecida, la aceptó. Vanessa abrazó fuertemente a Amanda.

Comentarios