CAPÍTULO IV (Corregido y pulido con IA)



CAPÍTULO IV (Corregido y pulido con IA)

Jerry y Julia decidieron consumar su amor; sin embargo, todavía había algunos obstáculos por afrontar. Uno de ellos era Fiorella, la enamorada de Jerry, por lo que él decidió poner fin a su relación y, para esto, fue a su casa.

(Fiorella)

—Fiorella —dijo Jerry—, te pido que demos por terminada nuestra relación.

Ella se quedó impresionada y consternada por la amarga noticia.

—¿Es cierto lo que me dices? ¿No bromeas?

—Sí, es verdad. Es lo mejor. Creo que debemos darnos un tiempo y salir con otra gente.

—¡No me digas que has conocido a otra mujer!

—Bueno... —respondió él, mientras le tiritaban las manos.

—¡Ajá! —exclamó ella con indignación—. ¡Conque estás con otra!

—¡Ah, sí! ¡Y tú no te quedas atrás! ¡Qué es eso de irse a una pollada y armar bronca! ¿O acaso crees que no sé lo que hiciste la otra noche... Vanessa?

—¡No sé de qué estás hablando! —exclamó, mientras le tiritaban las manos.

—¡Reconoce que tú eres la tipa de la que hablan en esta nota y que se fugó por la puerta de atrás!

Y le mostró la nota del diario La Chuchi. Ella se puso nerviosa y no sabía cómo reaccionar; se daba por descubierta.

—¡Quién te dijo eso! ¿Acaso fueron Laly o Loly?

—¡Ellas no me dijeron nada! ¡Ajá, solita te delataste!

—¡Está bien! ¡Yo soy Vanessa! ¡Soy la que se fugó esa vez! ¡Pero no pasó nada, lo juro!

—Piénsalo bien, flaca. Comprende que no podemos estar juntos. Tu libertad es tan importante como la mía. Pero no te preocupes, no se lo diré a nadie. Solo quiero que me dejes ir.

Fiorella respiró hondo, lo pensó un rato y, finalmente, tomó una decisión.

—Está bien. Tú ganas.

—Eres una chica chévere y linda. Vas a encontrar pretendientes así de fácil. Pero podemos ser amigos.

—Claro. Seamos amigos.


Ambos estrecharon las manos en señal de amistad. Jerry se retiró de su vista mientras Fiorella, cabizbaja y triste, se acostaba sobre el sofá. En ese momento se acercó Chochi, la mucama.


—¿Se fue el joven Jerry? —preguntó Chochi.

—Terminamos.

—¡Cuánto lo siento! ¡Pero mejor que sea así! ¡A mí no me gustaba mucho él, era muy poca cosa para usted! ¿Sabe? ¿Por qué no acepta a mi amigo Jonathan Quispe? ¡Parecía que estaba templado de usted!

—No es mi tipo.

—¿Y su amigo Mariano?

—¡Oh, sí! ¡Mariano! Pero no sé dónde pueda estar. La ciudad es grande.

—No se preocupe. Tengo un presentimiento de que verá muy pronto al joven Mariano.

+++

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Mariano, fascinado por Fiorella, le preguntó a Ramón Augusto, el taxista, sobre las dos muchachas del otro día.

—¡Uy, compadre, ellas viven en Monterrico! —exclamó Ramón Augusto, hablando desde su taxi.

—¿Monterrico?

—Trabajan como sirvientas para una familia de millonarios.

—¿Tienes la dirección?

—¡Por supuesto! ¡Te llevo!

Mariano se subió al taxi de Ramón Augusto y se dirigieron a casa de Fiorella. Finalmente, después de transitar por las congestionadas calles de la ciudad, llegaron a su destino.

—¡Guao! —exclamó Mariano—. ¡Tremendo caserón! ¡Así que aquí trabajan Chochi y Vanessa!

—¡Guao! De noche no se apreciaba bien, pero seguro que no les debe ir nada mal.

Ingresaron a la entrada y tocaron el timbre. Chochi abrió la puerta.

—¡Chochi! ¡Cómo estás! ¡Soy Mariano! ¡Nos conocimos el otro día en la fiesta!

—¿Mariano? —dijo sorprendida—. ¡Oh, Mariano! ¡Cómo estás!

—Vine con mi amigo, el Cara de Burro...

—Me llamo Ramón Augusto —aclaró este, saludando a Chochi con un beso en la mejilla.

—¿Dónde está Vanessa? —preguntó Mariano.

—La voy a buscar, pero, por favor, pasen a la cocina.

Mariano y Ramón Augusto se dirigieron a la cocina, mientras Chochi fue a buscar a Fiorella.

—¡Señorita Fiorella! ¡No entre a la cocina!

—¿Por qué?

—Allí está Mariano con su amigo Cara de Burro —contestó en voz baja.


—¡Oh, sí! Él no debe verme así. ¡Anda a buscar mi peluca!

(* Fiorella, disfrazada como Vanessa, recibe la visita de Mariano en su casa. *)

Chochi le trajo su peluca de color negro y ella se la colocó. Se quitó las joyas y se lavó la cara para lucir humilde y sencilla. Luego, con un plumero en la mano, fue a la cocina a recibir a Mariano y a Ramón Augusto.

—¡Vanessa! ¡Dichosos los ojos que te ven!

—Hola, Mariano. Disculpa la demora, pero estaba limpiando el cuarto de la hija de la patrona.

—¡Vaya! ¡Tremendo caserón en el que trabajas! ¿A qué se dedican tus jefes?

—Mi patrón es general del ejército. Y tienen una hija.

—¿Y la hija? —preguntó Ramón Augusto.

—Estudia Administración de Empresas en la Universidad del Pacífico.

—¡Debe ser una chica feliz! —dijo Mariano—. ¡Lo tiene todo!

—Pero le falta el amor —contestó ella, pensativa.

—Su novio la dejó —intervino Chochi—, y nosotras le servimos de paño de lágrimas, ¿no es así?

—A veces el dinero y los lujos no lo son todo —dijo Vanessa, reflexionando.

Cambiando de conversación, le preguntó a Mariano si tenía algo urgente que hacer esa tarde, ya que ella la tenía libre. Mariano aceptó. Así, salieron los cuatro en el taxi de Ramón Augusto a pasear por las calles de Lima.


+++

Mientras tanto, Jerry fue a casa de Julia para conversar con ella.


(Julia y Jerry)

—¿Jerry?

—Julia. Ya terminé con Fiorella. Ahora nada me une a ella. Julia, ¿quieres estar conmigo?

Julia, con una mirada pícara, hizo una pausa y comenzó a sonreír. De inmediato, se lanzó a abrazarlo.

—¡Sí, Jerry! ¡Claro que quiero estar contigo! —exclamó mientras lo seguía abrazando.

Comenzaron a besarse apasionadamente, pero en ese instante apareció Amanda.

—¡Julia! ¿Qué hace este joven aquí? ¡Te prohibí que te juntaras con este muchacho!

—¡Mamá! ¡Jerry y yo somos enamorados!


Amanda le puso mala cara a Jerry, pero no dijo nada más y lo aceptó, imponiendo sus condiciones, por supuesto. ¡Ahora sí es oficial: Jerry y Julia son enamorados!


Comentarios